Contenido
- 0.1 La creatina nació para mejorar el rendimiento físico: lo que nadie esperaba era encontrar un posible efecto sobre la depresión
- 0.2 No parece un alimento extraordinario hasta que descubres lo que ocurre en el cerebro cuando los pistachos forman parte de tu dieta
- 0.3 Ni integral ni blanco: el pan que los nutricionistas recomiendan por su aporte de vitaminas y ayuda a reducir la fatiga y el cansancio
- 1 Quienes no deberían tomar ashwagandha
- 1.1 Embarazadas y mujeres en periodo de lactancia
- 1.2 Personas con enfermedades tiroideas, hepáticas o autoinmunitarias
- 1.3 Personas con enfermedades cardíacas o que toman medicamentos
- 1.4 ¿Qué otros grupos deberían evitar la ashwagandha?
- 1.5 ¿Cuáles son los beneficios que todavía requieren más investigación?
La ashwagandha ha ganado popularidad en los últimos años como uno de los suplementos naturales más utilizados para combatir el estrés, mejorar el sueño y favorecer el bienestar general. Sin embargo, su creciente consumo también ha despertado el interés de los expertos, que recuerdan que no todas las personas deberían tomarla. Aunque algunos estudios apuntan a posibles beneficios, también existen dudas sobre su seguridad, especialmente en determinados grupos de población y en quienes padecen ciertas enfermedades o siguen tratamientos farmacológicos. Antes de incorporarla a la rutina, conviene conocer sus posibles riesgos y limitaciones.
La ashwagandha, conocida científicamente como Withania somnifera y también llamada ginseng indio o cereza de invierno, es una planta utilizada desde hace siglos en la medicina ayurvédica. Según explican expertos de la Oficina de Suplementos Dietéticos (ODS), los suplementos suelen elaborarse a partir de extractos de la raíz o de la combinación de raíz y hojas. Además el cardiólogo Aurelio Rojas, en su Instagram, da a conocer que es un buen suplemento, pero hay determinadas personas que es mejor que no lo tomen.
Quienes no deberían tomar ashwagandha
Algunas investigaciones destacan que este suplemento podría ayudar a reducir el estrés y la ansiedad, favorecer un descanso nocturno de mayor calidad y mejorar la función cognitiva. Sin embargo, la propia ODS advierte de que las investigaciones disponibles siguen siendo limitadas y que muchos de los estudios realizados son pequeños, por lo que todavía no es posible extraer conclusiones definitivas sobre todos sus efectos ni sobre su seguridad a largo plazo.
Para el cardiólogo Rojas, debes evitarla si estás embarazada, en período de lactancia, tienes daño hepático o renal, o padeces problemas de tiroides no controlados. Tampoco se recomienda si tomas medicación sedante, antidepresivos o ansiolíticos sin supervisión médica.
Embarazadas y mujeres en periodo de lactancia
Uno de los grupos que debe evitar este suplemento es el de las mujeres embarazadas. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral señala que la ashwagandha no debe utilizarse durante el embarazo y que su uso tradicional como abortivo constituye un motivo adicional de preocupación.
Tampoco se recomienda durante la lactancia, ya que no existen datos suficientes que garanticen su seguridad para el bebé.
Personas con enfermedades tiroideas, hepáticas o autoinmunitarias
Las personas que padecen trastornos de la tiroides también deben actuar con especial cautela. Desde el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral indican que se han descrito casos de aumento excesivo de la función tiroidea e incluso cuadros de tirotoxicosis relacionados con el consumo de este suplemento.
Además, aunque los casos son poco frecuentes, también se han documentado lesiones hepáticas asociadas al uso de preparados de ashwagandha. “Por este motivo, quienes padezcan enfermedades del hígado o presenten antecedentes de problemas hepáticos deberían consultar siempre con un profesional sanitario antes de consumirla”, destacan.
Asimismo, el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral desaconseja su uso en personas con enfermedades autoinmunitarias, ya que podría interferir con el funcionamiento del sistema inmunitario.
Personas con enfermedades cardíacas o que toman medicamentos
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) también recomienda prudencia en quienes sufren patologías cardíacas. “Entre los efectos adversos descritos figuran algunos casos documentados de taquicardia y arritmias, lo que hace aconsejable evitar su consumo sin supervisión médica”, advierten.
Otro aspecto importante son las posibles interacciones con distintos medicamentos. Según el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral, la ashwagandha podría interactuar con fármacos para la diabetes, la hipertensión, la tiroides, los inmunosupresores, los sedantes y los anticonvulsivos.
La OCU añade que estas interacciones podrían aumentar el riesgo de hipoglucemia en personas tratadas con antidiabéticos y favorecer una bajada excesiva de la tensión arterial cuando se combina con antihipertensivos.
“También podría reducir la eficacia de los inmunosupresores e incrementar la somnolencia cuando se toma junto con sedantes o medicamentos que deprimen el sistema nervioso central”, aseguran los profesionales.
¿Qué otros grupos deberían evitar la ashwagandha?
Las recomendaciones de precaución también alcanzan a otros colectivos. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral aconseja no utilizar este suplemento antes de una intervención quirúrgica, mientras que la OCU recomienda evitarlo en menores de 18 años debido a la falta de estudios que avalen su seguridad.
Asimismo, las personas con cáncer de próstata sensible a las hormonas deberían abstenerse de consumirla, ya que existen indicios de que la ashwagandha puede aumentar los niveles de testosterona.
¿Cuáles son los beneficios que todavía requieren más investigación?
Aunque algunos estudios recogidos por la Oficina de Suplementos Dietéticos indican que dosis de entre 500 y 600 miligramos diarios durante varias semanas podrían contribuir a reducir el estrés, la ansiedad y mejorar ligeramente el sueño, los expertos insisten en interpretar estos resultados con prudencia.
La OCU recuerda que las agencias europeas aún no han podido establecer una cantidad segura de consumo porque no existen suficientes estudios toxicológicos. En consecuencia, el hecho de que sea un producto de origen natural no implica que esté libre de riesgos ni que su eficacia haya quedado plenamente demostrada.






