La deuda de la IA se dispara un 360%: Wall Street pone en duda la rentabilidad de las grandes tecnológicas
Las empresas vinculadas a la IA han emitido 466.000 millones en deuda frente a los 101.000 millones de hace un año
El entusiasmo alrededor de la inteligencia artificial empieza a agrietarse conforme se acerca la temporada de resultados. Las empresas vinculadas a la IA han emitido 466.000 millones de dólares en deuda en lo que va de 2026, frente a los 101.000 millones registrados durante el mismo periodo del año pasado, un incremento del 361%.
La inquietud también se aprecia en el mercado de deuda. El volumen semanal de negociación de seguros contra impago conocidos como CDS, vinculados a siete grandes compañías tecnológicas, superó los 9.000 millones de dólares en septiembre, frente a menos de 2.000 millones en julio.
Destaca el caso de Oracle, donde el CDS habría alcanzado los 322 puntos básicos el lunes, frente a los 144 puntos con los que comenzó el año. Para SpaceX, la referencia se situaba en 226 puntos básicos, frente a los 110 de finales de junio, mientras que el seguro de deuda a cinco años de CoreWeave rondaba los 1.090 puntos básicos.
Desde XTB señalan que los diferenciales no anticipan por sí solos un impago, pero reflejan cuánto cuesta cubrir el riesgo de crédito de estas compañías. Además, el movimiento coincide con unos planes de inversión cada vez más ambiciosos.
Previsiones del mercado
En esta línea, S&P Global Ratings calcula que Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft, Oracle y SpaceX destinarán conjuntamente unos 870.000 millones de dólares a inversión en capital en 2026, frente a alrededor de 470.000 millones en 2025. El desembolso podría alcanzar los 1,3 billones de dólares en 2027. Además, la agencia ha advertido de que parte de los pasivos vinculados a la infraestructura de IA podría no resultar evidente en las cifras de deuda más convencionales, debido, entre otros factores, a arrendamientos y estructuras de financiación específicas.
La cuestión ya no es únicamente cuánto dinero necesita la industria para construir centros de datos y ampliar su capacidad de computación, sino cuánto negocio generará esa inversión y cuándo empezará a traducirse en caja.
En este sentido, la temporada de resultados será el examen clave por el que tendrán que pasar las grandes tecnológicas. Según las estimaciones recopiladas por FactSet, los beneficios de las denominadas Magnificent Seven (Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla) crecerían un 33,2% interanual en el tercer trimestre, frente al 27,7% previsto para las otras 493 compañías del S&P 500. Cualquier decepción puede tener un efecto desproporcionado en su evolución, teniendo en cuenta que el índice sigue dependiendo en buena medida de un grupo reducido de empresas.
Sin embargo, las previsiones agregadas esconden diferencias importantes. FactSet estima que, si se excluyen Nvidia y Meta, el crecimiento de los beneficios de las otras cinco grandes tecnológicas se reduce al 7,5%. Esto muestra hasta qué punto las expectativas de crecimiento se concentran en determinadas compañías, aunque no significa que el resto del mercado vaya a registrar necesariamente resultados débiles.
Por su parte, Antonio Castelo, analista de iBroker, señala los aspectos que el mercado debe vigilar de cada compañía en esta ronda de resultados. En Microsoft, el dato esencial será el crecimiento de Azure, pero también cuánto cuesta sostenerlo. La compañía ha señalado una inversión de capital aproximada de 190.000 millones de dólares durante el año natural 2026, incluyendo el impacto de mayores costes de componentes. Su dirección anticipa que la demanda de capacidad informática seguirá superando a la oferta disponible durante este año.
Por eso no bastaría con que Azure continuara creciendo con fuerza. Habrá que comprobar si los nuevos centros de datos permiten aumentar los ingresos recurrentes y si los costes de amortización empiezan a presionar el margen operativo.
Las grandes, bajo la lupa
En Alphabet, la atención se concentrará en Google Cloud, su evolución de márgenes y el impacto de la IA sobre las búsquedas y la publicidad. JPMorgan ha elevado sus expectativas de crecimiento para Google Cloud en el trimestre hasta aproximadamente el 100%, aunque se trata de una previsión de esa entidad, no de un consenso general. Alphabet tiene una doble exposición: puede monetizar la IA vendiendo capacidad de computación, pero también debe defender su negocio tradicional de búsquedas frente a nuevos modelos de interacción.
En lo que respecta a Amazon, AWS será la principal referencia para evaluar el retorno de la IA, junto con el margen operativo consolidado y el flujo de caja libre. También interesa la rentabilidad del negocio minorista, que permite financiar una parte importante de sus inversiones. Un crecimiento de AWS inferior a las expectativas, combinado con un capex superior, podría resultar especialmente penalizado.
Meta, por su parte, resulta un caso distinto. Su monetización de la IA se produce fundamentalmente mediante mejoras en segmentación publicitaria, recomendaciones y eficacia comercial de Instagram y Facebook, más que por la venta directa de servicios en la nube. El consenso apunta a unas ventas trimestrales de aproximadamente 63.300 millones de dólares, un crecimiento cercano al 24%.
Sin embargo, será fundamental analizar si ese incremento mantiene el ritmo del beneficio operativo y si las nuevas inversiones previstas para 2027 tienen una justificación económica suficientemente concreta.
Más allá de las ‘Siete Magníficas’
Más allá de los resultados de las grandes tecnológicas, Vega apunta a una posible ampliación del crecimiento de los beneficios hacia el resto del mercado. Para el cuarto trimestre, el consenso de FactSet anticipa un aumento del 30,6% en los beneficios de las otras 493 compañías del S&P 500, frente al 23,6% de las Magnificent Seven.
Si esta tendencia se confirma, financieras, industriales y empresas energéticas podrían contribuir a diversificar el crecimiento del índice, aunque sus resultados no garantizan que puedan compensar una eventual caída de las grandes tecnológicas.
El escenario más delicado sería que las compañías anunciaran nuevas inversiones sin elevar proporcionalmente sus previsiones de ingresos, cartera de pedidos o generación de caja. En ese caso, la presión podría concentrarse en las empresas con valoraciones más exigentes o mayor dependencia de la deuda.
Tomando como referencia un peso del 35% de las siete grandes, una caída conjunta del 10% restaría aproximadamente 3,5 puntos porcentuales al S&P 500 si el resto de los valores permaneciera estable.