Los científicos no dan crédito: un equipo español descubre con el Hubble el decágono de Saturno, una onda de 10 lados que rodea su polo sur
El decágono asoma en imágenes del Hubble de 2023, se completa en 2025, avanza a unos 9 km/h sobre un chorro de 418 km/h y sus vértices oscilan cada 32 días.
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En 2024, el astrónomo Agustín Sánchez-Lavega y dos aficionados, Trevor Barry, del observatorio de Broken Hill (Australia), y Jean-Paul Oger, de la Asociación Francesa de Astronomía, vieron una banda ondulada muy tenue junto al polo sur de Saturno. Estaba en imágenes tomadas con telescopios desde tierra y enviadas por observadores de todo el mundo a una base de datos que gestiona la Universidad del País Vasco (EHU).
Aquella ondulación resultó ser un polígono de diez lados. El decágono de Saturno es una onda atmosférica gigante que rodea el polo sur del planeta hacia los 63 grados de latitud sur, y es la primera estructura de lados regulares de este tamaño que se observa en su hemisferio sur, según la nota de ESA/Hubble.
El trabajo lo dirigió Sánchez-Lavega, profesor emérito de la EHU en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, y firman con él 13 coautores de España, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Francia. «Estamos realmente sorprendidos de este descubrimiento, totalmente inesperado, y que abre las puertas a una investigación detallada en los próximos años de esta peculiar estructura atmosférica y a su comparación con el hexágono», declara el investigador en la nota de la EHU.
Una onda de diez lados a 63 grados sur
Saturno ya tenía una figura famosa en el otro extremo. Las naves Voyager 1 y Voyager 2 encontraron en 1980 y 1981 un hexágono alrededor del polo norte, y esa onda de seis lados sigue allí más de 44 años después, según el estudio.
El hexágono va montado sobre una corriente en chorro, una banda de viento muy rápido que da la vuelta al planeta. Como los vientos de Saturno son casi simétricos entre el norte y el sur, los científicos esperaban encontrar algo parecido en el hemisferio sur. No apareció.
«Dada la simetría del sistema de corrientes en chorro de Saturno entre el norte y el sur, llevamos buscando en las imágenes del Hubble desde 1990 una pareja del hexágono norte en el polo sur», explica Sánchez-Lavega en la nota de ESA/Hubble. «Las imágenes de la sonda Cassini, que orbitó Saturno entre 2004 y 2017, tampoco mostraron ni rastro de una formación duradera», añade.
La nueva onda está encajada en el lado polar de un chorro cuyo pico, a 60,5 grados sur, sopla a 116 metros por segundo, unos 418 kilómetros por hora. Cada lado del decágono mide de media 16.782 kilómetros, y el dibujo ondulado se extiende entre los 53 y los 66 grados sur, una franja de unos 13.000 kilómetros.

De los telescopios de aficionados al Hubble
Por la inclinación del eje de Saturno, su hemisferio sur dejó de verse desde la Tierra a mediados de 2012 y no volvió a asomar hasta 2023. Un año en Saturno equivale a unos 30 años terrestres, así que las estaciones cambian muy despacio.
Con el polo sur de nuevo a la vista, el equipo revisó las imágenes del programa OPAL del telescopio espacial Hubble, que fotografía cada año Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno desde hace más de una década. Las del 22 de octubre de 2023 ya mostraban un polígono de diez lados cerca de los 63 grados sur, aunque muy débil. En las del 22 de agosto de 2024 los lados y los vértices se veían mejor, pero con un contraste desigual, «lo que implica un fenómeno en evolución», escriben los autores en el artículo.
En agosto y septiembre de 2025 aparecieron los diez vértices completos: tres muy marcados, cuatro menos y tres poco definidos.

El trabajo combina además imágenes de la cámara PlanetCam del telescopio de 2,2 metros del Observatorio de Calar Alto (Almería), tomadas entre el 29 de agosto y el 1 de septiembre de 2025, y observaciones en infrarrojo del VLT del Observatorio Europeo Austral, en Chile, de los días 16 y 17 de agosto de ese año.
