De tendencia a negocio

El negocio de los catios se dispara: los patios cerrados para gatos ya mueven 984 millones de euros

El sector pasará de 984 millones de euros en 2024 a 1.898 millones en 2033, un 7,6% anual

España ya tiene empresas que instalan estos recintos desde 2.100 euros en balcones, terrazas y jardines

Norteamérica concentra 431 millones de euros, el 44% del mercado global, y Europa suma otros 281

Los gatos domésticos suponen una amenaza para la fauna silvestre en España

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Un catio es un recinto exterior cerrado con malla que permite a un gato doméstico salir al aire libre sin poder escaparse ni cazar. La palabra es un neologismo inglés que funde cat (gato) y patio, y describe desde una caja acoplada a una ventana hasta una estructura de jardín con estanterías, perchas y túneles. El término ya figura en diccionarios como el Collins y se ha convertido en una categoría comercial propia.

El concepto choca de frente con una costumbre muy arraigada en España, donde el gato entra y sale por su cuenta. La discusión sobre si debe permitirse ese acceso libre lleva años instalada entre veterinarios, propietarios y conservacionistas, y ha abierto un hueco de mercado a medio camino entre las dos posturas.

Ese hueco ya tiene cifras. La industria global del catio se valoró en unos 984 millones de euros en 2024 y alcanzará los 1.898 millones en 2033, según las estimaciones de la consultora Growth Market Reports recogidas por The New York Times. El crecimiento medio previsto es del 7,6% anual entre 2025 y 2033.

Un mercado que casi se duplica

El reparto por regiones es muy desigual. Norteamérica concentra 431 millones de euros, el 44% del mercado mundial, seguida de Europa con 281 millones y de Asia-Pacífico con 193 millones. Latinoamérica, Oriente Medio y África se reparten los 79 millones restantes.

El grueso del negocio es doméstico: más del 75% de los ingresos procede de instalaciones residenciales, frente a una minoría de usos comerciales en hoteles para mascotas y clínicas veterinarias. La venta online supera el 45% de la cuota y la madera sigue siendo el material más extendido, por delante del metal y el plástico.

Estados Unidos explica buena parte del empuje. Unos 53 millones de hogares estadounidenses conviven con un gato, el 39% del total, según la patronal American Pet Products Association, que cifró el gasto del sector en cerca de 138.900 millones de euros en 2025. La tenencia felina creció un 5% interanual.

De Seattle a Los Ángeles

«Muchas casas tienen patios vallados, algo estupendo para perros y niños, pero los gatos escalan una valla», explica Cynthia Chomos, diseñadora y fundadora de Catio Spaces en Seattle. «Los catios son una forma de honrar las necesidades de nuestros gatos, y ellos quieren aire fresco: ¿quién quiere estar encerrado en casa todo el día?».

El despegue tuvo un acelerador claro. «Arrancó de forma bastante espectacular durante la pandemia, cuando la gente se quedaba en casa, no gastaba en viajes y hacía reformas y adoptaba más animales», señala Alan Breslauer, propietario de Custom Catios en Los Ángeles y autoproclamado Catio Guy. A ello suma el efecto escaparate de las redes sociales y la percepción creciente de las mascotas como miembros de la familia.

Los motivos de compra son a menudo dolorosos. Linda Rijkaart encargó su catio a Chomos después de perder varios gatos a manos de los coyotes en Bainbridge Island, en el estado de Washington. Su instalación no está adosada a la vivienda: una gatera y un túnel conducen a los animales hasta un recinto exterior independiente, con un sofá incluido para uso humano.

El origen: gatos y pájaros

El fenómeno no nació como negocio, sino como campaña conservacionista. La iniciativa Cats Safe at Home, impulsada en Portland por la Feral Cat Coalition of Oregon y la sociedad ornitológica Portland Audubon, popularizó estas estructuras mediante un recorrido anual de puertas abiertas, el Catio Tour, que en 2016 exhibía ocho recintos y en 2018 reunió a cerca de 1.000 visitantes.

La revista Portland Monthly calificó de inusual esa alianza entre una entidad dedicada a los gatos ferales y otra a la protección de las aves. El planteamiento era sencillo: si el gato sale pero no caza, el conflicto desaparece. El recorrido se amplió en 2024 a Vancouver, en el estado de Washington.

