Alcohol, drogas, sexo y animales en una fiesta de nochevieja sin control que querían alargar 4 días
Más de 40 horas de fiesta con drogas, alcohol y sin mascarilla ni distancia social, en una nave industrial de Llinars del Vallés (Barcelona). Así ha sido la nochevieja de alrededor de 700 personas hasta que este sábado, 2 de enero, y tras casi dos días de vigilancia sin actuar por falta de efectivos, los Mossos de Esquadra han decidido irrumpir y desalojar a todos los participantes que quedaban en su interior, alrededor de unos 300.
No es la primera vez que este edificio abandonado, según ha podido comprobar OKDIARIO accediendo a su interior durante la investigación policial, se usa para celebrar una fiesta de estas características. Pero nunca se habían reunido tantas personas y menos en época de pandemia, donde se limita a diez, de dos burbujas convivenciales, el número de allegados que se pueden reunir. En Llinars se multiplicaban por 70 y procedentes de lugares tan dispares como España, Italia, Francia o Dinamarca.
La mayoría de los asistentes llevaban días por las comarcas de Gerona y Barcelona, sin saber dónde se celebraría la fiesta. Recibieron un whatsapp, que ahora investigan los Mossos para identificar a los organizadores, con la localización exacta, horas antes del inicio del evento. Al poco rato la carretera y el camino de acceso se llenaban de autocaravanas, furgonetas y camiones de gran tonelaje reconvertidos en casas móviles donde descargar el desatado frenesí sexual. La mayoría iba acompañados de sus mascotas, atadas a las ruedas de los vehículos. Se les había habilitado un parking en la zona montañosa, la más escondida, donde hacer vida y sus necesidades durante cuatro días, el tiempo que preveían que iba a durar.
Según ha contado el director general de los Mossos, Pere Soler, horas después del desalojo, Interior decidió no actuar antes por “la complejidad” del dispositivo. Fuentes sindicales lo achacan a una falta de profesionales evidente que ponía en riesgo la seguridad de los agentes. La Consejeria que dirige Miquel Sàmper preguntó en un ejercicio poco habitual a la de Sanidad cómo debían proceder con los asistentes, si realizándoles PCR o poniéndoles en cuarentena. Finalmente se ha optado por dejarles marchar con una multa de 3.000€ a cada uno. A los organizadores se les impondrá una de 600.000 y, si logran indicios suficientes, se abrirá una investigación penal.
Restos de drogas y alcohol
Pese a que durante la actuación policial algunos participantes consumían sustancias estupefacientes a pocos metros de los agentes, el director de los Mossos, ante los medios, afirmaba no tener conocimiento de haber encontrado ningún tipo de drogas en el interior. También descartaba detenciones que, sin embargo, sí se habían producido. En el interior de la nave también quedaban bolsitas y papeles que se usan para guardar estas sustancias así como vasos y botellas de alcohol.
Los agentes, con un despliegue de más de 200 efectivos de diferentes áreas operativas, han hecho salir uno por uno a los participantes para filiales y multarles. A la vez también registraban sus vehículos. Algunos de ellos, entretanto, aprovechaban para comerse una paella entre amigos a la espera de su turno de identificación. A la salida con los coches las unidades de tráfico les realizaban controles únicamente de alcoholemia a los conductores. Aunque muchos daban positivo no se les inmovilizaba el vehículo. Se les indicaba que debían estacionar en un lateral, algunos haciendo caso omiso, y otros sacando una botella de alcohol nada más pasar el control espetando un “una vez ya he soplado, a beber más… fiesta”.
Durante esta espera, muchos de ellos esperando una alternativa donde continuar la fiesta, los participantes de entre 20 y 40 años se lanzaban al suelo haciendo piruetas en un claro estado de embriaguez. Los que habían dado 0,0 en el control de alcohol o no seguían las indicaciones de la Policía de permanecer en el lugar indicado, casi todos los coches con matrícula extranjera, se dirigían hacia la autopista.
Una situación dantesca, en plena situación de pandemia, con centenares de muertos cada día, que ha dejado atónitos a los vecinos de esta localidad barcelonesa. No entienden cómo los Mossos no actuaron antes, cuando les llamaron insistentemente desde la medianoche del día 1 por el ruido que procedía de la zona, y en las viviendas se limitaba las reuniones a una decena de familiares. Este sábado, desde la distancia, observaban en operativo policial que ha puesto punto y final a una macrofiesta que sus organizadores querían prolongar hasta el martes.
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