El significado de la frase de los estoicos que te dará tranquilidad en tus peores momentos

El significado de la frase de los estoicos que te dará tranquilidad en tus peores momentos

La frase de los estoicos “distinguir lo que depende de nosotros de lo que no” se volvió esencial para muchas personas que buscan vivir con mayor serenidad en un mundo incierto. Da tranquilidad en los peores momentos y verás porqué. En este sentido, la afirmación resume una actitud vital basada en aceptar los límites del control humano y, al mismo tiempo, asumir la responsabilidad sobre las propias decisiones, pensamientos y acciones. En una época marcada por la sobreinformación, la presión social y la ansiedad por el futuro, esta idea adquiere una relevancia especial, ya que invita a enfocar la energía en aquello que realmente puede transformarse y a registrar lo que escapa a la voluntad individual.

Si bien suele asociarse con discursos de autoayuda y bienestar emocional, el origen de esta distinción es mucho más antiguo y profundo. La frase procede de la filosofía estoica, especialmente de autores como Epicteto, quien sostenía que la raíz del sufrimiento humano no está en los hechos externos, sino en la forma en que los interpretamos. Para los estoicos, comprender qué aspectos de la vida están bajo nuestro control y cuáles no es el primer paso hacia la libertad interior, la templanza y una existencia más coherente con nuestros valores. Distinguir lo que depende de nosotros de lo que no es, en esencia, un acto de lucidez. Por lo tanto, implica aceptar los límites de la condición humana sin renunciar a la responsabilidad personal. Esta antigua enseñanza estoica ofrece un marco sencillo y poderoso para vivir con mayor serenidad, coherencia y fortaleza emocional. No elimina los problemas, pero modifica la forma en que nos relacionamos con ellos, devolviéndonos un sentido más realista y humano del control sobre nuestra propia vida.

¿Cuál es la frase de los estoicos?

El origen del estoicismo

La formulación clásica de esta distinción aparece en el Enquiridión de Epicteto, donde se afirma que dependen de nosotros nuestras opiniones, deseos y acciones, mientras que no dependen de nosotros el cuerpo, la reputación, la riqueza o los acontecimientos externos.

Esta enseñanza fue retomada por otros pensadores estoicos como Séneca y Marco Aurelio, quienes la aplicaron tanto a la vida privada como al ejercicio del poder. Según la Revista de Estudios Políticos y Estratégicos de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), el estoicismo se ha asentado en nuestro lenguaje cotidiano como sinónimo de enfrentar adversidades con entereza. Y se aplica actualmente en muchos momentos de la vida.

«Usamos la derivación adverbial cuando decimos que alguien afronta algo estoicamente, cuando lo hace con calma, fortaleza y sin asomo de queja. Es una postura que implica resistencia y autocontrol emocional, donde el sufrimiento no traspasa la fachada externa», explican.

¿Qué significa realmente “lo que depende de nosotros”?

En un sentido profundo, aquello que depende de nosotros no son los resultados, sino los procesos internos: cómo pensamos, qué decisiones tomamos y cómo respondemos a lo que ocurre.

No podemos garantizar el éxito de un proyecto, pero sí la honestidad del esfuerzo; no podemos controlar la opinión ajena, pero sí la coherencia con nuestros principios. Esta interpretación coincide con enfoques contemporáneos de la psicología, como el concepto de locus de control interno.

Así, siguiendo esta línea, expertos de Psiquion, el locus de control interno ocurre cuando creemos que lo que pasa está en nuestras manos. Cuando una persona es capaz de superar diversos contratiempos diarios, del tipo que sea, aunque existan fuerzas externas que la desestabilicen.

«Estas personas también tienen más sentimientos de autoeficacia, en otras palabras, esta autoeficacia puede animarnos a no resignarnos a las malas situaciones, a persistir a pesar de los fracasos iniciales, a esforzamos en malas situaciones», afirman.

Lo que no depende de nosotros y por qué aceptarlo

Reconocer lo que no depende de nosotros, la frase de los estoicos, implica aceptar la existencia del azar, de la voluntad ajena y de las circunstancias estructurales. La enfermedad, una crisis económica o una decisión política son ejemplos claros de factores externos.

En este sentido, aceptarlos no significa resignarse pasivamente, sino comprender que luchar emocionalmente contra lo inevitable solo añade sufrimiento innecesario y agotamiento.

Desde una perspectiva educativa, la UNESCO ha destacado en varios artículos sobre bienestar y resiliencia que la aceptación realista de los límites personales es una competencia clave para la salud mental y la convivencia social.

¿Cómo se aplica la frase de los estoicos en la vida cotidiana?

Llevar esta distinción al día a día supone un ejercicio constante de atención y autoconocimiento. En el trabajo, por ejemplo, uno puede concentrarse en hacer bien sus tareas, aunque no controle los ascensos o las decisiones de la empresa. En las relaciones personales, se puede ofrecer respeto y escucha, pero no imponer sentimientos al otro.

Esta práctica reduce la frustración y aumenta la sensación de autonomía. Desde Psiquion, comentan que quienes diferencian entre control interno y externo manejan mejor el estrés y toman decisiones más equilibradas.

Los beneficios psicológicos y emocionales

Entre los principales beneficios de distinguir lo que depende de nosotros de lo que no se encuentran la reducción de la ansiedad, el aumento de la resiliencia y una mayor claridad ética.

Al centrar la atención en el propio margen de acción, se evita la rumiación sobre escenarios incontrolables. Además, se fortalece la responsabilidad personal sin caer en la culpa excesiva. De esta manera, expertos de la Universidad Complutense de Madrid, esta actitud favorece una autoestima más estable, basada en el esfuerzo y no en resultados externos del azar.

Según el informe de la UCM, un análisis ético resulta fundamental para poder tomar una decisión sobre qué tratamiento elegir ante un padecimiento subjetivo, en una época donde el exceso de información y conocimiento al alcance de la mano hace que en el afán de saber no se cuestione el mismo, «y se acceda a prácticas que no son cónsonas con ciertos valores personales, pero que en nombre de una moda basada en una supuesta eficacia, hace que se acceda con graves consecuencias a posteriori».

Es más, Pensar el psicoanálisis como una práctica más que ofrece la cultura en relación al trabajo de sí mismo, invita a convocar la reflexión desde su ética; para poder situar los puntos de distinción de las demás prácticas de sí y la relevancia de apostar por la vida del psicoanálisis.

Salir de la versión móvil