Detrás está un problema documentado. Los gatos domésticos figuran entre los depredadores invasores con mayor impacto del planeta: se les atribuye al menos el 14% de las extinciones modernas de vertebrados en territorios insulares y amenazas sobre al menos 430 especies, según recopila SEO/BirdLife.

Casi el 8% de la fauna crítica

La organización ornitológica añade que los felinos domésticos constituyen la amenaza principal para casi el 8% de la fauna en estado crítico catalogada por la UICN, y recuerda que un gato mata hasta cuatro veces más presas de las que lleva a casa. El impacto local de los ejemplares con dueño y acceso libre llega a ser entre 28 y 52 veces superior al de los asilvestrados.

Su petición a los propietarios coincide con la lógica del catio. SEO/BirdLife defiende que la tenencia de gatos «siempre ha de desarrollarse en condiciones controladas, impidiendo su libre acceso al espacio no domiciliario», con animales esterilizados e identificados y, en las colonias gestionadas, cerramientos que eviten entradas y salidas.

Europa ya ha llevado ese debate al terreno administrativo. El caso más sonado se registró en Walldorf, en el estado alemán de Baden-Wurtemberg, donde las autoridades impusieron en 2022 un confinamiento estacional para los gatos con acceso al exterior entre marzo y agosto.

Toque de queda felino en Alemania

La medida buscaba proteger la cría de la cogujada común (Galerida cristata), un ave en peligro amparada por la legislación federal. Contemplaba multas de 500 euros por incumplimiento, admitía como alternativa la correa de dos metros o el GPS y se levantó de forma anticipada el 15 de agosto de aquel año, aunque dejó varios litigios abiertos.

Ese clima regulatorio ha consolidado en Alemania un sector maduro de Katzennetz y Katzensicherung: empresas especializadas en el montaje de redes y jaulas para balcones y jardines, con instaladores propios en Múnich y otras grandes ciudades. El Reino Unido cuenta con fabricantes de ámbito nacional como ProtectaPet, con sede en Staffordshire.

Sus tarifas marcan la horquilla europea. Los kits británicos de catio van de 699 a 1.399 euros en el formato de 1,2 por 1,2 metros y alcanzan los 2.914 euros en la versión de 4,8 por 4,8 metros, con un servicio de instalación que parte de 2.331 euros. La firma Omlet comercializa además túneles modulares para conectar la casa con el jardín.

Instalación de un catio. (Foto: Catioguy).

España: del balcón al catio

En España el modelo existe, aunque todavía se comercializa sobre todo bajo el nombre de redes de protección. Las empresas del ramo han empezado a incorporar el término anglosajón a sus catálogos: Redes para Gatos Madrid vende un catio desmontable de 2 por 2 por 2 metros por 2.100 euros, con estructura de aluminio, red de nailon reforzado y accesorios de estanterías, puentes y rascadores.

La oferta se extiende por varias comunidades. BalconRed trabaja a medida en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Aragón y Andorra con aluminio anodizado y red de nailon monofilamento con protección ultravioleta, mientras que Gatifica tu Casa opera en Zaragoza y su entorno con visita previa de evaluación de riesgos en ventanas, balcones y terrazas.

El mercado potencial no es pequeño. La primera estadística estatal de protección animal, presentada en junio por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, cifra en 5,62 millones los gatos que viven en hogares españoles, el 37% de los 15,17 millones de animales de compañía registrados.

Cinco millones de clientes potenciales

Ese censo creció un 14% desde 2021 y se concentra en Andalucía, Cataluña, la Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana. La propia estadística responde a un mandato de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que refuerza las obligaciones de identificación, esterilización y tenencia responsable.

La diferencia con el mercado estadounidense es de urbanismo. Allí el catio se apoya en la vivienda unifamiliar con jardín; en España la demanda se concentra en el balcón y la terraza de un piso, un formato más pequeño y más barato que ya representa uno de los segmentos con mayor crecimiento previsto en el estudio de Growth Market Reports.

El resultado es un producto que resuelve dos problemas a la vez. Da salida al aire libre a un animal que la reclama y retira de la ecuación al depredador más eficaz de los jardines europeos, sin obligar al propietario a elegir entre el bienestar de su gato y el de los pájaros que anidan al otro lado de la malla.