¿Adiós al chicle en Estados Unidos? Un estado quiere vetarlo por los microplásticos que se liberan al mascarlo
La ley obligaría a avisar durante dos años de sus microplásticos antes de retirarlo de las tiendas
Un estudio de UCLA halló que cada gramo de chicle suelta 100 partículas de plástico en la saliva
Microplásticos en la saliva: estos son los riegos para tu salud si masticas chicle
Masticar un chicle podría dejar de ser un gesto cotidiano en un estado estadounidense que ha sacado a la luz un estudio que pone en el punto de mira a la goma de mascar por los microplásticos que libera en la boca en los primeros minutos.
En estos momentos se está evaluando un proyecto de ley que busca prohibir la venta de productos con microplásticos que afectan a la salud y al medioambiente, entre ellos el chicle, en una iniciativa pionera en el país contra la goma de mascar.
La propuesta, bautizada como Ley de Protección contra los Microplásticos (A5452) en el estado de Nueva Jersey, fue presentada el 14 de septiembre en la Asamblea estatal por las demócratas Shama Haider y Margie Donlon. El 15 de octubre se registró una norma gemela en el Senado, que la remitió a su Comité de Medioambiente y Energía.
Del chicle a los cosméticos
El texto no se limita al chicle. También incluye utensilios de cocina de plástico, como platos, tenedores, cuchillos y recipientes, además de productos de limpieza y cosméticos.
La norma agrupa además una categoría de productos «potencialmente ingeribles», en la que figuran el chicle, las bolsitas de té, el café molido, los polvos de talco y la comida para mascotas. Todos ellos podrían liberar partículas de plástico que acaban en el organismo.
El proyecto define los microplásticos como materiales de 5 milímetros o menos de diámetro, compuestos por polímeros sintéticos y aditivos químicos, que se añaden durante los procesos de fabricación o industriales.
Etiqueta durante dos años
La ley plantea una aplicación por fases. Un año después de su entrada en vigor, los fabricantes deberían informar en el exterior del envase de que el producto contiene microplásticos añadidos o puede generar los llamados microplásticos secundarios.
Al segundo año, la etiqueta tendría que incluir el aviso «Este producto contiene microplásticos», en inglés y en español, de forma visible y legible, también en los anuncios de venta por internet. Además, quedaría prohibido promocionar como «libre de microplásticos» un producto que contenga microplásticos.
En la práctica, las empresas de chicles tendrían que etiquetar sus productos durante dos años y, si al tercer año continúan incluyendo microplásticos en sus fórmulas, tendrían que retirarlos del mercado. La prohibición alcanzaría también a los productos de limpieza y cosméticos.
Multas de hasta 25.000 dólares
La vigilancia correría a cargo de la División de Asuntos del Consumidor de Nueva Jersey, que podría investigar y auditar a los fabricantes. Las sanciones administrativas oscilarían entre 1.000 y 20.000 dólares por infracción (entre unos 870 y 17.500 euros).
Cada día de incumplimiento contaría como una infracción distinta. Los tribunales podrían imponer además multas civiles de hasta 25.000 dólares diarios (unos 21.900 euros) en determinados casos, incluida la venta de chicles en el mercado negro.
Los productos que no contengan microplásticos añadidos de forma intencionada, pero sí trazas procedentes del embalaje, el almacenamiento u otras posibles transferencias, no serán penalizados. También quedarían exentos los artículos que sólo los incorporen en componentes electrónicos o internos.
Tres millones para investigar
La propuesta prevé destinar 3 millones de dólares (unos 2,6 millones de euros). De esa cifra, 2,5 millones irían al Departamento de Protección Ambiental (DEP) de Nueva Jersey, a partes iguales entre un programa de reducción y la investigación y vigilancia.
Los 500.000 dólares restantes se asignarían al Departamento de Ley y Seguridad Pública para hacer cumplir el etiquetado y la prohibición. El DEP tendría además que publicar una estrategia estatal contra los microplásticos en un plazo de tres años.
Ese plan incluiría el seguimiento de estas partículas en el aire, el agua, el suelo, los sedimentos, las plantas y los peces, así como posibles ayudas a depuradoras y municipios para reducir su presencia y concienciar a la población.
Primera ley de este tipo en EEUU
El bufete estadounidense Lowenstein Sandler considera que, de aprobarse, sería la primera ley del país que prohíbe de forma directa la venta de productos con microplásticos añadidos. Sólo otro estado ha tramitado una propuesta de alcance similar, que no salió adelante.
La iniciativa llega poco después de que la gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, firmara una ley que veta la venta de ciertos productos con PFAS añadidos, los llamados «químicos eternos», según el mismo despacho de abogados.
Por ahora, el texto sigue en fase de comisión. Para convertirse en ley necesitaría el visto bueno de la Asamblea y del Senado estatales, además de la firma de la gobernadora, y es previsible que sufra cambios durante su tramitación.
El veto al chicle
El chicle se incluyó en la lista de productos potencialmente vetados después de que investigadores descubrieran que libera microplásticos en el cuerpo en los primeros minutos de masticarlo. El principal estudio procede de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
El trabajo, dirigido por el profesor de Ingeniería Civil y Ambiental Sanjay Mohanty y presentado en el congreso de primavera de 2025 de la Sociedad Química Estadounidense (ACS), analizó diez marcas de chicle: cinco sintéticas y cinco naturales, elaboradas con polímeros vegetales.
