Ni caminar ni nadar, los expertos sentencian: una sesión de sauna de 30 minutos puede activar las células clave del sistema inmunitario, según un estudio

Sauna

Ni caminar ni nadar, los expertos sentencian: una sesión de sauna de 30 minutos puede activar las células clave del sistema inmunitario, según un estudio

La sauna suele asociarse con relajación, bienestar y ese momento de desconexión que permite olvidarse durante unos minutos de las obligaciones diarias. Sin embargo, el calor también provoca respuestas fisiológicas interesantes que afectan a distintos sistemas del organismo. Entre ellas destaca su posible relación con las defensas. Una investigación realizada por científicos finlandeses observó que una sesión de sauna puede aumentar temporalmente la presencia de glóbulos blancos en la sangre, células esenciales para la vigilancia inmunitaria. El hallazgo resulta llamativo, aunque conviene interpretarlo con prudencia: estimular estas células no significa que una sesión de sauna pueda prevenir por sí sola una infección.

El estudio citado por Catraca Livre analizó los efectos de una sesión de 30 minutos de sauna, durante la cual los participantes se refrescaron brevemente con una ducha fría. Los investigadores observaron un aumento de los distintos tipos de glóbulos blancos circulantes. Entre ellos se encontraban neutrófilos y linfocitos, elementos fundamentales de la respuesta inmunitaria. Aproximadamente media hora después de terminar la sesión, sus niveles habían vuelto a la normalidad. Para Ilkka Heinonen, investigador de la Academia de la Universidad de Turku, este patrón podría reflejar una movilización temporal de células defensivas desde los tejidos hacia la sangre. «Es una respuesta comparable, en cierto sentido, a la que se produce durante el ejercicio físico, cuando aumenta la circulación de determinadas células inmunitarias», menciona.

Sauna y sistema inmunitario: ¿qué beneficios puede aportar?

Aumenta temporalmente los glóbulos blancos

El dato más destacado es el incremento transitorio de glóbulos blancos. Estas células forman parte de las defensas que permiten reconocer y responder ante posibles amenazas.

La exposición al calor parece favorecer su movilización hacia el torrente sanguíneo, donde pueden circular por el organismo antes de volver a sus lugares de almacenamiento.

Esto no debe interpretarse como una garantía frente a virus o bacterias. Según la Clínica Cleveland, todavía hacen falta más investigaciones para confirmar hasta qué punto la sauna mejora el sistema inmunitario o ayuda a prevenir infecciones. Por tanto, el interés del hallazgo está en mostrar una respuesta biológica concreta, no en presentar la sauna como un tratamiento.

El calor provoca una respuesta fisiológica

Durante una sesión, el cuerpo aumenta su temperatura y la frecuencia cardíaca, además de producir sudoración. La Clínica Cleveland explica que estos cambios generan una respuesta fisiológica que comparte algunas características con la actividad física.

«El calor también puede favorecer la liberación de determinadas sustancias relacionadas con la inflamación, aunque sus efectos cardiovasculares requieren más investigación», comentan los especialistas.

Desde esta perspectiva, la sauna puede entenderse como un estímulo térmico que obliga al organismo a adaptarse durante un periodo limitado. Esa adaptación puede explicar parte de sus efectos sobre la circulación y otros procesos corporales, pero no sustituye al ejercicio ni a los hábitos que sostienen una buena salud inmunitaria.

¿Una sesión de sauna ayuda a reducir el estrés?

Las defensas no funcionan de manera aislada del resto del organismo. La Clínica Cleveland recoge evidencias de que la sauna puede contribuir a disminuir el estrés y favorecer la relajación.

«Para algunas personas, reservar un periodo tranquilo en un ambiente cálido puede resultar útil para desconectar, y también se ha relacionado su uso con una mejoría del sueño», explican los profesionales.

Desde el Centro de Medicina Restaurativa señalan que la exposición al calor puede favorecer un estado de relajación y relacionarse con cambios en sustancias relacionadas al estado de ánimo. Sin embargo, estas afirmaciones deben contemplarse como posibles mecanismos y no como efectos garantizados para todas las personas.

La sauna no sustituye al ejercicio

La comparación entre sauna y ejercicio puede resultar tentadora porque ambas situaciones provocan cambios en la circulación y en la respuesta corporal. Aun así, no son equivalentes.

El ejercicio implica contracciones musculares, gasto energético y adaptaciones derivadas del entrenamiento, mientras que la sauna proporciona principalmente un estímulo térmico.

Por ello, si el objetivo es cuidar las defensas, la sauna debería considerarse un complemento de un estilo de vida saludable, no una alternativa a la actividad física, el descanso adecuado y una alimentación equilibrada.

¿Qué precauciones deben tomarse antes de entrar a la sauna?

El calor intenso no es apropiado para prolongar indefinidamente una sesión. La Clínica Cleveland recomienda utilizar la sauna con moderación y respetar las normas específicas de temperatura y funcionamiento para evitar el sobrecalentamiento. La hidratación también resulta importante, especialmente porque la sudoración provoca pérdida de líquidos.

En definitiva, una sesión de sauna puede producir una respuesta inmunitaria temporal caracterizada por un aumento de los glóbulos blancos circulantes. Es un efecto interesante que ayuda a comprender cómo responde el organismo al calor, pero todavía no permite afirmar que la sauna prevenga enfermedades.

Sus posibles beneficios sobre el estrés, la relajación y el bienestar pueden convertirla en un complemento agradable, siempre que se utilice con prudencia y sin convertir sus efectos potenciales en promesas médicas difíciles de justificar.

Salir de la versión móvil