Usos posibles para «la fuerza del amor» de Sánchez

Usos posibles para «la fuerza del amor» de Sánchez

La situación en Ceuta desde el 30 de julio ha provocado una rotunda desaprobación y rechazo por parte de la opinión pública española. Por supuesto, en todo lo relativo a la responsabilidad del Gobierno en la gestión de la invasión,  tanto por acción como por omisión. Le hacen responsable de ella, con el agravante de considerarle cooperador necesario con las autoridades marroquíes.

Tras su incapacidad para lograr la asegurada «normalidad» en la convivencia de los ceutíes, el sanchismo quiso situar a la vivienda como alternativa para opacar esta situación colocándola en el centro de su actividad electoral desde la precampaña y con la desahuciada Maricarmen como icono personal.

Como ya comentamos la pasada semana , el «desahucio» de la política por parte de la portavoz de Ferraz Montse Mínguez fue un misil demoledor contra ese objetivo. A ello se sumó la información de OKDIARIO que daba a conocer exactamente quién era la presunta y vulnerable víctima social Maricarmen, lo que provocó que la campaña para la vivienda se quedara sin portavoz y sin icono.

Con la acampada en la Puerta del Sol ocupando un destacado papel mediático desde hace un mes y sin que se oteara en el horizonte ninguna voluntad de proceder a su desalojo por parte del delegado gubernamental en Madrid, Francisco Martín, este destacado admirador de Bildu nos sorprendió ayer con el anuncio de su dimisión tras quedarse fuera de las candidaturas socialistas. Seguía así los mismos pasos de su colega de Ceuta, el de las acampadas en el Tarajal y el Trampolín, en lo que parece una clara negativa a asumir sin esa contraprestación la política del gobierno al que representaba.

Tras los casos de Montse Mínguez y Maricarmen, la vivienda ha desaparecido por el momento del epicentro informativo progresista y los acampados también se han quedado sin su icono, por lo que ya comienza a intuirse el inminente desalojo por parte de los acampados. De momento no hay anuncio oficial de ese «voluntario» desalojo, pero según algunos de sus portavoces parece clara una desescalada con el pretexto de concentrar los esfuerzos en la anunciada huelga general convocada para el 11 de noviembre, justo dos días antes del comienzo de la campaña oficial.

Sánchez demuestra no poner límites a su imaginación al colocar como sustituto de la vivienda en el centro de su campaña a «la fuerza del amor». Nunca se había presentado un partido a unas elecciones como el representante de la fuerza amorosa para conseguir el voto de los ciudadanos. Es surrealista observar al amoroso Oscar Puente proclamando desde los micrófonos que él es representante del «Gobierno del amor». Ver a Sánchez y sus entusiastas seguidores en sus mítines enfundados en camisetas con ese lema de la fuerza del amor supera todo lo imaginable.

Aunque no parece muy coherente con ese compromiso la polarización y radicalización de la campaña o la descalificación e insulto permanente hacia sus adversarios políticos. Hasta ahora los nietos parecían ser quienes más profundamente cautivados habían caído ante esa fuerza del amor de Sánchez, pero el Tribunal Supremo no parece convencido de la pureza del amor de esos 163.000 registrados en el censo y por ello ha pedido a los ministros Albares y Bolaños que lo acrediten documentalmente sin dilación antes del miércoles bajo el riesgo de incurrir en eventuales responsabilidades judiciales si no lo hacen.

Con Ceuta invadida, sin Mínguez y sin Maricarmen, sin vivienda y ahora sin nietos, sólo parece quedarle a Sánchez la fuerza del amor. Pero es tan sólo una apariencia, a la vista de lo alejados del amor que parecen encontrarse esos ultra izquierdistas y anarquistas tan activos en las calles y dedicados a crear un clima de violencia general desconocido hasta ahora en España pero muy similar al de Francia e Italia. Así, Barcelona ha tomado el momentáneo relevo de Madrid en cuanto a violencia y saqueo ciudadano mientras los progresistas acusan a la ultraderecha de ser los promotores de esa actuación. Con tanta «fuerza del amor» como presume, Sánchez debería ser capaz de que los promotores y los ejecutores de estos desmanes abandonaran la violencia y la sustituyeran por sentimientos más nobles.

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