Cultura

‘Tío Grande’: el relato de historias humanas muy bien trenzadas de Jacobo Bergareche

Jacobo Bergareche publica 'Tío Grande', un nuevo libro con el que nos lleva de viaje por Guinea-Conakri con su inesperado amigo Amadou

Jacobo Bergareche siempre me interesa. Me da igual de lo que escriba o hable, me da igual que sea sobre arquitectura, Kate Moss, la crisis de los pijos de los 40 años que se convierten en runners a la vejez, viruelas; o de las escenas más locas y escatológicas jamás escritas en un libro. Todo me interesa porque me gustaría vivir la vida con la misma pasión y arrojarme a los brazos de los vicios legales o ilegales con su misma despreocupación. Siempre he tenido miedo a las drogas y a ser gorda, en ese orden. No me escondo ni lo niego.

Bergareche acaba de publicar Tío grande (Libros del Asteroide) y no sé por dónde empezar a contar de qué va o con qué nos conecta, porque lo cierto es que nos conecta con los más puros sentimientos humanos, esos que a veces creemos no tener o creemos no percibir en los demás. Hasta que te cuentan esta historia de personas tan bien trenzada.

Comienza el relato con la celebración anual de un torneo de mus en honor a Roque Bergareche, hermano del autor asesinado en África de un disparo. En aquel país tenía algunos negocios que, además, estaban comenzando a florecer. Negocios que, por cierto, hoy siguen activos y en manos de aquel amigo con el que se asoció. Que tanto esfuerzo siga adelante y en acción en tiempo presente debe ser también, creo yo, algo así como un homenaje permanente.

En aquel torneo, Jacobo Bergareche, con el fin de poder seguir con la celebración en el local donde se desarrollaba la farra anual, entabló conversación con Amadou, el encargado de la propiedad que tenía el reto de que nada se fuera de madre. En aquel intercambio, posiblemente con el fin de que les dejara más tiempo de celebración, el autor le contó la historia de su hermano en África.

A pesar de ser reservado y tímido, de acuerdo con el libro, Amadou se abre y le cuenta la historia de cómo salió de Guinea-Conakri para llegar a España, al «país de los blancos». De cómo es salir en camiones del país, llegar a Melilla y estar un año esperando el mejor momento para llegar a la Península, o cómo es salir con tus amigos del colegio con 11 años y no saber nada de ellos en años o jamás, porque los caminos se bifurcan por miles durante el recorrido.

Muchos terminan como «comida de peces», que es como llaman en África a los que se embarcan en un viaje al que no saben si sobrevivirán.

Algunas páginas están llenas de optimismo, como el nacimiento del amor con los códigos de Guinea-Conakri o los amaneceres en la casa familiar de Bergareche en Andalucía, que más tarde regalará a su familia, haciéndoles ver que cada uno de ellos es diferente y que la vida sigue, a pesar de la pérdida.

Llenas también de bofetones de realidad, como cuando describe el concepto psicológico de la súbita pérdida de la continuidad del yo, que es algo así como decir, a grandes rasgos, que aquello que tenías previsto en tu vida salta por la ventana cuando aparece un hecho con el que, obviamente, no cuentas. Un hecho que, a menudo, te deja hecho polvo.

Y de risas, también de las páginas están hechas de risas. La risa como el refugio cómico de la tragedia.