Sin yates ni chalets, pero con el Parlament ardiendo y aumento de sueldo: la doble vida (y paradoja) de Salvador Illa
Salvador Illa combina austeridad personal con tensión política extrema
Su vida privada es modesta: un Golf de 2003, dos propiedades y un estilo de vida prudente
Sin embargo, en el Parlament, la retirada de los presupuestos de 2026 evidencia su fragilidad frente a ERC
Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya, ha decidido dar un giro inesperado a la tramitación de los presupuestos de 2026: tras semanas de negociaciones tensas con ERC, el Govern ha acordado retirarlos para «ganar tiempo» y buscar consensos que, según la lectura política, estaban tan lejos como la utopía de una independencia inmediata. Es la primera vez que un Ejecutivo catalán retira unas cuentas después de presentarlas, y el gesto deja al descubierto las limitaciones del Gobierno y, sobre todo, el último tejemaneje de Illa para sobrevivir en un tablero de poder tan frágil como un castillo de naipes.
Sin embargo, mientras Illa maniobra en el Parlament como un torpe equilibrista sobre la cuerda floja, su vida personal y financiera muestra una cara b aparentemente prudente en la cara vista, pero interesada en la trastienda. A sus 59 años, combina una carrera política de décadas con un estilo de vida que haría sonreír a más de uno en tiempos de excesos: su patrimonio revela que no es hombre de ostentación. Posee un Volkswagen Golf de 2003 -su único vehículo- y dos propiedades: una vivienda adquirida en 2005 valorada en 217.042 euros, compartida con su esposa Marta Estruch, y un garaje comprado en 2004 por 6.108 euros, además de una hipoteca residual de 6.611 euros. Mantiene un plan de pensiones por 48.341 euros y 12.995 euros en cuentas bancarias. Ni yates, ni coches de lujo, ni chalets faraónicos pero un incremento importante en sus arcas mes a mes. Su vida mejora en el cash, pero él prefiere que no se vea.
El aumento de sueldo tras su paso de ministro de Sanidad a líder del PSC en el Parlament es notable: de 74.585 euros brutos anuales a 88.855 euros. Más de 6.300 euros al mes que refuerzan su holgura financiera escondida. Así, Illa practica una hipócrita austeridad personal cuando todos saben que cobra mucho más al mes y, mientras, juega con presupuestos públicos de miles de millones que, en este momento, dependen de un socio dinamitador de la unión de España como es ERC. La retirada de los presupuestos, según fuentes parlamentarias, llegó tras una llamada de Montero que fue determinante para dinamitar la confianza de Junqueras: «No sé qué te dicen los míos, pero eso no va a pasar», le advirtió la ministra. Illa cedía por eso de que donde manda patrona…
Mientras tanto, la vida personal de Illa sigue blindada para aparentar lo que esta claro que no es : casado con Marta Estruch, con quien tiene una hija adolescente, mantiene un hogar bunquerizado en La Roca del Vallès, rodeado de naturaleza. Marta, profesional del marketing y amiga de Begoña, ha sido su maestra en aplicar la bomba de humo en los actos públicos de su marido. La aparición conjunta ante el Papa en el Vaticano el pasado mes de octubre fue casi simbólica: un gesto calculado de visibilidad controlada, que muchos han señalado como gusto por los flashes por encima del protocolo.
Su rutina personal es otro ejemplo de su buena vida en perfil bajo: maratones, running diario, horas en el huerto ayudando a su padre, y lectura de clásicos griegos y latinos, además de textos económicos en inglés. Todo esto contrasta con la improvisación que ha caracterizado la negociación de los presupuestos. La paradoja cuando menos curiosa: mientras Illa mantiene su aumento de sueldo, bienes, ahorros y vida familiar bajo control absoluto, en la política se expone con una vulnerabilidad constante. ERC marca las reglas del juego, la CUP y Junts no perdonan errores, y con su actuación se señala a sí mismo como responsable del «fracaso» y del «vodevil» presupuestario en el Parlament. Sus presupuestos personales escondidos crecen gracias a su jugoso aumento salarial; los públicos, una montaña rusa de egos, presiones y llamadas telefónicas que lo dejan a merced de terceros.
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