Trump quiere ganar las legislativas con el diésel de Putin pero Rusia no tiene combustible ni para Moscú
La paradoja del Nord Stream: EEUU, que lo impidió, podría vender el gas ruso a Europa con comisión
¿Puede Rusia vender casi dos millones de toneladas de diésel si sus refinerías están en llamas?
Estamos en una fase de aceleración de los acontecimientos similar a la que vivimos entre 1989 y 1992, con el derrumbe del bloque socialista en Europa y la desaparición de la URSS. Aquí escribíamos hace unos días que Vladímir Putin estaba en apuros por la ofensiva ucraniana contra sus refinerías y que Donald Trump se enfrentaba a una derrota en las elecciones legislativas debido a la subida de los combustibles y la inflación. Y, de pronto, por un post del presidente de Estados Unidos, el escenario ha cambiado: la Casa Blanca y el Kremlin se entienden por encima de Ucrania, la OTAN y la UE. EEUU va a retirar las sanciones para permitir que los rusos vendan cientos de miles de toneladas de diésel en los próximos meses. Ha sido una “sorpresa de octubre”.
Prácticamente todas las elecciones se celebran en Estados Unidos en los meses de noviembre y es habitual que aparezca alguna que otra “sorpresa de octubre”, un acontecimiento inesperado que puede dar la vuelta a la campaña. Algunas de estas en las últimas presidenciales han sido las filtraciones de Wikileaks, el portátil de Hunter Biden con archivos e imágenes sobre sexo, droga y corrupción en Ucrania y el vídeo de Trump sobre lo “fáciles” que son algunas mujeres debido a su fama.
La “sorpresa de octubre” correspondiente a las elecciones del 3 de noviembre ha sido el anuncio de Trump de que, tras una conversación con Putin, este suministrará inmediatamente a los mercados mundiales 300.000 toneladas de diésel, otras 500.000 toneladas en noviembre y luego un millón más. A cambio, el gobierno de Estados Unidos retirará las sanciones a esas exportaciones. Así, añade Trump, bajará la inflación, que empieza a asomar en todo el mundo.
A esta sorpresa se ha añadido una segunda, revelada por la agencia Reuters. Diversas personalidades rusas y norteamericanas, entre ellas el yerno de Trump, Jared Kusher, nombrado Enviado Especial en Misiones de Paz en febrero pasado, y el financiero Kirill Dmitriev, uno de los consejeros más íntimos de Putin, han tanteado en reuniones en Moscú y Nueva York la posibilidad de que se ponga en marcha el gaseoducto Nord Stream con inversiones de Estados Unidos.
Aunque el actual gobierno alemán se opone a la reanudación del suministro de gas ruso, ¿cuánto tiempo más podría aguantar las demandas de una industria que cierra fábrica tras fábrica debido a la competencia china y la factura energética, sobre todo si se alcanza un alto el fuego?
El 7 de febrero de 2022, quince días antes de la invasión rusa de Ucrania, el presidente Joe Biden afirmó, con el canciller alemán Olaf Scholz a su lado, que EEUU impediría la entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 por cualquier medio. Y en septiembre siguiente, varias explosiones inutilizaron tres de los cuatro tubos de los dos gasoductos. El 14 de octubre comenzará en Hamburgo el juicio a un ex militar ucraniano acusado de dirigir el atentado.
Desde los años 60 del siglo XX, Estados Unidos se ha opuesto a todos los acuerdos entre Alemania y la URSS (y luego Rusia) para intercambiar tecnología por hidrocarburos y otros recursos naturales. Menuda paradoja sería que Estados Unidos vendiera el gas ruso que demandan Alemania y toda Centroeuropa, con una comisión. Sobre todo, después de que Trump reprochara a los europeos que estuvieran financiando la campaña bélica de Putin al seguir comprando hidrocarburos rusos.
Pero, y esta es la pregunta clave, ¿tiene Rusia capacidad para poner en el mercado casi dos millones de toneladas de diésel cuando sus refinerías están dañadas por los ataques constantes de los drones ucranianos, hasta el punto de que existe desabastecimiento interno? El ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radosław Sikorski, escribió en X que su embajada le “informa de escasez de combustibles incluso en Moscú, que siempre es priorizada en el abastecimiento” y, después de recordar las refinerías bombardeadas, se pregunta “¿de dónde saldrán los excedentes para la exportación?”.
El acuerdo entre Trump y Putin es real y demuestra que los dos pueden entenderse al margen de sus compromisos (sobre todo EEUU), pero también tiene una parte de trampantojo.
El diésel que suministre “inmediatamente” Rusia no afectará al precio del combustible en Estados Unidos, que supera los seis dólares el galón, o sea, más de 1,7 dólares el litro, por debajo de España, porque no llegará a las gasolineras hasta dentro de unas semanas, ya que depende del transporte en petroleros y de sus fletes.
La noticia servirá para que Trump se presente ante sus ciudadanos como el presidente que se preocupa por ellos. Las palabras de su escrito en Truth son cristalinas: “Precios más bajos para los estadounidenses, especialmente nuestros grandes agricultores, ganaderos y camioneros, es mi mayor prioridad. Este es un anuncio muy grande e importante”. Los agricultores, ganaderos y camioneros forman parte del movimiento MAGA.
Si los demócratas aúllan contra el acuerdo con Moscú, si Zelenski continúa atacando refinerías a pesar de las “peticiones” de la Casa Blanca, tal como acaba de hacer en Rostov, si los europeos declaran que se sienten engañados, Trump tendrá la campaña hecha para sus candidatos: “Yo trato de bajar el precio del galón y otros quieren que los americanos sigan pagándolo caro”. El otro lema, que ya están usando su partido es: “Si no quieres que tu ciudad se parezca al Nueva York del alcalde musulmán comunista de Mamdani, vota republicano”.
¿Imposible? Fíjese el lector cómo el gobierno de Pedro Sánchez está intentando culpar a la oposición del encarecimiento de la vivienda. Como dijo el primer ministro portugués Oliveira de Salazar, “en política lo que parece es”.
Continuemos con los gestos. Como compensación, Trump anunció el día 11 que ha logrado un “alto el fuego energético” entre Rusia y Ucrania; es decir, que no atacarán las instalaciones energéticas del enemigo. Zelenski respondió que lo apoya, pero que Moscú lo está incumpliendo. Por cierto, el presidente ucraniano, del que Trump dijo que debía retirarse, replicó que si Putin se comprometía a un alto el fuego total durante sesenta días, Ucrania celebraría elecciones. En resumen, palabras, palabras, palabras. Lo que no es un trampantojo es la guerra, que prosigue.
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