El deporte es de los hábitos que más cuesta mantener con el paso de los años, y además a partir de los 60 o 65 años exige ser muy constante para que realmente sirva de algo. Hacerlo al aire libre tiene además ventajas que van más allá del ejercicio en sí, y que suman al bienestar general de una forma que un gimnasio cerrado no siempre consigue.
En este caso no se trata de salir a pasear ni de usar la bicicleta para moverse un rato, sino de algo muy diferente que supone caminar varias horas seguidas a la vez que mejora la salud cardiovascular: el golf.
Cómo refuerza la salud cardiovascular el golf en hombres mayores de 60 años de edad
Una partida de 18 hoyos dura entre 3,5 y 5 horas, tiempo durante el cual el corazón trabaja a una intensidad moderada, entre el 50% y el 70% de la frecuencia cardíaca máxima, un ritmo ideal para entrenar el músculo cardíaco sin el riesgo de arritmias que sí pueden provocar los ejercicios explosivos. Con la práctica regular, el corazón se vuelve más eficiente y bombea más sangre con cada latido, lo que reduce la frecuencia cardíaca en reposo.
El movimiento continuo de las piernas actúa como una segunda bomba que ayuda a retornar la sangre hacia el tórax, y caminar varios kilómetros estimula la producción de óxido nítrico en las arterias, una sustancia que las mantiene elásticas y ayuda a bajar la presión arterial. El golf eleva además los niveles de colesterol HDL, el llamado colesterol bueno, mientras reduce el LDL y los triglicéridos, lo que frena la formación de placas que obstruyen las arterias coronarias.
Jugar en entornos naturales reduce también las hormonas del estrés como el cortisol, y ese menor estrés psicológico se traduce en una menor inflamación del sistema circulatorio, uno de los factores que más protege al corazón frente a eventos cardiovasculares agudos. Los médicos insisten en una regla de oro para que estos beneficios sean reales, hay que caminar el campo, porque usar el carrito eléctrico de forma continua anula buena parte del efecto terapéutico.
Cómo empezar a jugar al golf de forma segura después de los 60 años
Reservar entre 3 y 5 clases con un instructor certificado antes de golpear una sola bola por cuenta propia evita vicios posturales y dolores lumbares, porque el golf exige movimientos corporales poco habituales que conviene aprender bien desde el principio. Las primeras semanas conviene dedicarlas al campo de prácticas, buscando un contacto limpio entre el palo y la bola en lugar de perseguir distancia.
El putt representa casi la mitad de los golpes de una partida, así que practicar en el putting green gratuito del club mejora la coordinación ojo-mano con muy poco esfuerzo físico. Para empezar basta con un hierro 7, un wedge y un putter, sin necesidad de comprar un set completo, junto a un calzado deportivo con buen agarre para el césped húmedo de otoño.
Aprender las reglas básicas de seguridad, como no hacer swing si hay alguien cerca o avisar gritando «fore» si la bola se desvía, y respetar el ritmo de juego de quienes vienen detrás, forma parte también de iniciarse bien en este deporte. El siguiente paso natural es un campo de pitch and putt, con hoyos de distancias cortas, donde experimentar la dinámica de una partida real sin el desgaste de un campo profesional de 18 hoyos.






