La salud de todo el mundo enfrenta un reto mayúsculo que genera una gran preocupación entre los expertos sanitarios. Según los datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sedentarismo está creciendo a un ritmo alarmante en la sociedad actual, lo que afecta ya a casi un tercio de la población mayor de edad.
Los registros indican que este fenómeno ha escalado cinco puntos porcentuales desde el 2010. Si la inercia actual persiste, las proyecciones para el año 2030 sitúan la cifra de adultos inactivos en un alarmante 35%. La falta de movimiento es, entonces y sin dudas, un factor de riesgo determinante en la aparición de patologías crónicas, lo que obliga a las instituciones de salud a replantear sus estrategias de prevención de forma urgente.
¿Por qué inquieta el sedentarismo a los expertos de la OMS?
El 31% de los adultos, lo que equivale a unos 1800 millones de personas, incumple los niveles mínimos de actividad física para proteger su salud. En concreto, este grupo de población no alcanza los 150 minutos semanales de ejercicio moderado que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta carencia de movimiento corporal, que implica un gasto energético residual, dispara las probabilidades de sufrir enfermedades no transmisibles y aumenta el riesgo de mortalidad general entre un 20% y un 30% respecto a los perfiles activos.
El panorama resulta especialmente sombrío si ponemos el foco en las nuevas generaciones. Un rotundo 81% de los adolescentes tampoco cumple con los estándares internacionales, siendo las chicas las que presentan peores registros de actividad física con un 85% de inactividad. Esta brecha de género se arrastra también a la edad adulta, donde las mujeres son, de media, cinco puntos menos activas que los varones. Con el paso de los años, una vez superada la barrera de los 60, la movilidad decae de forma generalizada en ambos sexos, agravando la vulnerabilidad de la tercera edad.
No hacer una actividad física sale caro, tanto a nivel personal como para el gobierno de los diferentes países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, de no revertir esta situación, los sistemas de salud pública afrontarán un gasto de 300 000 euros entre 2020 y 2030. Esta carga financiera responde al tratamiento de enfermedades que el deporte regular ayuda a mitigar, entre las que destacan:
- Cardiovasculopatías e hipertensión arterial.
- Diabetes de tipo 2 y obesidad.
- Ciertos tipos de cáncer localizados.
- Trastornos de salud mental como la depresión y la ansiedad.
El desafío de reducir la inactividad para 2030
Los países tienen ante sí la tarea de implementar el Plan de Acción Mundial sobre Actividad Física. El objetivo marcado por la OMS es ambicioso: lograr una reducción relativa de la inactividad del 10% para 2025 y alcanzar el 15% en 2030.
Para ello, resulta necesario que las políticas urbanas fomenten los desplazamientos a pie o en bicicleta y que los centros de trabajo faciliten entornos menos sedentarios.
Aumentar la actividad física no es solo ir al gimnasio, ya que cualquier movimiento en el tiempo de ocio, en las tareas domésticas o en el transporte cuenta en el día a día.
Según destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS) en sus directrices, realizar aunque sea un poco de ejercicio resulta siempre más beneficioso que no hacer nada. Asimismo, los expertos de la organización advierten que la inversión en infraestructuras deportivas y la accesibilidad a espacios públicos abiertos son indispensables para frenar una crisis de salud que, de momento, no deja de crecer.
