Los ingenieros químicos coinciden: para limpiar las paredes o las zapatillas sólo debes usar «bicarbonato con agua o jabón líquido»
Bicarbonato, agua y jabón: la mezcla sencilla para limpiar mejor según un ingeniero químico
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El bicarbonato de sodio lleva años siendo considerado como un elemento esencial no sólo en nuestras cocinas (si por ejemplo queremos reducir la acidez de una salsa o que un ingrediente esté demasiado blando), sino que además siempre aparece en muchos trucos de limpieza doméstica. Y lo mejor es que no hace falta preparar mezclas complicadas ni recurrir a fórmulas con varios ingredientes para aprovecharlo. Algo de lo que ha hablado el ingeniero químico Diego Fernández que en un vídeo desde su cuenta de Instagram @renovandoconideas ha explicado que una de las formas más sencillas de utilizar el bicarbonato consiste en mezclarlo con un poco de agua o con jabón líquido hasta conseguir una pasta que pueda aplicarse sobre determinadas superficies.
Su recomendación parte de algo bastante básico y es que el bicarbonato puede actuar como un abrasivo suave cuando no está completamente disuelto. Esa textura ayuda a desprender restos de suciedad al frotar, algo que Fernández aprovecha especialmente para limpiar paredes y el borde de las suelas de las zapatillas. No se trata, insiste el ingeniero, de atribuirle propiedades extraordinarias sino que en realidad, su utilidad depende de cómo se emplee y del tipo de suciedad que se quiera retirar, algo que también conviene tener presente antes de aplicar cualquier producto casero sobre una superficie delicada.
Para limpiar las paredes o las zapatillas sólo debes usar «bicarbonato con agua o jabón líquido»
El bicarbonato de sodio es un compuesto ligeramente alcalino y esa característica ayuda a explicar parte de su capacidad para limpiar. La Universidad de Georgia lo incluye entre los álcalis suaves empleados en el hogar y señala que puede ayudar a eliminar grasa y determinadas suciedades. Cuando se utiliza sin disolver por completo, además, sus pequeñas partículas aportan una acción abrasiva que permite arrastrar restos adheridos mediante fricción.
Ese doble comportamiento es precisamente el que destaca Diego Fernández. En lugar de diluir una gran cantidad en agua, propone añadir únicamente el líquido necesario para conseguir una pasta. Puede hacerse con agua o con una pequeña cantidad de jabón líquido. Y al pasarla sobre la superficie y frotar, los granos de bicarbonato ayudarán a desprender la suciedad, mientras que el jabón, si se utiliza, añadirá la acción de sus tensioactivos frente a restos de grasa.
La mezcla que utiliza para limpiar paredes y zapatillas
Fernández resume su método de una forma muy sencilla. Prepara una pasta con bicarbonato y una pequeña cantidad de agua o de jabón líquido y la emplea para repasar las zonas donde la suciedad se ha quedado adherida. Entre los ejemplos que menciona están las paredes y, en el calzado, especialmente el borde de la suela, una zona que suele acumular roces, polvo y manchas difíciles de retirar únicamente con un paño húmedo.
No existe una proporción única porque la idea consiste en ajustar la cantidad de líquido hasta conseguir una consistencia manejable. Si se añade demasiada agua, el bicarbonato se disuelve en mayor medida y se pierde parte de esa acción mecánica que interesa para frotar. Una mezcla más espesa, en cambio, permanece sobre la zona y permite trabajarla durante unos instantes antes de retirarla con un paño limpio. Eso no significa que pueda utilizarse sin precaución sobre cualquier material. Como sucede con cualquier abrasivo, aunque sea suave, conviene probar primero en una zona poco visible. Las recomendaciones de limpieza de la Universidad de Georgia insisten precisamente en comprobar antes cómo responde la superficie cuando existe riesgo de alterar el acabado.
También puede ayudar con los olores del calzado
El uso que hace Fernández del bicarbonato no termina en la limpieza mediante fricción. El ingeniero químico también menciona su capacidad para absorber humedad y disminuir determinados olores. Una aplicación posible es espolvorear una pequeña cantidad en el interior de zapatos que hayan acumulado sudor, o utilizarlo en el fondo del cubo de basura para ayudar con los líquidos y olores que pueden aparecer. El efecto, sin embargo, no confundirse con una desinfección. Limpiar, desodorizar y desinfectar son procesos diferentes. Es decir, que el bicarbonato puede ser útil para retirar suciedad o reducir olores, pero no sustituye a un producto desinfectante cuando sea necesario eliminar microorganismos de una superficie.
Un producto sencillo, pero no válido para todo
La popularidad del bicarbonato se explica en parte porque es barato, fácil de encontrar y tiene usos muy distintos. Para manchas superficiales o suciedad adherida puede convertirse en una alternativa práctica, especialmente cuando se prepara como pasta y se utiliza con moderación. Sin embargo, la clave está precisamente en no tratarlo como un producto universal. Los materiales delicados, los acabados brillantes o determinadas superficies pueden sufrir si se frota con demasiada fuerza. También conviene evitar extender automáticamente una receta que funciona en una pared pintada resistente a otra con un acabado diferente, o aplicar la misma técnica en cualquier tipo de calzado.
La recomendación de Diego Fernández es bastante más sencilla de lo que muchas veces se ve en redes sociales: bicarbonato, un poco de agua o jabón líquido y fricción sobre la zona que se quiere limpiar. Nada de mezclas con cinco productos ni reacciones espectaculares. Su eficacia está precisamente en una propiedad física básica que lleva décadas aprovechándose en la limpieza doméstica y que no es otra que su capacidad para actuar como un abrasivo suave.
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