El ejercicio físico ha sido reconocido durante décadas por sus beneficios para el cuerpo, pero cada vez más investigaciones destacan su impacto positivo en la salud mental. La actividad física regular no solo fortalece músculos y mejora la condición cardiovascular, sino que también desarrolla un papel clave en la regulación del estado de ánimo y el bienestar emocional. En un contexto donde los trastornos de ansiedad y depresión afectan a millones de personas en todo el mundo, el ejercicio se presenta como una herramienta accesible y eficaz para cuidar el cerebro y mejorar la calidad de vida.
La relación entre ejercicio físico y salud cerebral ha sido objeto de múltiples estudios científicos. El neurocientífico José Luis Trejo, investigador del Centro de Neurociencias Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica en declaraciones recogidas por La Voz de Galicia que el cerebro humano evolucionó para funcionar en un cuerpo en movimiento. Según el especialista, no existe fármaco antidepresivo o ansiolítico que tenga un efecto tan amplio como el ejercicio físico moderado, además de carecer de efectos secundarios. «Durante millones de años, el organismo se adaptó a recibir estímulos mientras se desplaza, lo que influye en procesos esenciales como el metabolismo cerebral, la irrigación sanguínea o la producción de energía en las células neuronales», menciona Trejo. A su vez, el especialista advierte que, cuando el cuerpo permanece sedentario durante largos períodos, el cerebro deja de aprovechar estos recursos y puede mostrar signos similares a los del envejecimiento.
El ejercicio físico que ayuda a combatir la depresión y la ansiedad
El ejercicio físico puede actuar como una herramienta poderosa para aliviar los síntomas de la depresión y la ansiedad. Tal como establece Clínica Mayo, realizar actividad física de forma regular contribuye a mejorar el estado de ánimo y a reducir los niveles de estrés emocional.
Los expertos de esta institución sanitaria explican que se debe, en parte, a la liberación de endorfinas, sustancias químicas producidas por el cerebro que generan sensaciones de bienestar y placer. «Además de estas respuestas biológicas, el ejercicio permite interrumpir el ciclo de pensamientos negativos que suele acompañar a la depresión y la ansiedad», aseguran.
A su vez, explican que, cuando una persona se concentra en una actividad física, su atención se desvía de las preocupaciones y se enfoca en el movimiento, la respiración o el entorno.
«Este cambio de enfoque mental puede proporcionar un alivio temporal que, con la práctica constante, se convierte en una mejora sostenida del bienestar emocional», destacan.
La actividad física no solo influye en los procesos biológicos del cerebro, sino también en aspectos emocionales y sociales que contribuyen al bienestar mental. La Clínica Mayo señala que alcanzar metas relacionadas con el ejercicio, por pequeñas que sean, puede aumentar la confianza en uno mismo.
«Superar retos personales, mejorar la resistencia o simplemente completar una rutina de entrenamiento genera una sensación de logro que fortalece la autoestima», destacan los expertos.
El ejercicio también puede fomentar la interacción social. Actividades como caminar, participar en clases de ejercicio o practicar deportes en grupo permiten compartir experiencias con otras personas.
«Estos momentos de contacto social, incluso breves, pueden mejorar el estado de ánimo y reducir la sensación de aislamiento que suele acompañar a los trastornos de ansiedad y depresión», aseguran.
Además, el ejercicio ofrece una forma saludable de afrontar los problemas emocionales. En lugar de recurrir a estrategias poco beneficiosas, como el consumo excesivo de alcohol o la rumiación constante de pensamientos negativos, la actividad física proporciona una vía constructiva para canalizar el estrés y mejorar el bienestar psicológico.
Las ventajas del ejercicio como herramienta para controlar el estrés
La Asociación Estadounidense de Ansiedad y Depresión (ADAA) destaca que la actividad física es una estrategia accesible que puede complementar otros enfoques para mejorar la salud mental, como la terapia psicológica o el autocuidado.
«El estrés forma parte de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve excesivo puede afectar el sueño, las relaciones personales y el funcionamiento diario», advierten los expertos de ADAA.
En ese sentido, el movimiento regular ayuda a reducir la sensación de tensión, preocupación e inquietud. Incluso períodos cortos de actividad física pueden contribuir a calmar la mente y el cuerpo.
Además, el ejercicio mejora la calidad del sueño, lo que resulta especialmente importante para quienes sufren ansiedad o estrés, ya que estas condiciones suelen dificultar conciliar el descanso.
Otro beneficio importante a tener en cuenta es el aumento de la concentración y los niveles de energía. La actividad física estimula el estado de alerta y puede mejorar la motivación, factores que suelen verse afectados cuando una persona atraviesa períodos prolongados de estrés o depresión.
¿Qué tipos de ejercicios ayudan a reducir la ansiedad y la depresión?
No existe un único tipo de ejercicio que sea ideal para combatir la ansiedad o la depresión. Según la Asociación Estadounidense de Ansiedad y Depresión (ADAA), lo más importante es elegir actividades que resulten agradables y sostenibles en el tiempo.
Por lo tanto, la constancia suele ser más relevante que la intensidad del entrenamiento. Entre las actividades que muchas personas encuentran beneficiosas para reducir el estrés se encuentran caminar, correr o andar rápido, practicar yoga o realizar estiramientos.
También son opciones populares andar en bicicleta, nadar o bailar. Todas estas actividades implican movimiento corporal y pueden adaptarse a distintos niveles de condición física, concluyen miembros de la ADAA.
El ejercicio en todas las edades
A veces se cree que al cumplir años hay que rebajar el movimiento. Y nada más lejos que la realidad, José Luis Trejo especifica que se ha demostrado que incluso en las personas mayores sigue existiendo esa nueva formación de neuronas, esa neurogénesis.
«Es menor que en la juventud, claro, pero existe. Y lo interesante es que el ejercicio tiene efectos beneficiosos para nuestra capacidad cognitiva, incluso aunque hayas sido sedentario toda tu vida y empieces ya de muy mayor a hacer ejercicio», destaca.
por tanto, es imprescindible moverse siempre y sobre todo al hacernos mayores, y cumplir años.
