Cultura

La ambiciosa exposición en Madrid donde poder comprar un Picasso, una tanagra griega y un emperador romano

La Galería de María Porto & David Bardía pone a Picasso frente a los códigos iconográficos y estéticos del mundo clásico: Roma, Grecia y Egipto

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Es probablemente una de las exposiciones más ambiciosas de la Galería de María Porto & David Bardía en Madrid. Un encuentro entre Picasso y el arte de la antigüedad, especialmente las civilizaciones apegadas al Mediterráneo. No veremos al Picasso cubista, observamos más bien a un artista con una mirada en el Mediterráneo y sus civilizaciones más clásicas, centradas muchas de sus obras en el ser humano.

La exposición se ha presentado bajo el nombre Picasso contra el tiempo, un recorrido por el imaginario iconográfico de Picasso a lo largo de las diferentes etapas de su vida. En un mismo espacio podemos encontrar torsos masculinos y femeninos clásicos que, probablemente, formarían parte de algún edificio o conjunto artístico; las conocidas tanagras del mundo griego, bustos hieráticos de Egipto, ánforas con pinturas negras o una escultura a tamaño real de un emperador romano reinado de Domiciano, que nos da la bienvenida a la muestra.

Se trata de un diálogo entre la obra de Picasso y piezas clásicas, todas ellas procedentes de colecciones privadas que ahora buscan nuevo hogar. Debemos tener en cuenta que todas las piezas de esta muestra están a la venta, aunque tenemos la oportunidad de conocerlas fuera de los museos arqueológicos, que es donde suelen exponerse.

Con respecto a la relación de Picasso con el arte antiguo, existen numerosos estudios que afirman que la iconografía picassiana se nutre, en gran parte, de la mitología clásica. Una inspiración que va más allá de la temática, tratando en diferentes ocasiones el mito del laberinto y el minotauro, sino también desde la perspectiva de la disciplina. Es muy usual que en la producción de Picasso veamos diferentes piezas cerámicas, una práctica muy extendida entre las culturas clásicas.

Estatua thoracata de emperador, Romana. @ Cortesía

Uno de los ejes temáticos que podemos encontrar en las obras presentadas es el cuerpo humano, estudiado a lo largo de todas las etapas de la historia y uno de los elementos centrales de la obra de Picasso. Una producción importante donde evoluciona a lo largo de las décadas hacia el cubismo, pero sin dejar de inmortalizar en ningún momento la figuraa humana. Es decir: el canon y la iconografía representada a través del cuerpo en la cultura griega, egipcia y romana no son ignorados por el artista.

Sometido a un profundo estudio y transformación, encontramos piezas como Los acróbatas (1905), donde abandona la estabilidad del modelo clásico y centra el foco en la compresión del cuerpo en movimiento. Fascinado por la mecánica del equilibrio y la arquitectura humana, realiza este estudio de una figura en tres momentos diferentes, captados del natural en ágiles trazos. En la figura desnuda de Crátera de los Guerreros (Circa 450 a.c) encontramos la tensión del equilibrio del cuerpo sujeto al movimiento del guerrero, delineado en finos trazos que resumen la dinámica de la posición.

Torso masculino ideal siguiendo el modelo del Doríforo de Policleto, Roma . @ Cortesía

Incidiendo en la representación del cuerpo humano en la muestra, con la figura femenina, encontramos una serie de Tanagras de diferentes dimensiones, catalogadas en los siglos III-I.V a.C. Estas terracotas griegas se reflejan en Études de personnages (1905), una pieza que expone un momento crucial de la etapa inicial del artista: la transición entre los periodos azul y rosa, marcada por la influencia fundamental del arte griego, especialmente durante el periodo arcaico.

Estas Tanagras griegas son figuras de alrededor de 20-30 centímetros que se policromaban y se usaban como ornamento doméstico o para uso funerario. Este tipo de terracotas, además, representaba escenas cotidianas de la vida de los griegos. La muestra tiene varias, pero una de ellas llama la atención por llevar un disco en la cabeza, a modo de tocado, y viste una amplia túnica, conocida como ‘himation’. Muchas de estas estatuillas aparecieron a finales del s. XIX al Norte de Atenas, cuando fueron encontradas de manera fortuita por campesinos de la zona.

Desde su aparición, las Tanagras se benefician de una publicidad considerable, en especial en la Exposición Universal de París de 1878. Las figuritas se convirtieron en objeto de deseo de los coleccionistas burgueses, quienes se sentían hechizados por la delicadeza de las obras.

Nú Couche, Picasso. @ Cortesía

De todas las obras, llama la atención una escultura exenta monumental de un emperador romano de unos dos metros de altura, un magnífico ejemplo de la imagen oficial del emperador en época de la dinastía Flavia (69-96 d.C.). Representado como militar, jefe supremo del ejército, con el atuendo denominado thoracato, es decir, con coraza anatómica y un manto. Cabe señalar asimismo que, pese al exquisito trabajo de modelado y detalle de la pieza, la parte trasera aparece sin terminar, casi en plano, aunque con los detalles indicados mediante incisión, lo que indica que sería una escultura ideada para ser colocada frente a un muro, en visión estrictamente frontal.

La maternidad es una de las temáticas más destacables dentro de los diálogos que establecen las obras de Picasso con las piezas arqueológicas. Mère et fil (1904), enmarcada en la etapa azul, dialoga intimamente con Virgen con el niño (hacia 1375), donde ambas figuras femeninas se representan desde la maternidad protectora. En Mère et enfant (1943) volvemos a la maternidad, pero desde una perspectiva extraña dentro de la obra de Picasso, los primeros pasos. Esta pieza se engloba dentro de una revisión póstuma que realizó del óleo Primeros pasos ese mismo año.

Los acróbatas, de Picasso. @ Cortesía

Picasso contra el tiempo propone un diálogo entre el artista y las obras que, desde diferentes épocas, formaron parte de la tradición visual que conoció y transformó. La exposición invita al espectador a encontrar las correspondencias entre las piezas arqueológicas y las obras de Picasso, descubriendo cómo determinados temas, lecturas y técnicas atraviesan el tiempo para reaparecer transformados bajo una nueva mirada.