Gestión de Residuos

De residuo a negocio: los paneles solares desechados podrían generar casi un billón de dólares en 2060

El estudio, publicado en Nature, calcula que reciclarlos evitaría hasta 3.320 millones de toneladas de CO2

España empezará a jubilar sus paneles solares en 2030: el reciclaje fotovoltaico tambien como un negocio de futuro

Reciclaje de paneles solares: El 97% de los materiales de una placa se puede recuperar

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los paneles solares que hoy cubren tejados y huertas fotovoltaicas tienen fecha de caducidad. En unas décadas, millones de módulos llegarán al final de su vida útil y plantearán un reto ambiental de primer orden, pero también una oportunidad de negocio que podría rozar el billón de dólares.

Un equipo internacional de investigadores de China, Australia y Suecia calcula que los residuos fotovoltaicos acumulados en el mundo alcanzarán entre 297 y 402 millones de toneladas en 2060. El trabajo, publicado en la revista Nature, analiza cómo repartir de forma equitativa los beneficios de reciclarlos.

Una montaña de 402 millones de toneladas

Según el estudio, en el que participa la Universidad de Adelaida, las retiradas anuales de módulos pasarán de 20.000 toneladas en 2020 a medio millón en 2030 y a más de 19 millones de toneladas al año en 2060. Desde 2020 se instalan más de 100 gigavatios anuales, y con una vida útil de entre 25 y 30 años, la oleada es inevitable.

El reparto geográfico de esta basura cambiará con el tiempo. Hasta 2040, las regiones de renta alta generarán más de la mitad de los residuos, pero en 2060 China será el mayor productor, con entre 112,8 y 160,5 millones de toneladas, cerca del 40% del total mundial, por delante de Estados Unidos e India.

Los paneles contienen materiales valiosos como silicio, plata, cobre o telurio, pero también metales como el plomo y el cadmio, que pueden contaminar suelos y acuíferos si los módulos terminan en un vertedero o se gestionan de forma inadecuada.

Casi un billón de dólares en juego

Para medir el potencial económico, los autores construyeron un modelo integrado que examina 1.708 escenarios de reciclaje en 32 regiones del mundo, con las tecnologías disponibles, el precio de los materiales, el comercio internacional y las políticas de subvenciones.

La combinación más rentable pasa por adaptar la tecnología a cada región y enviar los residuos a los países con plantas más eficientes. Con esa estrategia, los beneficios netos acumulados oscilarían entre 529.100 y 935.500 millones de dólares en 2060, es decir, entre unos 455.000 y 805.000 millones de euros.

A ello se suma el beneficio climático. Recuperar los materiales de los módulos en lugar de extraer y fabricar otros nuevos evitaría la emisión de hasta 3.320 millones de toneladas de CO2 equivalente, sobre todo gracias a los procesos de reciclaje térmico, los que más rinden por tonelada.

Rentable a partir de 2035

El negocio, sin embargo, no será inmediato. Los investigadores advierten de que, incluso con los avances tecnológicos previstos, el punto de equilibrio del reciclaje fotovoltaico global está a más de una década vista. Según sus cálculos, la actividad será rentable entre 2035 y 2040.

Dos factores explican ese cambio. Por un lado, la subida de precios de materiales recuperados como la plata, el aluminio y el silicio elevará el valor de cada tonelada reciclada desde 131-304 dólares en 2020 hasta 457 dólares, unos 390 euros, en 2040.

Por otro, el aprendizaje industrial abaratará los procesos. El coste de reciclar una tonelada de paneles, que en 2020 oscilaba entre 342 y 2.550 dólares, bajará hasta una horquilla de entre 56 y 403 dólares en ese mismo periodo.

La trampa de la eficiencia

El trabajo detecta un problema de fondo. Exportar los paneles a países con instalaciones más baratas y avanzadas reduce costes y emisiones globales, pero concentra los beneficios en las regiones más ricas o tecnológicamente punteras.

