La montaña rusa acuática de 180 metros que se acaba de estrenar en Madrid: va a triunfar este verano
Kilauea, la montaña rusa acuática de Aquopolis Villanueva, será la gran novedad del verano en Madrid
Este parque acuático de la Península tiene el tobogán de 130 metros sólo apto para los más atrevidos
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En Madrid, cuando llega el calor de verdad, se nota rápido. Basta un fin de semana para que piscinas y parques acuáticos se llenen y empiece la búsqueda de planes para aguantar las temperaturas. Este año, además, hay una novedad que ya está generando bastante expectación y que se encuentra en uno de esos parques acuáticos que podemos visitar esta temporada y que en su caso concreto, se convierte en un imprescindible.
Aquopolis Villanueva de la Cañada abre ahora en junio y lo hace con una atracción nueva que no pasa desapercibida. Se llama Kilauea y, más que un tobogán al uso, funciona como una especie de montaña rusa de agua, con impulsos, subidas y cambios de ritmo que no son tan habituales en este tipo de parques. El propio recinto la presenta como una de sus apuestas fuertes para este verano. Y no es sólo por el nombre sino que por recorrido, velocidad y forma de funcionamiento, todo indica que va a ser una de las más concurridas desde los primeros días de apertura.
Una montaña rusa de agua que no empieza como las demás
Lo primero que llama la atención de Kilauea es que no funciona como el típico tobogán en el que te dejas caer desde arriba. Aquí hay algo distinto desde el inicio. La balsa no arranca solo por gravedad. Cuenta con un sistema de impulso que la lanza hacia delante en una recta inicial. Son unos 15 metros en los que el agua propulsada hace que la velocidad llegue casi de golpe, antes incluso de empezar el recorrido completo.
A partir de ahí, la atracción encadena subidas, bajadas y cambios de ritmo bastante rápidos. No es un descenso continuo, sino una especie de montaña rusa en la que se alternan momentos de aceleración con otros en los que parece que la balsa pierde fuerza, hasta que vuelve a impulsarse otra vez. Según los datos del parque, alcanza velocidades de hasta 35 km/h, tiene cerca de 180 metros de recorrido y una altura que ronda los 10 metros. Todo eso en un trayecto que dura unos 45 segundos.
Una experiencia pensada para compartir
Otro detalle que cambia la experiencia es que no es una atracción individual. En cada balsa pueden subir hasta cuatro personas, lo que hace que el recorrido sea bastante diferente a otros toboganes más clásicos. No es lo mismo bajar solo que hacerlo con amigos o en familia. El peso, los movimientos y la propia reacción de quienes van en la balsa hacen que cada descenso sea distinto.
De hecho, el parque lo enfoca claramente como una atracción de grupo. No es sólo la velocidad, también el efecto de ir todos juntos en cada curva o en cada subida. Eso sí, hay algunas condiciones. La altura mínima es de 1,05 metros y, en el caso de los niños entre 1,05 y 1,20 metros, es obligatorio que vayan acompañados de un adulto. También hay límites de peso: hasta 115 kilos por persona y 270 kilos en total por balsa.
Tecnología poco habitual en Europa
Detrás de Kilauea está ProSlide, una empresa conocida en este tipo de instalaciones, que ha desarrollado una evolución del sistema RocketBLAST. En este caso incluye lo que llaman «Flat BLAST», que básicamente permite ese impulso horizontal del inicio y las posteriores subidas sin depender solo de la gravedad.
No es un detalle menor. Es lo que hace que la atracción tenga ese punto de montaña rusa más que de simple tobogán. El propio parque insiste en que se trata de una propuesta poco común en Europa, sobre todo por esa combinación de lanzamiento inicial, ascensos y cambios de ritmo durante el recorrido.