Juanito, pastor de 150 ovejas en Ecuador, vive a 4.000 metros de altura y no quiere marcharse: «Aquí ni siquiera llegan las enfermedades»
Con 71 años este pastor sigue cuidando de su rebaño de 150 ovejas
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Vivir a 4.000 metros de altura, soportar el frío de la montaña y caminar cada día detrás de un rebaño de ovejas no es el plan que muchos elegirían para su jubilación. Sin embargo para Juanito, no hay otro lugar donde quiera estar. Es un pastor ecuatoriano, de 71 años que nació en los páramos y allí ha criado a su familia, entre jornadas de trabajo, cultivos y una casa levantada con barro y paja. Tiene a su cargo unas 150 ovejas y asegura que la distancia con la ciudad no le pesa. Más bien al contrario. «Aquí ni siquiera llegan las enfermedades», comenta al hablar de la tranquilidad de su entorno. Su testimonio, recogido en un vídeo para el canal de YouTube @josueyeli muestra una vida que no piensa abandonar por ningún motivo.
Su historia se conoció gracias a Josué y Elie, los creadores del canal de YouTube Ecuador y sus paisajes, que pasaron tres días con Juanito y su familia para descubrir cómo es vivir en uno de los entornos más exigentes de Ecuador. El vídeo permite conocer sus costumbres, el trabajo que realiza y las razones por las que nunca ha querido instalarse en otro lugar y por las que es feliz, todavía con más de 70 años viviendo donde lo hace y cuidando de sus ovejas.
Juanito, pastor de 150 ovejas en Ecuador, vive a 4.000 metros de altura y no quiere marcharse
Juanito pertenece a la cultura indígena Panzaleo y conoce aquellos paisajes desde que era pequeño. Sus padres también nacieron allí y le enseñaron a trabajar la tierra y cuidar de los animales, una ocupación que ha seguido manteniendo con el paso de los años. «Mi papá y mi mamá también nacieron aquí. Por eso no nos hemos ido», explicaba durante la visita de los creadores de contenido. Y es que, aunque las condiciones de vida pueden parecer complicadas para quienes están acostumbrados a las comodidades de una ciudad, él no lo ve de la misma manera.
Su familia vive en construcciones sencillas de barro y paja, materiales tradicionales de la zona. Para combatir las bajas temperaturas utilizan leña y, a la hora de dormir, recurren a colchones de paja y varias mantas con las que protegerse del frío. Juanito tiene seis hijos y seis nietos, algunos de los cuales comparten todavía su día a día en la montaña. Para él, haber podido formar una familia y seguir viviendo en la tierra de sus antepasados es motivo suficiente para sentirse afortunado. «Gracias a Dios hemos vivido tranquilamente aquí», asegura.
Así es el día a día de Juanito con sus 150 ovejas a 4.000 metros de altura
Su principal ocupación es el cuidado de un rebaño de aproximadamente 150 ovejas. Cada jornada, alguien de la familia tiene que sacarlas del corral y acompañarlas hasta los lugares donde encuentran alimento. El recorrido no es precisamente corto. Desde su vivienda hasta las zonas de pasto hay unos 40 minutos de camino, aunque algunas jornadas pueden prolongarse bastante más.
«Todos los días pastamos. Pasto yo, mi hija… cualquiera pastamos», cuenta Juanito, que lleva toda la vida acostumbrado a estos desplazamientos. El ganado no es la única fuente de sustento de la familia. También cultivan y recogen algunos de los alimentos que consumen, preparan sus comidas con leña y ocasionalmente bajan al pueblo para comprar productos que necesitan o vender parte de su producción. Entre sus pertenencias hay además un objeto al que Juanito tiene especial cariño: una flauta andina. Suele llevarla cuando sale con las ovejas y aprovecha los momentos de descanso para tocar algunas melodías. Incluso se permite bromear sobre ella, asegurando que «me quiere más que mi mujer».
Por qué este pastor prefiere vivir lejos de la ciudad
Cuando los visitantes le preguntaron por su vida en el páramo, Juanito no se quejó del aislamiento ni de las largas caminatas. Lo que más valora es poder trabajar sin las preocupaciones que, a su juicio, acompañan a quienes viven en las ciudades. «Nosotros vivimos felices aquí. Aquí, mejor, tranquilidad, ni siquiera llegan las enfermedades», comenta el pastor. Se trata de su percepción personal sobre la vida en la montaña, ya que residir a esa altitud no impide contraer enfermedades y también puede presentar riesgos para la salud.
Aun así, Juanito tiene muy claro qué es lo que más le gusta de su hogar. No necesita grandes comodidades para sentirse satisfecho y tampoco parece interesado en cambiar las costumbres que aprendió de sus padres. Su testimonio ha llamado la atención precisamente por esa forma de entender la vida, ya que mientras muchas personas abandonan las zonas rurales en busca de otras oportunidades, él prefiere continuar con sus animales, sus cultivos y su familia. «Nosotros somos felices aquí con la tranquilidad y trabajamos con los 150 borreguitos», explica. Una manera de resumir por qué, después de tantos años en la montaña, no encuentra razones para marcharse.