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Morgan Freeman (89 años): «Me uní a la Fuerza Aérea. Hice tres años, ocho meses y diez días, pero me tomó un año y medio para ser desengañado de mis nociones románticas sobre ella»

Morgan Freeman decidió cambiar de vida y terminó dedicándose al mundo de la interpretación

Rechazó una beca para alistarse en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos

Su sueño de la infancia era convertirse en piloto de combate, aunque después tuvo otros intereses

Morgan Freeman ha construido una de las carreras más famosos de Hollywood, pero antes de convertirse en uno de los actores más respetados de su generación tuvo que enfrentarse a una elección que marcaría buena parte de su vida. Cuando era joven, su gran sueño no estaba en los escenarios ni delante de una cámara, sino en el cielo.

A sus 89 años, el intérprete recuerda aquella etapa como un periodo decisivo. Morgan se alistó en la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 1955, después de renunciar a una beca de interpretación, con la intención de acercarse al mundo de la aviación. Sin embargo, la realidad de la vida militar terminó siendo muy diferente de la imagen que había construido en su imaginación a través del cine.

«Me uní a la Fuerza Aérea. Hice tres años, ocho meses y diez días, pero me tomó un año y medio para ser desengañado de mis nociones románticas sobre ella», explicó años después en una entrevista.

El sueño de convertirse en piloto

La fascinación de Morgan Freeman por los aviones comenzó mucho antes de su llegada a la Fuerza Aérea. Durante su juventud había imaginado que algún día podría convertirse en piloto de combate, una aspiración alimentada en buena medida por la representación de la aviación que veía en las películas.

A los 18 años tuvo que elegir entre dos caminos. Por un lado estaba la posibilidad de continuar formándose en interpretación gracias a una beca parcial de arte dramático. Por otro, la oportunidad de alistarse en la Fuerza Aérea y acercarse a aquel mundo de aviones que tanto le había fascinado.

Freeman escogió entonces la segunda opción. El paso del tiempo demostraría que aquella decisión no supuso abandonar definitivamente la interpretación, sino retrasar durante unos años el comienzo de una carrera que acabaría convirtiéndolo en una de las grandes figuras del cine estadounidense.

Cuatro años muy complejos

Durante su etapa en la Fuerza Aérea, Morgan Freeman trabajó como mecánico y técnico de reparación de radares de seguimiento automático. Diversas biografías sobre el actor describen su puesto como Automatic Tracking Radar Repairman, una labor especializada vinculada al mantenimiento de los sistemas de radar.

Alcanzó el rango de Aviador de Primera Clase, antes de abandonar la institución en 1959. Su servicio duró menos de cuatro años, algo que él mismo resumió con una precisión poco habitual al recordar que estuvo allí tres años, ocho meses y diez días.

La experiencia también le permitió comprobar que la realidad de la Fuerza Aérea poco tenía que ver con la versión idealizada que había visto en la gran pantalla. La frase de Freeman sobre aquel periodo resume precisamente ese contraste: entró atraído por una idea romántica de la aviación y necesitó aproximadamente un año y medio para comprender que aquella imagen no se correspondía con la vida que estaba llevando.

De la Fuerza Aérea a Los Ángeles

Después de recibir la baja honorable en 1959, Morgan Freeman puso rumbo a Los Ángeles para intentar abrirse camino como actor. El cambio no fue inmediato y su carrera tardaría todavía décadas en alcanzar la dimensión que posteriormente tendría.

Lejos de convertirse de inmediato en una estrella, Freeman tuvo que recorrer un largo camino profesional. Sus primeros trabajos estuvieron vinculados al teatro y a la televisión, mientras intentaba hacerse un hueco en una industria en la que el reconocimiento llegaría de manera tardía.

Precisamente por eso, su trayectoria resulta poco habitual dentro de Hollywood. El actor no alcanzó la enorme popularidad internacional que terminaría acompañándolo hasta una etapa avanzada de su vida. Películas como Paseando a Miss Daisy, Sin perdón, Cadena perpetua o Million Dollar Baby terminarían consolidando una carrera que se prolongó durante décadas.

A los 65 años volvió a mirar al cielo

La historia tuvo una especie de segunda parte cuando Morgan ya había cumplido 65 años. Después de haber pasado su juventud trabajando alrededor de aviones sin poder cumplir su sueño de pilotarlos, consiguió finalmente la licencia de piloto privado.

La aviación dejó así de ser únicamente una aspiración de juventud. Freeman comenzó a volar y llegó a disponer de varios aviones, entre ellos un Cessna 414, un Cessna Citation 501 y, posteriormente, un Emivest SJ30, según publicaciones especializadas del sector aeronáutico.

Además, en 2014 protagonizó un episodio que volvió a poner de actualidad su faceta como piloto. Durante un vuelo hacia Toronto, el avión que estaba pilotando sufrió problemas técnicos relacionados con los slats de las alas. Freeman tuvo que regresar al aeropuerto y, después de varios intentos, terminó utilizando otra aeronave de su propiedad para continuar el viaje. El propio actor explicó entonces que no había estado en peligro.

Una experiencia que nunca quedó atrás

Después de todo, la etapa de Morgan Freeman en la Fuerza Aérea forma parte de una biografía mucho más amplia que la de una estrella de cine. Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles de Hollywood, fue un joven que decidió aparcar temporalmente su vocación artística para intentar cumplir un sueño relacionado con la aviación.

La experiencia terminó enseñándole que la realidad era diferente de aquella versión romántica que había imaginado. Sin embargo, el paso por la institución militar no significó el final de su relación con los aviones. Más tarde, cuando ya había alcanzado una posición que le permitía hacerlo, volvió a perseguir aquel sueño y obtuvo su licencia de piloto.