Los arquitectos expertos en ahorro energético coinciden: «A una bomba de calor le va bien que le pidas poco, que sea una casa, que esté bien aislada»
Cuándo una bomba de calor consigue ahorrar de verdad
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Pasarse de una caldera de gas a una bomba de calor puede ser una solución para una calefacción más económica en casa, pero lo cierto es que no garantiza por sí solo una factura mucho más baja. El ahorro puede llegar, pero depende bastante de la casa, de cómo esté construida y también del sistema de calefacción que ya tenga instalado. De hecho, algunas personas hacen el cambio esperando notar una diferencia enorme en el consumo y después descubren que no es tanta.
El arquitecto técnico Jordi Martí ha querido insistir precisamente en esto. La bomba de calor da mejores resultados cuando trabaja sin tener que ir constantemente al límite. Si la vivienda conserva bien la temperatura, el equipo necesita menos energía y puede funcionar de una forma mucho más eficiente. «A una bomba de calor le va bien que le pidas poco, que sea una casa, que esté bien aislada», explica.
Los expertos en ahorro energético coinciden: «A una bomba de calor le va bien que le pidas poco»
Sustituir una caldera y dejar todo lo demás exactamente igual no siempre es suficiente. Una vivienda con poco aislamiento, ventanas antiguas o muchas pérdidas de calor obliga al equipo a trabajar durante más tiempo para mantener una temperatura agradable. Ahí es donde empiezan las diferencias entre lo que se espera y lo que realmente ocurre. Martí señala que, en teoría, una bomba de calor puede reducir mucho el consumo, pero después las facturas no siempre reflejan esa rebaja de una forma tan clara.
«En teoría debería dividir el consumo por tres o por cuatro, pero miras las facturas y eso no lo notas tanto. Y el confort, pues eso, que a veces no da», señala. El problema puede estar, por tanto, en las condiciones en las que tiene que trabajar. Si la casa necesita mucha energía para calentarse o los radiadores exigen temperaturas elevadas, la bomba de calor pierde parte de la ventaja que puede ofrecer en una vivienda mejor preparada.
El ejemplo de Kilian Jornet para entender qué pasa
Para explicar mejor la situación, Jordi Martí utiliza un ejemplo bastante gráfico con Kilian Jornet. El deportista catalán está acostumbrado a correr por la montaña y puede subir desniveles enormes con una eficiencia difícil de igualar. Pero eso no significa que sea el mejor en cualquier tipo de esfuerzo.
«Kilian Jornet te sube el Everest en un momento con una eficiencia brutal, pero si le pones a transportar pianos seguramente no destacará mucho», explica el arquitecto técnico. Con una bomba de calor puede ocurrir algo parecido. En una casa bien aislada, donde las pérdidas de temperatura son pequeñas, el sistema puede trabajar con tranquilidad y ofrecer un consumo muy reducido. En cambio, colocarla en una vivienda mal aislada y exigirle que alimente radiadores convencionales puede obligarla a trabajar mucho más de lo previsto.
«Si tienes una vivienda mal aislada con radiadores normales y quieres cambiar la caldera por una bomba de calor será como hacerle transportar pianos», señala Martí. La comparación explica también por qué dos viviendas con el mismo equipo pueden acabar teniendo consumos muy distintos.
El aislamiento de la casa marca una gran diferencia
El aislamiento es uno de los puntos que más influyen en el funcionamiento de una bomba de calor. Una vivienda que conserva bien la temperatura necesita menos energía para calentarse y permite que el equipo trabaje a baja potencia durante más tiempo. Ahí es donde estos sistemas pueden aprovechar mejor su eficiencia.
«Lo que quiere la bomba de calor es ir tranquila, es cuando brilla. No le pidas mucha potencia», explica Martí. Las ventanas también tienen un papel importante, ya que si son antiguas o tienen filtraciones, parte del calor generado se pierde constantemente. Lo mismo ocurre con las paredes, el tejado o incluso el suelo, dependiendo de las características que tenga la casa o el edificio.
Por eso, antes de sustituir una caldera, lo mejor que se puede hacer es revisar primero en qué estado se encuentra la vivienda. Mejorar el aislamiento o cambiar unas ventanas antiguas puede reducir la cantidad de energía necesaria para mantener la temperatura y, a partir de ahí, permitir que la bomba de calor trabaje de una forma mucho más eficiente. También influye el sistema utilizado para repartir el calor. El suelo radiante, por ejemplo, funciona con temperaturas más bajas y suele adaptarse bien a este tipo de equipos. Los radiadores convencionales pueden necesitar temperaturas más altas, lo que obliga a la bomba de calor a trabajar con mayor intensidad.
En definitiva la conclusión de Martí es bastante sencilla. La bomba de calor puede consumir muy poco, pero para conseguirlo necesita una vivienda que no le exija continuamente trabajar al límite. Cuanto menor sea la cantidad de energía necesaria para calentar la casa, mejores serán sus resultados.
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