Cambio climático Fauna en el medio rural

Sorpresa entre los científicos: el regreso del lobo y el corzo esconde el declive de pájaros e insectos

El IPE-CSIC vincula el regreso de la gran fauna y la caída de insectos y aves a un mismo origen

Pesticidas, agricultura intensiva y cambio climático trasladan la presión humana a la fauna pequeña

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Fauna ibérica
El retorno de los grandes vertebrados, aunque fundamental, puede no reflejar por sí mismo la recuperación de los ecosistemas. (Foto: iStock proporcionada por el CSIC).
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Ver un corzo cruzando un sembrado o saber que el lobo ha regresado a una comarca parece la mejor prueba de que la naturaleza se recupera en el campo. Pero esa imagen esconde otra mucho menos visible: la de pájaros, mariposas y ranas que desaparecen sin hacer ruido.

Así lo plantea un estudio del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), en colaboración con la Universidad Miguel Hernández (UMH), publicado en la revista Journal of Applied Ecology. Según sus autores, el regreso de los grandes vertebrados y el declive de la fauna pequeña tienen un origen común: los cambios socioeconómicos del último siglo.

Los investigadores han dado nombre a esta paradoja de la fauna: macrorewilding y microdefaunation. Mientras corzos, lobos, jabalíes, osos y grandes rapaces vuelven a ocupar sus antiguos territorios, numerosas especies de insectos, anfibios y pequeñas aves sufren fuertes declives.

Dos procesos estudiados por separado

Este fenómeno apenas había recibido atención hasta ahora porque ambos procesos suelen analizarse de forma independiente y a escalas distintas. La recuperación de los grandes animales se aprecia en regiones o países enteros, ya que especies como el lobo o el jabalí recorren grandes territorios.

En cambio, el declive de la fauna pequeña, aunque también está muy extendido, se manifiesta de forma más irregular y local. Muchas de sus causas, como los pesticidas, actúan sobre todo en el entorno inmediato de las especies afectadas.

Por ello, el trabajo propone un nuevo marco para entender los ecosistemas y su conservación. Lo hace conectando patrones que la ciencia conocía bien, pero que hasta ahora nadie había relacionado entre sí.

lobo ibérico; lista roja

Una red de conexiones

Para los autores, no se trata sólo de dos tendencias opuestas con un mismo origen. «Grandes y pequeños animales están conectados mediante depredación, competencia, modificación de la vegetación, carroña, estiércol, parasitismo y muchas otras interacciones ecológicas», explica Mario Gaspar, investigador del IPE-CSIC y autor principal del estudio.

Por eso, añade, la recuperación de unos y el declive de otros puede dar lugar «no sólo a comunidades con una composición novedosa», sino también a la alteración de procesos clave como la productividad vegetal, la descomposición, la dispersión de semillas o la transmisión de enfermedades.

José Daniel Anadón, investigador del IPE-CSIC y coautor del trabajo, advierte de que la vuelta de algunas especies ofrece una imagen incompleta: «Podemos estar viendo paisajes que experimentan un notable regreso de los grandes vertebrados y que por ello nos parezcan menos alterados».

Un cambio del siglo XX

Durante milenios, la principal presión humana sobre la fauna fue la persecución directa de grandes vertebrados como osos, cabras montesas o águilas. La caza de subsistencia, la erradicación de depredadores y la sustitución de herbívoros silvestres por ganado redujeron drásticamente sus poblaciones.

Este patrón comenzó a cambiar con el declive de las sociedades agrarias tradicionales, acelerado desde mediados del siglo XX. El abandono de tierras agrícolas y ganaderas, la menor persecución y las políticas de conservación han permitido la recuperación de numerosos herbívoros y depredadores.

Sin embargo, la presión humana no ha desaparecido, sino que se ha transformado. La intensificación agrícola, los pesticidas, los medicamentos veterinarios, la simplificación del paisaje, el cambio climático y las especies invasoras golpean ahora a la fauna de pequeño tamaño.

abandono rural
El abandono rural es uno de los problemas detectado por el estudio.

Una erosión silenciosa

«La evolución de las sociedades agrarias hacia sociedades industriales y tecnológicas ha trasladado la presión humana de la persecución directa de grandes vertebrados a la erosión silenciosa de la fauna de menor tamaño», resume Gaspar.

Los autores recuerdan que las grandes especies, todavía lejos de sus poblaciones naturales tras siglos de persecución, cumplen funciones esenciales para la supervivencia de otros animales más pequeños. Su regreso, por tanto, sigue siendo una buena noticia para la conservación.

El problema surge cuando el éxito de la conservación se mide sólo por la vuelta de las especies emblemáticas. Esa vara de medir puede ocultar el deterioro de otros elementos del ecosistema, sometidos a presiones humanas cada vez más específicas.

Vigilar toda la fauna

Por ello, los investigadores proponen un seguimiento que incluya animales de todos los tamaños y de todos los niveles de la cadena alimentaria, además de indicadores que reflejen el estado del ecosistema en su conjunto, y no sólo el de sus especies más visibles.

Comprender cómo interactúan ambos procesos será clave para gestionar los paisajes del futuro. Como concluye Anadón, en el contexto actual «la recuperación de la gran fauna, aunque deseable y necesaria, no implica por sí sola la recuperación de la integridad del ecosistema».