Los resultados mostraron que cada gramo de chicle liberaba de media 100 microplásticos en la saliva, con muestras que superaron los 600. Como una pieza grande puede pesar hasta 6 gramos, la cifra podría alcanzar los 3.000 microplásticos por chicle.
Los primeros minutos, los decisivos
La mayor parte de las partículas se desprendió en los dos primeros minutos de masticación, y a los ocho minutos ya se había liberado el 94% del total. Los autores atribuyeron el efecto a la abrasión física de los dientes, no a la acción de las enzimas.
Los investigadores calcularon que una persona que mastique entre 160 y 180 chicles pequeños al año podría ingerir unos 30.000 microplásticos. Además, los chicles naturales soltaron cantidades similares a los sintéticos.
En la saliva se identificaron varios polímeros, como poliolefinas, tereftalato de polietileno (PET), poliacrilamidas y poliestireno. El equipo advirtió de que las partículas más pequeñas, por debajo de 20 micras, quedaron fuera del alcance de sus instrumentos.
Una advertencia sin alarmismo
El propio Mohanty insistió en que no pretendía asustar a la población y reconoció que no existe una prueba directa de que estas partículas dañen la salud humana. También recordó que el chicle es una vía menor frente a otras fuentes de exposición.
Como consejo práctico, los autores recomendaron masticar una sola pieza durante más tiempo en lugar de varias seguidas. Su colaboradora Lisa Lowe alertó además de la contaminación que generan los chicles escupidos en la calle.
La Asociación Nacional de Fabricantes de Dulces (NCA), que representa a la industria estadounidense del chicle, defendió entonces que la goma de mascar es segura y se consume desde hace más de un siglo. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) sostiene que las pruebas actuales no demuestran un riesgo.
«Llegan a nuestro cerebro»
La asambleísta Haider defendió la ley ante la cadena CBS New York al recordar que los microplásticos llegan a la sangre, el hígado, los pulmones, los riñones, la leche materna y el cerebro.
«Me preocupa mucho que, si esperamos demasiado, acabemos lamentando no haber empezado antes», señaló la demócrata, que planteó el periodo de etiquetado como una oportunidad para que los fabricantes reformulen sus productos antes de llegar a la prohibición.
La reacción ha sido dispar. Parte de los vecinos apoya el etiquetado para saber qué consumen, mientras otros cuestionan que el chicle sea una prioridad legislativa. La Asociación Dental de Nueva Jersey respalda reducir los microplásticos, aunque pide una redacción más precisa.
La presión de los fiscales
El proyecto de ley surgió tras una carta enviada en junio por la Fiscalía General de Nueva Jersey y otros 14 estados a la Agencia de Protección Ambiental (EPA), en la que pedían más investigación y vigilancia sobre los microplásticos para comprender mejor sus efectos en la salud pública.
«Los microplásticos suscitan especial preocupación debido a su presunta prevalencia generalizada y a su capacidad de acumularse y persistir en el medioambiente», dijeron los fiscales, que advirtieron de los riesgos “debido a su abundancia en el agua, el aire y la tierra”.
La misiva, encabezada por la fiscal general de Nueva Jersey, Jennifer Davenport, respaldaba que la EPA incluyera los microplásticos en su lista de contaminantes candidatos a regulación en el agua potable y pedía que los sistemas públicos estuvieran obligados a medirlos.
De la cuna al cerebro
Los fiscales vincularon estas partículas con menor peso al nacer, problemas respiratorios, inflamación, cambios en el sistema reproductor y posibles efectos neurológicos. La carta se sumaba a la petición que siete gobernadores, entre ellos el de Nueva Jersey, enviaron a la EPA en noviembre de 2025.
La exposición a los microplásticos se produce de muchas maneras, principalmente al beber agua y otras bebidas, respirar aire y consumir alimentos. Su tamaño y forma pueden causar daño celular y tisular, es decir, la destrucción, alteración o pérdida de la función de las células.
Estas partículas se han encontrado en todos los sistemas orgánicos humanos, incluido el cerebro. Un estudio de la Universidad de Nuevo México publicado en la revista Nature Medicine detectó en 2024 un 50% más de plástico en tejido cerebral que en muestras de 2016.
Un negocio de casi 15.000 millones
El veto tendría un fuerte impacto económico. La industria del chicle en EEUU produjo 14.950 millones de dólares en 2025 (unos 13.100 millones de euros), según la consultora Market Data Forecast.
Las previsiones apuntan a que la cifra ascienda a 15.670 millones de dólares al finalizar este año (unos 13.700 millones de euros). Una prohibición en Nueva Jersey obligaría a las grandes marcas a decidir si reformulan su goma base o renuncian a uno de los mercados más poblados del país.
El debate no es exclusivo de Estados Unidos. En junio, el Gobierno de Países Bajos pidió a la Unión Europea que prohibiera la venta de chicles con plástico, la segunda forma de basura más habitual en sus calles tras las colillas. Nueva Jersey podría ser el primero en pasar de la advertencia a la prohibición.
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