Las pantallas forman parte de la vida cotidiana de millones de personas y han transformado la manera de comunicarse, aprender y entretenerse. Sin embargo, cada vez más especialistas se preguntan desarrollaron el cerebro las personas nacidas entre los 60 y los 70 al crecer en una época a en la que la tecnología digital no ocupaba un lugar central. Las generaciones nacidas entre las décadas de 1950 y 1970 desarrollaron su infancia y adolescencia en un entorno muy diferente al actual, caracterizado por una menor exposición a estímulos constantes y una mayor interacción directa con el mundo real. Este contexto parece haber favorecido determinadas habilidades emocionales y cognitivas que hoy siguen siendo especialmente importantes.
Según explica el docente Sergio Giacobone, la psicología está observando que muchas personas que crecieron sin pantallas desarrollaron una notable fortaleza emocional. «No se trata de afirmar que una generación sea superior a otra ni de idealizar el pasado, sino de comprender cómo ciertas circunstancias contribuyeron al desarrollo de capacidades importantes», menciona. En una época sin teléfonos inteligentes, redes sociales o acceso inmediato a la información, las personas aprendían a convivir con la espera y la incertidumbre. En este sentido, resolver problemas requería paciencia y esfuerzo. Además, las relaciones personales se construían principalmente cara a cara, favoreciendo las relaciones más profundas. Todo ello parece haber contribuido al fortalecimiento de la resiliencia, la autonomía y la tolerancia a la frustración, competencias que siguen siendo esenciales para afrontar los desafíos de la vida actual.
Cómo son las personas nacidas entre los 60 y los 70 sin tecnología
Crecer sin tecnología favorece la resiliencia
Uno de los principales beneficios de crecer sin tecnología fue el desarrollo de una mayor capacidad para tolerar la frustración. Las respuestas no llegaban de forma inmediata y muchas situaciones exigían paciencia.
Desde esperar una llamada telefónica hasta buscar información en libros o bibliotecas, las personas estaban acostumbradas a procesos más lentos. Sergio Giacobone señala que esta realidad favorecía la resiliencia, entendida como la capacidad de adaptarse a las dificultades sin derrumbarse emocionalmente.
«Al enfrentarse con frecuencia a obstáculos y retrasos, muchas personas aprendían a gestionar mejor la incertidumbre y a perseverar ante los problemas», menciona el profesional.
Más creatividad y capacidad de imaginación
La tecnología actual ofrece entretenimiento permanente, pero también reduce los momentos de aburrimiento. Según Michael Rich, director del Centro de Medios de Comunicación y Salud Infantil del Hospital Infantil de Boston y profesor asociado de la Escuela de Medicina de Harvard, el cerebro en desarrollo necesita experiencias variadas tanto dentro como fuera del entorno digital.
Rich destaca que el aburrimiento desarrolla una función importante porque permite que florezcan la creatividad y la imaginación. «Cuando los niños no disponían de pantallas para llenar cada instante libre, inventaban juegos, exploraban su entorno o desarrollaban actividades creativas por iniciativa propia», comenta.
Para el especialista, estas experiencias contribuían al desarrollo de conexiones neuronales relacionadas con la resolución de problemas y el pensamiento creativo.
Autonomía y relaciones personales más profundas
Otra ventaja asociada a crecer sin tecnología fue el fortalecimiento de la autonomía. Las generaciones anteriores debían encontrar soluciones por sí mismas con mayor frecuencia, sin depender de tutoriales, buscadores o aplicaciones que proporcionaran respuestas instantáneas.
Además, las relaciones sociales se basaban principalmente en encuentros presenciales. Esta forma de interacción favorecía habilidades como la empatía, la escucha activa y la comunicación directa.
Al no existir la comparación constante que suelen generar algunas redes sociales, muchas personas también experimentaban una menor presión relacionada con la imagen o la validación externa.
La socialización de esta generación se construyó en espacios físicos: patios de colegio, calles, plazas y reuniones familiares frecuentes. Esto favoreció el desarrollo de habilidades comunicativas directas, capacidad de escucha y una mayor tolerancia a la frustración en las relaciones interpersonales. Saben gestionar conflictos sin recurrir de inmediato a la mediación tecnológica y están acostumbrados a construir vínculos duraderos.
Mentes despiertas
Sin tecnología, ni redes sociales y mucho menos móviles, sus relaciones personales eran más auténticas. Jugar en la calle era una costumbre, de la misma forma que idear juegos a través de la imaginación. Se escribía a mano y más, se leían libros y, según diversos expertos en educación y psicología, las mentes estaban más despiertas.
¿Cómo equilibrar el uso de la tecnología y evitar la dependencia?
Los expertos coinciden en que el objetivo no debe ser rechazar la tecnología. Michael Rich defiende un uso equilibrado que permita aprovechar sus beneficios mientras se reducen sus posibles efectos negativos sobre el desarrollo cognitivo, emocional y social.
La enseñanza es que capacidades como la paciencia, la creatividad, la resiliencia y la autonomía no pertenecen exclusivamente a una generación. Aunque quienes crecieron sin tecnología pudieron desarrollarlas de forma más natural, estas habilidades todavía pueden aplicarse en cualquier etapa de la vida.
