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Es oficial y ya está en vigor: la Seguridad Social confirma una pensión vitalicia para hijos mayores de 45 años que hayan cuidado de sus padres

La muerte de un padre o una madre cambia por completo la vida de una familia. Al duelo se pueden sumar además los problemas económicos, especialmente cuando uno de los hijos vivía con el progenitor, dependía de sus ingresos y había dejado en un segundo plano su propia vida laboral para atenderle. Son situaciones bastante habituales, aunque no siempre se conocen las ayudas que existen cuando llega el fallecimiento.

La Seguridad Social contempla precisamente una prestación para algunos de estos casos. Se trata de la pensión en favor de familiares, que puede llegar a cobrar un hijo mayor de 45 años que haya dedicado un periodo prolongado al cuidado de sus padres. Eso sí, haber ejercido como cuidador no es suficiente por sí solo. Para acceder a ella hay que reunir varias condiciones relacionadas con la convivencia, los ingresos y la dependencia económica que existía antes del fallecimiento.

La Seguridad Social confirma una pensión vitalicia para hijos mayores de 45 años

No todos los hijos que hayan cuidado de sus padres pueden acceder a esta pensión tras su fallecimiento. La Seguridad Social la reserva para situaciones muy concretas, en las que existía una dependencia económica real dentro de la familia. Entre los posibles beneficiarios están los hijos mayores de 45 años de pensionistas de jubilación o de incapacidad permanente contributiva que sean solteros, viudos, separados judicialmente o divorciados.

A esto se añade una cuestión clave: haber dedicado tiempo al cuidado del padre o de la madre. Además, durante los dos años anteriores al fallecimiento, el solicitante tiene que haber vivido con su progenitor y haber dependido económicamente de él. Es precisamente este punto el que deja fuera la idea de que basta con tener más de 45 años o haber ayudado habitualmente a los padres para generar el derecho a la pensión. Los hijos tampoco son los únicos familiares que pueden estar protegidos. Dependiendo de las circunstancias, la normativa incluye a nietos, hermanos, padres y abuelos. En cada caso hay que comprobar las condiciones que corresponden, ya que no todos acceden a la prestación de la misma manera.

No basta con demostrar que se cuidó de los padres

Además de la convivencia y los cuidados, se tienen en cuenta los ingresos del solicitante. Una de las condiciones es no tener derecho a otra pensión pública y carecer de medios suficientes para mantenerse. Para determinar esta situación se toma como referencia el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que en 2026 está fijado en 1.221 euros mensuales en 14 pagas, es decir, 17.094 euros al año.

También entra en juego la situación familiar. Si existen parientes obligados legalmente a prestar alimentos y que pueden hacerlo, esta circunstancia puede impedir el acceso a la prestación. De ahí que cada solicitud dependa de la situación concreta de la persona que la pide y no únicamente de los años que haya pasado atendiendo a su padre o a su madre. Y hay que tener en cuenta la situación laboral del fallecido. Si estaba dado de alta o en una situación asimilada al alta, se piden, con carácter general, 500 días cotizados durante los cinco años anteriores a la muerte o 15 años de cotización a lo largo de su vida laboral. Cuando no estaba de alta, son necesarios esos 15 años cotizados. La situación cambia si el progenitor ya era pensionista, puesto que en ese caso no se exige un periodo previo de cotización. Tampoco se pide cuando el fallecimiento tiene su origen en un accidente o en una enfermedad profesional.

Cuánto se puede cobrar con esta pensión

No existe una cantidad idéntica para todos los beneficiarios. La cifra depende de la base reguladora correspondiente al fallecido y de las circunstancias concretas de cada expediente. Con carácter general, la pensión en favor de familiares equivale al 20% de la base reguladora. Además, pueden darse determinados supuestos en los que la cuantía aumente, por ejemplo, cuando no existe cónyuge superviviente ni hijos con derecho a pensión de orfandad. En esos casos entran en juego las reglas y límites establecidos por la Seguridad Social.

Por otro lado, se debte tener claro que esta pensión en favor de familiares no es lo mismo que el subsidio en favor de familiares. Este último tiene carácter temporal y una duración máxima de 12 meses. La pensión, en cambio, puede mantenerse mientras se sigan reuniendo las condiciones necesarias para conservar el derecho.

Cuándo hay que solicitar la prestación

La solicitud puede presentarse una vez producido el fallecimiento. No obstante, conviene no dejar pasar demasiado tiempo porque la fecha en la que se tramite puede influir en los efectos económicos. Si el fallecido estaba en alta, en situación asimilada o no estaba de alta y la petición se presenta dentro de los tres meses siguientes, los efectos económicos pueden producirse desde el día posterior al fallecimiento. Cuando se trataba de un pensionista, comienzan desde el primer día del mes siguiente.

Si la solicitud llega más tarde, la retroactividad máxima es de tres meses desde la fecha en la que se presenta. Por este motivo, aunque el derecho pueda solicitarse posteriormente, retrasar los trámites puede suponer perder mensualidades. La clave, en cualquier caso, está en que tener más de 45 años y haber cuidado de los padres no basta para cobrar esta pensión. Es necesario acreditar la convivencia previa, la dependencia económica y el resto de requisitos establecidos.