Las regiones de renta baja apenas recibirían entre el 1,3% y el 2,1% de las ganancias totales en 2060, entre 4.200 y 10.600 millones de dólares, incluso en un escenario en el que la tecnología de reciclaje se extendiera por todo el mundo.

«El reciclaje más barato o eficiente a escala global no es necesariamente el más justo», advierte Jian Zuo, coautor del estudio. Si las regiones en desarrollo carecen de tecnología e inversión, añade, perderán los beneficios y cargarán con más impacto ambiental.

Subvenciones decrecientes

Para corregir ese desequilibrio, el estudio propone un modelo de subvenciones decrecientes, que retira el apoyo público de forma gradual a medida que el reciclaje se vuelve rentable. Este esquema mejora la equidad entre regiones entre un 5,8% y un 8,1%.

Su gran ventaja es el coste: requiere sólo entre el 2,9% y el 11,9% del gasto de una subvención permanente, entre 400 y 1.900 millones de dólares hasta 2060, frente a los 16.000 millones que costaría mantener las ayudas de forma continuada.

En cambio, las ayudas ligadas a un precio del carbono elevado empeorarían la desigualdad en más del 85% de los casos, porque favorecen a las regiones con tecnologías maduras. Zuo defiende tratar los paneles como parte de una economía circular y no como un producto de usar y tirar.

Europa, pionera pero sin capacidad suficiente

Europa occidental ocupa un lugar destacado en el estudio. Entre 2020 y 2040, los países de la UE-15 generarán entre 5,8 y 5,9 millones de toneladas de residuos fotovoltaicos, una cuarta parte del total mundial. Sus mayores costes, sin embargo, reducen su parte del beneficio económico.

La Unión Europea fue pionera al incluir los paneles en la directiva de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en 2012. Aun así, sólo la mitad de los países que informaron cumplieron los objetivos en 2021, y reciclar cuesta entre 300 y 500 euros por tonelada.

Las previsiones apuntan a que el volumen anual de paneles desechados en la UE superará el millón de toneladas hacia 2040 y los 2,2 millones en 2050. Frente a ello, la capacidad de las plantas europeas especializadas rondaba las 170.000 toneladas anuales en 2024.

España, ante la primera ola

En España, la oleada empezará a notarse a partir de 2030. Según Recyclia, los cerca de 5 GW fotovoltaicos instalados entre 2006 y 2010 comenzarán entonces a generar volúmenes relevantes de residuos, a medida que sus módulos lleguen al final de su vida útil.

El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) preveía unas 10.000 toneladas anuales hasta 2027 y un pico de 22.000 en 2028. A largo plazo, sus investigadores calculan unos 1,26 millones de toneladas de módulos con el objetivo inicial del PNIEC, y bastante más con el revisado de 76 GW.

Desde el Real Decreto 110/2015, la normativa española obliga a fabricantes e importadores a hacerse cargo del reciclaje de los paneles al final de su vida útil, una gestión que en buena parte canalizan sistemas como Recyclia desde 2013.

Las primeras plantas

El tejido industrial empieza a moverse. En Jerez del Marquesado (Granada), un municipio de menos de mil habitantes, Greening Group proyectó una planta de 3,6 millones de euros para reciclar 9.000 toneladas de paneles al año y recuperar hasta el 99% de sus materiales.

En Aragón, el Centro Europeo de Reciclaje Fotovoltaico (CERFO), perteneciente al Grupo Iber y presentado como el primer centro nacional de reciclaje fotovoltaico, se fijó como objetivo procesar 1.060 toneladas de residuo al año, el equivalente a unos 47.520 paneles.

Volviendo a los autores del estudio, la industria solar tiene ahora la oportunidad de construir capacidad de reciclaje antes de que el problema alcance su pico, y no cuando millones de toneladas de paneles hayan llegado ya al final de su vida.