¿Cuánto vale que una app sea cómoda? Ben van der Burg, experto tecnológico neerlandés, ha reabierto una pregunta que pesa cada vez más en Europa. Su aviso es claro y apunta a que las empresas y los usuarios deberían depender menos de WhatsApp,Gmail, Microsoft o Google Drive cuando manejan información sensible y probar alternativas europeas.
Al fondo hay una cuestión muy práctica. En un mundo con tensiones geopolíticas, usar herramientas sometidas a leyes extranjeras puede ser un riesgo para la privacidad, aunque esas apps funcionen de maravilla.
Quién es
Van der Burg no es un activista anónimo que escribe desde un foro. Su propia web lo presenta como ponente tecnológico, antiguo director comercial de Triple y coanfitrión de los pódcasts De Technoloog y BNR Digitaal.
En Goedemorgen Nederland, el analista defendió que Proton Mail puede sustituir a Gmail o al correo de Microsoft. También admitió la parte incómoda del cambio. Según explicó, estas opciones funcionan bien, pero son “un poco más caras” y exigen acostumbrarse.
La clave legal
El concepto central se llama soberanía digital. Dicho fácil, significa saber quién guarda tus datos, bajo qué ley y con qué margen para acceder a ellos. No es una nube mágica. Es un ordenador de alguien, con un contrato detrás.
En la Unión Europea, la protección de datos es un derecho fundamental y el RGPD regula cómo se trata la información personal. La Comisión Europea recuerda que estas reglas sirven para proteger datos dentro y fuera de la UE.
El choque aparece con la CLOUD Act de EE. UU. Esa ley permite exigir a proveedores bajo jurisdicción estadounidense que conserven o entreguen datos bajo proceso legal, aunque estén almacenados fuera de Estados Unidos. Los reguladores europeos ya analizaron su impacto sobre el marco europeo.
Europa aprieta
El aviso de Van der Burg llega en un momento concreto. En enero de 2026, el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre soberanía tecnológica e infraestructura digital. El texto habla de reducir dependencias estratégicas y de evitar confiar en un solo proveedor extranjero.
También está el Data Act, aplicable desde septiembre de 2025. Esta norma busca dar más control a usuarios y empresas sobre sus datos y facilita cambiar entre proveedores de nube. En la práctica, eso significa menos encierro digital.
Correo y nube
El correo es la llave de casa. Sirve para recuperar contraseñas, recibir facturas, hablar con bancos y guardar media vida. Google afirma que no procesa el contenido de Gmail para mostrar anuncios, aunque sí usa actividad online de la cuenta para personalizar publicidad cuando el usuario está conectado.
Por eso Van der Burg cita Proton Mail, con sede en Suiza, como una alternativa razonable. Proton dice que usa cifrado de extremo a extremo y cifrado de acceso cero, dos sistemas que buscan que solo el usuario pueda leer sus mensajes. Tuta, desde Alemania, también ofrece correo y calendario cifrados con privacidad por defecto.
Para documentos, Nextcloud propone recuperar el control de los archivos con una plataforma de colaboración de código abierto. Soverin, desde Países Bajos, se mueve en la misma línea para el correo de pago, sin publicidad ni perfiles comerciales.
Chats y búsquedas
WhatsApp domina porque todo el mundo está ahí. Esa es su gran fuerza y también el gran freno para cambiar. ¿De qué sirve una app privada si tus amigos, tus padres o tu jefe siguen en el grupo de siempre?
Threema, con sede en Suiza, intenta resolver otra parte del problema. La app permite comunicarse sin dar número de teléfono ni correo electrónico y usa cifrado de extremo a extremo en chats, llamadas y archivos. También afirma reducir los metadatos al mínimo, esos datos que dicen quién habla con quién y cuándo.
En búsquedas, Ecosia y Startpage ofrecen caminos distintos. Ecosia dice usar sus beneficios para acción climática y recoger solo los datos necesarios para funcionar. Startpage promete resultados de Google sin guardar ni vender el historial de búsqueda.
También el móvil
La soberanía digital no termina en la app. Fairphone encaja con esa idea, porque es un teléfono neerlandés pensado para durar y repararse. La empresa destaca su diseño modular y sus piezas reemplazables.
La Universidad Radboud de Nimega decidió convertir Fairphone en su móvil corporativo estándar desde febrero de 2026. No es glamour tecnológico. Es compra empresarial moviendo el mercado.
Qué cambia
El consejo de Van der Burg no implica borrar todas las cuentas mañana. Para la mayoría, lo razonable sería empezar por lo más sensible, como el correo, los documentos de trabajo o los chats profesionales. Al final del día, se trata de no poner todas las llaves en el mismo llavero.
La pega es evidente. Algunas alternativas cuestan dinero, otras tienen menos usuarios y no siempre son tan pulidas como las grandes plataformas. Pero el argumento europeo gana fuerza porque la privacidad ya no se ve solo como una manía de expertos, sino como una capa básica de seguridad.
La intervención principal que origina esta información se ha publicado en WNL.














