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Maribel Verdú, sobre el envejecimiento: «La arruga es el mapa de lo que hemos reído y vivido»

Maribel Verdú tiene 56 años y ha lanzado un mensaje importante sobre el envejecimiento

Lleva una alimentación saludable, hace mucho deporte y cuida mucho su piel

La actriz se ha convertido en una de las figuras más importantes de su generación

Maribel Verdú pertenece a esa generación de intérpretes que ha conseguido convertir una larga carrera cinematográfica en algo más que una sucesión de películas. A sus 55 años, continúa siendo uno de los rostros más famosos y queridos del cine español, con una trayectoria que incluye dos Premios Goya, el Premio Nacional de Cinematografía y un Premio Ariel en México.

Su eterna sonrisa y una personalidad alejada de cualquier afectación han acompañado una carrera en la que ha trabajado con algunos de los directores más importantes de la industria internacional, entre ellos Guillermo del Toro y Francis Ford Coppola.

Aprender a mirarse con otros ojos

Maribel Verdú es desde hace dos temporadas embajadora de la línea Cellular Epigenetics de Nivea, una colaboración que le ha permitido hablar públicamente sobre su relación con la edad y con su propia imagen. Con motivo del lanzamiento de tres nuevos productos de la gama, la actriz ha compartido una reflexión que resume buena parte de su filosofía.

«He aprendido a mirarme al espejo con cariño y no con crítica, la arruga es el mapa de lo que hemos reído y vivido», asegura.

Esta frase refleja una manera de entender el paso del tiempo alejada de la obsesión por detenerlo. Para Maribel, las marcas que aparecen en el rostro no son únicamente una cuestión estética, sino también el resultado visible de una vida llena de experiencias. Cada arruga puede convertirse así en una parte de la propia biografía, en el recuerdo de los años vividos y de todo aquello que ha contribuido a construir una personalidad.

La infancia de Maribel Verdú

Cuando Maribel Verdú llegó al mundo, el franquismo se encontraba en sus últimos años y España se preparaba para una transformación profunda. Pero aquella realidad quedaba muy lejos de las preocupaciones de una niña cuya vida giraba alrededor de sus amigos del colegio, los juegos, los veranos y el tiempo compartido con su familia.

Maribel Verdú posando. (Foto: Instagram)

Su infancia transcurrió entre distintos lugares. Pasó sus primeros años en San José de Valderas, en Alcorcón, y también en el distrito madrileño de Argüelles, donde creció prácticamente junto a sus abuelos mientras acudía al colegio Santo Ángel de la Guarda. Los veranos tenían otros escenarios: Coruña, tierra de su abuela, y Alicante, destinos ligados a los recuerdos familiares.

Aquellos años también estuvieron marcados por una personalidad que ya entonces parecía buscar su propio camino. Estudiar en un colegio de monjas no resultó sencillo para una niña que, según ella misma ha contado en diferentes ocasiones, no encajaba demasiado bien en los moldes establecidos.

Una hermana que no llegó a nacer

Detrás de aquella infancia aparentemente existía una historia familiar mucho más delicada. Maribel Verdú no supo durante sus primeros años que su propia llegada al mundo estuvo precedida por una circunstancia dolorosa.

Su madre había conseguido quedarse embarazada de dos mellizas, un embarazo que la familia esperaba con enorme ilusión. Sin embargo, las complicaciones fueron de tal gravedad que una de las niñas murió antes de llegar al parto. Finalmente, solo nació Maribel.

Es una circunstancia que forma parte de su historia personal y que ayuda a comprender la importancia que siempre ha concedido a los vínculos familiares. Con el paso de los años, la actriz ha mantenido una relación especialmente estrecha con los suyos y ha hablado con cariño de sus hermanas, a las que continúa considerando una parte fundamental de su vida.

Pedro Larrañaga, su gran apoyo

Hay una característica que se repite al observar la vida personal de Maribel Verdú: su capacidad para mantener relaciones duraderas. No solo en el ámbito familiar o entre sus amistades, sino también en su vida sentimental.

La actriz está casada con el productor Pedro Larrañaga desde 1999, una relación que ha superado ya el cuarto de siglo. En un mundo en el que las relaciones personales están sometidas con frecuencia a cambios constantes, Verdú ha construido buena parte de su vida alrededor de vínculos que han sabido resistir el paso del tiempo.

Algo parecido ocurre con sus amistades. A sus 55 años conserva todavía a personas que forman parte de su vida desde que era una niña. Es el caso de Nuria, una de sus grandes amigas de infancia, a quien considera prácticamente como una hermana.

Quizá por eso sus palabras sobre el envejecimiento adquieren un significado especial. Cuando Maribel Verdú habla de aprender a mirarse con cariño, no se refiere únicamente a aceptar los cambios físicos. Habla, en realidad, de reconocer en el presente a todas las personas, experiencias y recuerdos que han formado parte del camino.

Su carrera cinematográfica puede medirse en películas, premios y reconocimientos. En cambio, su vida parece medirse de otra manera: en los años compartidos con su familia, en las amistades que todavía conserva desde niña, en los veranos junto a sus abuelos y en las experiencias que han ido dejando su huella.