Un estudio con 8.037 adolescentes demuestra que quienes practican deporte pueden sacar mejores notas

A diferencia de lo que algunos consideran una pérdida de tiempo, hacer ejercicio es uno de los hábitos que más puede mejorar el rendimiento académico

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Recreación de un adolescente con ropa de deporte.

Recreación de un adolescente con ropa de deporte.

Hacer ejercicio es uno de los hábitos que más impacto tiene en el día a día de los adolescentes y, a pesar de que muchos lo ven como tiempo perdido frente a los estudios, la realidad apunta en otra dirección: puede ayudar a sacar mejores notas.

La respuesta está en un estudio amplio y bien medido que analiza cómo el movimiento influye en la disciplina, la concentración y el rendimiento escolar, con resultados bastante claros.

Este estudio con 8.037 adolescentes explica por qué el deporte mejora las notas

Investigadores de la Universidad de Dundee analizaron a 8.037 estudiantes de secundaria y detectaron una relación directa entre actividad física y mejores resultados académicos. El trabajo, publicado en el British Journal of Sports Medicine, midió no sólo si los adolescentes hacían ejercicio, sino también la intensidad con la que lo practicaban.

Los datos muestran que quienes realizan actividad física de forma regular obtienen mejores calificaciones, especialmente en asignaturas como ciencias. En el caso de las chicas, el rendimiento llegó a mejorar hasta un 23% cuando el ejercicio era intenso.

Los investigadores no atribuyen el resultado sólo al estado físico. El estudio apunta a dos factores clave: la autorregulación y la autoeficacia. Es decir, la capacidad de concentrarse, mantener el esfuerzo y seguir adelante incluso cuando la tarea se complica. Ese entrenamiento mental se parece mucho a estudiar.

Un adolescente que entrena varias veces por semana se acostumbra a repetir, corregir errores y tolerar la frustración. Esa dinámica luego aparece también frente a los libros.

Además, informes de organismos como la Organización Mundial de la Salud respaldan esta línea. Sus recomendaciones incluyen al menos 60 minutos diarios de actividad física en jóvenes, no sólo por salud, sino también por su impacto en el desarrollo cognitivo. El problema es que más del 80% de los adolescentes no alcanza ese mínimo.

Qué tipo de ejercicio es el que recomiendan los expertos

Los investigadores de la Universidad de Dundee dejan claro que no hay un deporte «mágico». Lo que marca la diferencia es la intensidad. El ejercicio aeróbico moderado o vigoroso es el que más impacto tiene en el rendimiento académico. Esto significa actividades que elevan el ritmo cardíaco y la respiración de forma clara.

Correr, por ejemplo, mejora la oxigenación del cerebro y favorece la resolución de problemas. La natación trabaja la memoria y la atención de forma sostenida. Los deportes de equipo, como fútbol o baloncesto, añaden un componente extra, pues obligan a tomar decisiones rápidas bajo presión.

Otras disciplinas como el baile o las artes marciales exigen coordinación, constancia y control del cuerpo. Ese tipo de exigencia refuerza la disciplina que luego se traslada al estudio. El estudio también observa un efecto acumulativo. Más minutos de ejercicio intenso se traducen en mejores resultados. En chicos, cada 17 minutos adicionales muestran mejoras progresivas en asignaturas clave. En chicas, ese efecto aparece incluso antes.

Cuál es el mejor momento del día para hacer deporte

No existe una única hora perfecta, pero sí momentos que pueden potenciar distintos beneficios. Hacer ejercicio por la mañana activa el cerebro desde primera hora. El cuerpo libera dopamina y serotonina, lo que mejora la atención en clase y facilita arrancar con materias exigentes.

A media tarde, el ejercicio funciona como una pausa estratégica. Permite cortar con la carga mental del día y reduce el estrés acumulado. Además, el cuerpo rinde mejor físicamente en ese tramo.

Entrenar después de estudiar también tiene sentido. El ejercicio ayuda a consolidar lo aprendido durante el día y actúa como una recompensa que refuerza la rutina. La clave no está en el reloj, sino en la constancia. Mantener una rutina estable de actividad física pesa más que elegir una hora concreta.

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