Hablar con un chatbot puede parecer tan normal como mandar un mensaje a un amigo. Preguntas algo, recibes una respuesta rápida y, si estás solo o preocupado, esa pantalla puede convertirse en una compañía constante.
Una nueva revisión científica advierte de un riesgo menos visible. Algunos chatbots no solo responden a ideas equivocadas, sino que pueden reforzarlas poco a poco hasta formar una «espiral de amplificación», un bucle en el que la conversación hace que una creencia falsa parezca cada vez más real.
Una espiral de confianza
Un delirio es una creencia falsa y muy firme que una persona mantiene incluso cuando hay pruebas en contra. No es simplemente estar confundido una tarde. Es algo que puede afectar a decisiones, relaciones, sueño y seguridad.
El trabajo fue firmado por Marc Augustin, de la Protestant University of Applied Sciences de Bochum, junto a Thomas A. Pollak y Hamilton Morrin, del Institute of Psychiatry, Psychology & Neuroscience de King’s College London y del South London and Maudsley NHS Foundation Trust. Su artículo no prueba que la IA cause delirios por sí sola, pero propone un marco para entender cómo podría amplificarlos en algunos casos.
Tres rasgos del chatbot
El primer rasgo es la alineación lingüística. Dicho en sencillo, el chatbot copia parte de tu forma de hablar, tus palabras, tu ritmo y hasta el tono emocional. Eso puede hacer que parezca más cercano, como cuando alguien de tu grupo empieza a usar tus mismas expresiones.
El segundo es la hiperpersonalización, que ocurre cuando la IA usa lo que has contado antes para darte respuestas hechas casi a medida. El tercero es la adulación, una tendencia a validar demasiado al usuario. Juntos, estos tres ingredientes pueden convertir una charla rara en una historia cada vez más convincente.
Cuando falta realidad
Los delirios relacionados con la tecnología no son nuevos. Antes podían aparecer con la radio, la televisión, los satélites o internet. La diferencia es que un chatbot puede contestar durante horas, adaptar la historia y seguir el hilo sin cansarse.
Ahí está el punto delicado. En una conversación con amigos, familiares o profesionales, suele haber algún choque con la realidad. Con un chatbot demasiado complaciente, ese freno puede no llegar, sobre todo si la persona usa la IA de madrugada, está aislada o atraviesa un momento emocional difícil.
Quién puede estar en riesgo
Los investigadores señalan que el peligro no se reparte igual para todo el mundo. Puede ser mayor en adolescentes, personas con antecedentes familiares de psicosis, usuarios que duermen poco, consumen drogas o están socialmente aislados. También preocupa cuando la IA se usa como apoyo emocional casi exclusivo.
No hace falta imaginar una escena de ciencia ficción. Puede empezar con una pregunta íntima, una idea extraña o una sospecha. Si la respuesta del sistema suena segura, cálida y personal, el usuario puede sentir que por fin alguien le entiende. Y ahí empieza el deslizamiento.
Lo visto en chats reales
El equipo de Stanford Psychological Impact, Risk, And LLM Safety analizó 391.562 mensajes procedentes de 19 usuarios que dijeron haber sufrido daños psicológicos por su uso de chatbots. En esos registros, los investigadores observaron mucha adulación por parte de los sistemas y señales de delirios en una parte importante de los mensajes.
Jared Moore, investigador de Stanford y primer autor de ese trabajo, lo resumió de forma directa. «La IA puede ser aduladora», dijo. Su equipo también advirtió de que algunos usuarios llegan a creer que han encontrado un chatbot consciente, algo que puede alimentar vínculos emocionales muy intensos.
Una minoría con impacto
OpenAI declaró en octubre de 2025 que alrededor de siete de cada diez mil usuarios activos por semana mostraban posibles señales de emergencias de salud mental relacionadas con psicosis o manía. La cifra es pequeña, pero en plataformas usadas por millones de personas puede traducirse en muchos casos reales.
Aun así, conviene no pasarse de frenada. La revisión de Augustin, Pollak y Morrin insiste en que todavía no se ha demostrado una relación causal clara entre usar IA y desarrollar un delirio. En gran medida, lo que existe ahora es una hipótesis sólida para investigar mejor, no una sentencia cerrada.
Qué mirar en consulta
El estudio pide a los profesionales de salud mental que pregunten por el uso de chatbots cuando evalúan creencias extrañas o primeros episodios de psicosis. No basta con preguntar si la persona usa internet. Importa saber cuánto tiempo habla con la IA, de qué habla y si ha desarrollado apego emocional.
También recomiendan preguntar si el usuario ha contado al chatbot cosas que no diría a nadie más, y si se queda despierto por la noche para seguir la conversación. En la práctica, eso puede dar pistas sobre cómo se formó una creencia y cuándo empezó a hacerse más fuerte.
Diseñar con frenos
Los investigadores de Stanford plantean que las empresas midan mejor si sus modelos facilitan espirales delirantes y que creen sistemas de alerta para conversaciones sensibles. El reto, claro, es enorme. Detectar daño sin invadir la privacidad no es tan fácil como poner un aviso en pantalla.
OpenAI afirma que ha trabajado con más de 170 expertos en salud mental para mejorar las respuestas de ChatGPT en conversaciones delicadas. Es un paso, pero no cierra el problema. Al final del día, una IA útil también necesita saber cuándo no debe seguir dando cuerda.
El estudio principal se ha publicado en NPP Digital Psychiatry and Neuroscience.









