Dani, el vecino más joven de un pueblo de 78 habitantes de Asturias, recupera un oficio tradicional que está a punto de desaparecer: «Se va a perder el conocimiento»
La historia de un joven que ha decidido mudarse a un pueblo de Asturias y se dedica al teitado
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Dani es un joven que vive en Corés, un pequeño pueblo de Asturias de apenas 78 habitantes, y se ha empeñado en recuperar un oficio que cada vez conocen menos personas: el teitado. La técnica consiste en cubrir los tejados con escoba, un arbusto que se corta en determinadas condiciones y que durante siglos se utilizó para proteger las cabañas de las brañas de montaña. Él ha decidido aprenderlo de los mayores y aplicarlo en una construcción que compró este mismo año en La Pornacal, dentro del Parque Natural de Somiedo.
La cabaña se encuentra a unos 1.400 metros de altitud y conserva la estructura tradicional de este tipo de edificaciones. Dani quiere devolverla a su estado original sin convertirla en algo distinto. Su padre, Aníbal, cantero y albañil, trabaja con él, mientras que Eladio, antiguo propietario de la construcción y con 83 años, les enseña cómo colocar correctamente la escoba sobre el tejado. El problema es que cada vez quedan menos personas capaces de hacerlo.
Dani, el vecino más joven de un pueblo de 78 habitantes de Asturias, recupera un oficio tradicional
Teitar no consiste tan sólo en colocar ramas sobre un tejado. La escoba debe cortarse con buen tiempo y, según la tradición que han mantenido quienes conocen el oficio, en luna menguante. Si se recoge mojada puede pudrirse una vez colocada y si se corta en otro momento, cuando la savia todavía está arriba, puede romperse con más facilidad.
Dani y su padre salen al monte durante los días previos para buscar la mejor escoba, algo que, según explica, termina siendo más complicado que colocarla sobre la cubierta. Los arbustos más adecuados suelen encontrarse precisamente en lugares de difícil acceso. Después se atan formando haces aunque suelen pesar alrededor de 20 kilos, antiguamente podían alcanzar los 30 o 40, y cuando llega el momento de teitar, se colocan desde la parte baja del tejado hacia arriba, superponiéndolos hasta conseguir una cubierta resistente al agua, dejando la escoba antigua y colocando capa sobre capa.
Las brañas de Somiedo y unos tejados que cada vez son más difíciles de conservar
La Pornacal es una de las brañas más conocidas del valle del Pigüeña. Durante siglos, estos lugares funcionaron como asentamientos de verano para los ganaderos, que subían con el ganado a las zonas altas entre mayo y octubre para aprovechar los pastos.
Las cabañas se construían pensando precisamente en esa forma de vida. En la planta inferior estaba la cuadra, con los pesebres para los animales. Encima se encontraba el pajar y, en un espacio mucho más reducido conocido como cabano, dormían y cocinaban los pastores.
La cubierta de escoba era una parte fundamental de la construcción, pero también exige mantenimiento. Las zonas más sombrías necesitan ser teitadas con mayor frecuencia y dejar pasar varios años sin intervenir puede terminar dañando seriamente la estructura. Dani calcula que actualmente quedan entre 35 y 40 teitos en pie en La Pornacal, mientras que hace unos 30 años había alrededor de 60. El Ayuntamiento ha restaurado alguno de ellos y varios vecinos han comenzado también a intervenir en sus propias cabañas.
«La juventud no quiere los oficios duros»
Aníbal conoce bien el problema. Es cantero y albañil y, aunque nunca había teitado porque en la zona donde creció se utilizaban cubiertas de teja y losa, sabe lo difícil que resulta encontrar personas jóvenes dispuestas a continuar con determinados trabajos tradicionales. «La juventud no quiere los oficios estos duros», lamenta. De quienes trabajan la piedra, explica, cada vez quedan menos y teme que ocurra exactamente lo mismo con el teitado.
Lo que más le preocupa no es únicamente que desaparezca el oficio, sino que se pierda la manera de hacerlo. «Llegará a acabarse porque se va a perder el conocimiento, que es lo peor»», asegura. Por eso resulta importante la participación de Eladio. A sus 83 años, fue albañil desde los 17 y conoce la técnica que se ha utilizado durante generaciones. El día que comenzaron a trabajar en la cabaña acudieron amigos, vecinos y voluntarios para ayudar. Colocaron unos 50 haces de escoba y consiguieron cubrir la parte trasera del teito. Todavía faltaban entre 15 y 20, por lo que tendrán que volver al monte cuando llegue otra luna menguante.
Una cabaña restaurada sin borrar lo que había antes
Dani tampoco quiere transformar el interior para adaptarlo a una vivienda moderna. Su intención es conservar los pesebres, la pendiente por la que antiguamente se evacuaba el orín de las vacas y buena parte de las maderas originales. Las paredes se sanearán y la piedra se rejuntará intentando mantener el mismo aspecto.
Mientras limpiaba el antiguo cabano encontró algunos objetos que habían quedado allí después de que los últimos pastores abandonaran la cabaña: un banco de madera, una lechera oxidada, un colador y varias baldas. Pero entre todos ellos había uno especialmente llamativo. Se trataba de un vaso fabricado con un cuerno de vaca y cerrado con un tapón de corcho, utilizado por los pastores para beber agua de las fuentes. En él aparecen grabados un nombre, un pueblo y una fecha: 25 de mayo de 1934.
El joven quiere conservarlo dentro de la cabaña cuando terminen los trabajos. Su intención es organizar durante el día actividades, talleres y comidas con productos del pueblo. Y, sobre todo, que dentro de unos años los teitos de La Pornacal continúen formando parte del paisaje.
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