«Cuando empezamos el programa OPAL esperábamos sorpresas interesantes, pero no sabíamos exactamente cuáles», señala en la nota de ESA/Hubble Mike Wong, coautor del estudio e investigador de la Universidad de California en Berkeley. «Muchos de los descubrimientos que salen de OPAL no se basan en una sola observación, sino en años y años de datos», añade.
Se mueve despacio y oscila cada 32 días
Según la EHU, una amplia red de astrónomos aficionados logró observar con sus telescopios los vértices del decágono a lo largo de 2025. El equipo midió sus posiciones del 26 de junio al 11 de octubre, en imágenes del Hubble y de las bases de datos PVOL y ALPO Japan, y calculó que el decágono avanza hacia el este a 2,5 metros por segundo, unos 9 kilómetros por hora, mucho más despacio que el chorro sobre el que se apoya.
Los vértices, además, se balancean adelante y atrás con un periodo medio de 32,5 días y una amplitud de entre 4,6 y 8,4 grados de longitud. Según los autores, este comportamiento revela «una dinámica compleja, nunca observada en el hexágono».
Las imágenes del Hubble en distintos filtros de color sondean alturas diferentes de la atmósfera. Por eso la posición aparente del decágono cambia algo según la longitud de onda, y el estudio sitúa el fenómeno en un rango de presiones que va al menos de 10 milibares a 2 bares, parecido al del hexágono.
«Nunca habíamos visto nada parecido en el hemisferio sur de Saturno», afirma en la nota de ESA/Hubble Amy Simon, coautora del estudio e investigadora principal de OPAL en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. «El hexágono del norte ha estado ahí cada vez que hemos mirado durante más de 40 años. Esta estructura es distinta: parece estar reforzándose», explica.
Cerca de una mancha roja
Al norte del decágono, hacia los 55 grados sur, el equipo siguió entre 2023 y 2025 una mancha rojiza de unos 4.000 kilómetros que se desplaza a 23 metros por segundo. Por su brillo y por el perfil de los vientos, se trata de un anticiclón, una gran zona de altas presiones.
Los vértices con más contraste están cerca de esa mancha. «El papel de la mancha roja en la formación del decágono sigue sin estar claro», reconocen los autores, que recuerdan que ocurrió algo parecido con una mancha que vieron las Voyager junto al hexágono en 1981.
Para explorar el origen, investigadores de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) hicieron simulaciones con un modelo de aguas someras, una versión simplificada de la atmósfera con una sola capa de fluido. Según el artículo, el decágono pudo nacer de una perturbación periódica en el pico del chorro o pudo empujarlo ese anticiclón oscuro.
Lo que el estudio todavía no aclara
El trabajo no demuestra qué formó la onda ni cuánto va a durar. Los autores escriben que el decágono «no existía» en el anterior año de Saturno y que podría ser «un fenómeno transitorio en evolución», mientras que el hexágono es una onda robusta.
Las simulaciones tampoco reproducen bien el movimiento real. En uno de los casos, la onda de diez lados viaja a 88 metros por segundo, mucho más rápido que el decágono observado, y el equipo pide modelos de varias capas más avanzados.
«No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», explica Sánchez-Lavega en la nota de la EHU.
Simon plantea la misma duda desde la NASA. «Lo más intrigante para mí es que parece haberse formado hace poco», dice. «La pregunta es por qué se ha formado de repente ahora, cuando no habíamos visto ninguno antes».
El equipo seguirá observando Saturno en los próximos años, cuando el polo sur se vea cada vez mejor. La NASA dice que harán falta el Hubble, el telescopio espacial James Webb y nuevos modelos por ordenador para saber cómo se formó el decágono, cuánto puede durar y en qué se parece al hexágono del norte. La EHU apunta otra pregunta abierta: si el fenómeno guarda relación con los ciclones de Júpiter, que rodean sus polos en grupos de 5 y 8.
Los resultados se han publicado en Science Advances el 2 de septiembre de 2026, y la NASA ha difundido las imágenes en su web de ciencia.
Crédito de la imagen: NASA, ESA, STScI, A. Sánchez-Lavega (EHU), A. Simon (NASA-GSFC) y M. Wong (UC Berkeley).