El secreto de la fábrica de Red Bull: así se descubre al próximo Diomande
La estructura que impulsó al actual futbolista del Real Madrid basa su modelo en una identidad de juego común, la coordinación internacional y el desarrollo de los jóvenes
El Leipzig pretende aumentar sus ingresos comerciales para depender menos de las ventas y conservar durante más tiempo a sus mejores jugadores
Radiografía de Diomande
En Red Bull no esperan a que un entrenador les diga cómo quieren jugar. Lo tienen decidido desde mucho antes de contratarlo. Tampoco buscan a un futbolista únicamente porque haya encadenado varios partidos buenos. Detrás hay una estructura que lleva años trabajando, una red de clubes que comparte información y una idea que debe sobrevivir a los nombres propios. Así funciona la fábrica que impulsó a Diomande. Un modelo que ha convertido el descubrimiento de talento en una de sus grandes fortalezas y que ahora afronta otro desafío: conseguir que sus mejores jugadores se queden más tiempo.
La explicación comienza con una frase que resume buena parte del proyecto. «Es el club el que determina la forma de jugar al fútbol», explican desde la dirección del Leipzig. El entrenador tiene voz. El director deportivo, también. Pero ninguno puede cambiar por su cuenta el sentido de una estructura diseñada para que todos trabajen en la misma dirección.
Por eso, cuando llega el momento de fichar, la decisión no depende de una sola persona. Participan la dirección deportiva, el cuerpo técnico, el departamento de captación y la estructura global de Red Bull. Distintas miradas para reducir el margen de error. La intención es que el futbolista encaje con el entrenador que está y con la idea que seguirá cuando ese técnico se marche.
El talento necesita un camino
En el Leipzig rechazan que exista un ingrediente misterioso detrás de sus descubrimientos. Hablan de personas, de continuidad y de criterios claros. Algunos integrantes de su departamento de captación llevan alrededor de una década en el club. Conocen el mercado, pero también saben qué deben buscar.
La intensidad, la presión tras pérdida y la verticalidad forman parte de ese filtro. El talento importa. Su encaje en esa manera de competir, también. La ventaja de mantener una identidad es que el trabajo de los ojeadores no tiene que empezar de cero cada vez que cambia el banquillo.
Después aparece la dimensión internacional. Bragantino, Nueva York, Salzburgo y Leipzig permiten compartir conocimientos y dibujar posibles recorridos para los jugadores. Detectar a un adolescente en Brasil puede ser únicamente el principio. Hay que desarrollar su fútbol y prepararlo para lo que encontrará si llega a Europa.
El idioma, la cultura y hasta la temperatura forman parte de esa adaptación. La idea es anticipar dificultades y acompañar al futbolista antes de exigirle rendimiento a miles de kilómetros de casa. No todos seguirán el mismo camino, pero la coordinación permite estudiar cuál puede ser el siguiente paso de cada uno.
En esa estructura, desarrollar jóvenes constituye una exigencia. Clasificarse para la Champions tiene un valor evidente, aunque el resultado no resuelve todas las preguntas. También se analiza cómo se ha conseguido y qué espacio han tenido los jugadores que deben sostener el futuro del club.
El siguiente desafío: conservar a las estrellas
La contradicción del Leipzig está en su propio éxito. Encuentra talento, lo desarrolla y termina viendo cómo otros clubes se llevan a sus mejores futbolistas. Las ventas ayudan a financiar el modelo, pero también obligan a reconstruir el equipo.
El objetivo es reducir esa dependencia mediante el crecimiento de los ingresos comerciales, los patrocinios, la venta de productos y la actividad del estadio. Tener más recursos por esas vías permitiría tomar las decisiones deportivas con mayor margen. No es un cambio inmediato. Desde el club lo describen como un proceso.
Mientras tanto, la identidad debe mantenerse. Ralf Rangnick y Roger Schmidt aparecen señalados como los arquitectos de una forma de jugar que convirtió la presión y el ritmo en señas reconocibles. La estructura global tiene la responsabilidad de conservar esos principios y adaptarlos a la evolución del fútbol.
También se destaca el trabajo de Jürgen Klopp para acercar a los responsables deportivos, los departamentos de captación y las academias de los distintos clubes. Compartir información debe traducirse en decisiones mejores.
Ahí está el verdadero secreto de Red Bull: descubrir a un gran jugador exige mucho más que verlo antes que los demás. Hay que saber qué hacer con él después. Y el Leipzig quiere que, cada vez más, ese futuro pase por quedarse.
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