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El paso del tiempo presenta determinadas evidencias a nivel físico que necesitan determinados hábitos para prevenir lesiones y enfermedades. Después de los 40, entrenar fuerza ya no es una opción, es algo obligatorio. Esto es para reducir cansancio, dolores articulares más frecuentes, pues el cuerpo ya no responde igual que a los 25. El entrenamiento de fuerza deja de ser una cuestión estética para convertirse en una herramienta clave de salud y prevención. Tal como señala el entrenador Sergio Guillén, el ejercicio de fuerza no es una opción secundaria, sino una responsabilidad con uno mismo.
«No se trata de buscar un cuerpo marcado, sino de preservar la capacidad física, el movimiento sin dolor y la autonomía en el largo plazo», menciona. A su vez, Guillén comenta que la fuerza bien trabajada permite seguir sintiéndose capaz, estable y funcional en la vida diaria, algo que impacta directamente en la calidad de vida. “Desde una perspectiva fisiológica, el cuerpo atraviesa cambios inevitables a partir de esta etapa: disminuyen ciertas hormonas, se reduce progresivamente la masa muscular y el metabolismo se vuelve más lento si no se estimula”, advierte. Sin intervención, estas transformaciones pueden derivar en fragilidad, pérdida de equilibrio, dolores crónicos y mayor riesgo de enfermedades. El entrenamiento de fuerza después de los 40 actúa como un freno frente a este deterioro natural. Por lo tanto, trabajar la musculatura de forma regular ayuda a proteger huesos y articulaciones, mejora la postura y reduce molestias. Según el experto, sentirse fuerte cambia la manera de moverse, pero también la forma de habitar el propio cuerpo y afrontar el paso del tiempo.
La importancia de los ejercicios de fuerza después de los 40
Uno de los principales motivos por los que la fuerza cobra tanta relevancia en esta etapa es la sarcopenia. Según explica Rehabitalia Fisioterapia, a partir de los 35 o 40 años comenzamos a perder masa muscular de forma progresiva si no existe un estímulo adecuado.
Esta pérdida no solo afecta la estética corporal, sino también la fuerza, la estabilidad y la capacidad funcional. «Con menos músculo, actividades cotidianas como subir escaleras, cargar bolsas o levantarse de una silla se vuelven más exigentes», aseguran.
Desde Ochsner Health señalan que la sarcopenia también incrementa el riesgo de caídas y fracturas, ya que el músculo cumple un rol fundamental en el equilibrio y la protección articular.
Por lo tanto, destacan que el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar y, en muchos casos, recuperar masa muscular, lo que se traduce en mayor seguridad, coordinación y confianza en el movimiento diario.
Ejercicios de fuerza para la salud ósea a los 40
Otro aspecto clave del entrenamiento de fuerza después de los 40 es su impacto en la salud ósea. Con la edad, los huesos tienden a perder densidad, aumentando el riesgo de osteopenia y osteoporosis.
Este fenómeno es especialmente relevante en mujeres durante la perimenopausia y la menopausia. “El trabajo con cargas genera un estímulo mecánico que favorece la formación ósea y fortalece las estructuras de soporte”, aseguran desde Rehabitalia Fisioterapia.
A su vez, destacan que la fuerza no solo protege los huesos, sino también las articulaciones y los tejidos conectivos, reduciendo el riesgo de lesiones y dolores persistentes. Además, sostienen que la fuerza bien planificada es una aliada para mantener un sistema musculoesquelético resistente y funcional.
Beneficios de los ejercicios de fuerza después de los 40
Mantener la masa muscular también tiene efectos directos sobre el metabolismo. El músculo es un tejido metabólicamente activo: incluso en reposo consume más energía que la grasa.
Desde Ochsner Health subrayan que la pérdida muscular sin entrenamiento puede ralentizar el metabolismo, dificultar el control del peso y aumentar el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
«El entrenamiento de fuerza contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina, regular los niveles de glucosa y optimizar el perfil lipídico», destacan. Además, ello ayuda a controlar la inflamación y la presión arterial, lo que lo convierte en una herramienta preventiva de gran valor para la salud cardiovascular a largo plazo.
Bienestar mental
Los beneficios del entrenamiento de fuerza no se limitan al cuerpo. También generan un impacto positivo sobre el bienestar mental. En este sentido, el ejercicio de resistencia favorece la liberación de endorfinas, reduce el estrés y contribuye a disminuir síntomas de ansiedad y depresión.
El entrenador Sergio Guillén destaca que sentirse fuerte refuerza la autoestima. «La fuerza cambia la manera en que una persona se mueve por la vida. Ganar estabilidad, control corporal y confianza física tiene un efecto directo en la percepción personal y en la relación con el propio envejecimiento», concluyen las autoridades de Rehabitalia Fisioterapia.
