Después de los 65 años los médicos recomiendan ducharse menos: esta es la frecuencia y los increíbles motivos

Después de los 65 años los médicos recomiendan ducharse menos: esta es la frecuencia y los increíbles motivos

La higiene personal es un pilar fundamental del bienestar físico, emocional y social en los adultos mayores, ya que contribuye a prevenir infecciones, mantener la piel sana, reforzar la autoestima y favorecer relaciones sociales positivas. En la etapa de la vejez, cuidarse no solo implica tratar enfermedades, sino también conservar rutinas que aporten dignidad, comodidad y calidad de vida. Ahora bien diversos estudios destacan ducharse menos tras los 65 años.

Todos sabemos que la ducha, en particular, cumple un rol clave en la sensación de limpieza, frescura y relajación. Por ello, comprender los cambios en los hábitos de higiene después de los 65 años resulta esencial para promover envejecimiento saludable y respetuoso. Según la Asociación por el Envejecimiento Activo y la Autonomía Personal, «El término higiene, no se debe limitar a la técnica básica del aseo. Este término engloba mucho más, y debe ser completo, si queremos prevenir la eliminación de bacterias y gérmenes que pueden provocar infecciones o enfermedades perjudiciales para el sistema inmunológico». En las personas mayores de 65 años se observa con frecuencia una disminución en la regularidad del baño, pasando de duchas diarias a hábitos menos frecuentes. Este cambio no siempre responde a falta de interés por la higiene, sino a una combinación de factores físicos, emocionales y sociales.

Por qué se recomienda ducharse menos a los 65 años

Con el envejecimiento, la piel se vuelve más seca y frágil, lo que puede generar incomodidad tras el contacto frecuente con agua y jabón. Además, muchas personas mayores priorizan otras rutinas o consideran suficiente el aseo parcial.

Las estadísticas y la experiencia clínica muestran que esta reducción es común y progresiva, especialmente en edades avanzadas, y debe entenderse como un fenómeno multifactorial que requiere comprensión, acompañamiento y adaptación de las prácticas de cuidado personal. Reconocer esta realidad permite diseñar estrategias de apoyo respetuosas, individualizadas y seguras para mantener la higiene sin afectar la autonomía ni el bienestar general cotidiano diario.

Los motivos de ducharse menos tras los 65 años, emocionales

La reducción en la frecuencia de la ducha en personas mayores de 65 años no suele deberse a una sola causa, sino a la combinación de diversos factores propios del proceso de envejecimiento. Comprender estos motivos permite evitar juicios erróneos y favorece intervenciones más adecuadas y respetuosas:

Disminución de la movilidad y problemas articulares

Con el envejecimiento es común la aparición de enfermedades como artritis, artrosis u osteoporosis, que generan rigidez, dolor y limitación del movimiento.

Acciones cotidianas como mantenerse de pie durante varios minutos, levantar los brazos o agacharse pueden resultar dolorosas. Esto hace que la ducha sea percibida como una actividad físicamente exigente, lo que lleva a espaciarla para evitar molestias o agotamiento.

Miedo a las caídas y accidentes en el baño

El baño es uno de los lugares del hogar con mayor riesgo de caídas en adultos mayores. Superficies resbaladizas, bordes elevados, falta de barras de apoyo o mala iluminación incrementan el peligro.

Este miedo puede ser suficiente para evitar el baño, aun cuando la persona valore la higiene personal. Un artículo de Europa Press asegura que «Las duchas pueden presentar un riesgo de caída para las personas mayores, especialmente para aquellas que solo disponen de una bañera».

Presencia de enfermedades crónicas

Enfermedades cardíacas, respiratorias, neurológicas o metabólicas pueden limitar la capacidad funcional del adulto mayor. Algunas personas experimentan mareos, dificultad para respirar o debilidad al estar de pie por mucho tiempo.

Estas condiciones hacen que la ducha sea una actividad desafiante o incluso riesgosa, lo que influye directamente en la reducción de su frecuencia.

Cambios en la piel vinculados con la edad

Con los años, la piel pierde elasticidad, hidratación y capacidad de regeneración. Las duchas frecuentes, especialmente con agua caliente y jabones fuertes, pueden provocar sequedad, picazón, descamación o irritación.

Ante estas molestias, muchas personas optan por reducir la frecuencia del baño para evitar el malestar. «Las duchas diarias pueden eliminar la barrera protectora de la piel, lo que puede aumentar la sequedad y generar picores, irritación y grietas», explican en Europa Press.

Dolor crónico y fatiga

El dolor persistente y la fatiga son síntomas frecuentes en la tercera edad, especialmente en personas con enfermedades crónicas. Ducharse implica esfuerzo físico, cambios de temperatura y concentración, lo que puede resultar agotador.

Como consecuencia, algunos adultos mayores priorizan otras actividades diarias y postergan el baño para días en los que se sienten con más energía.

Barreras ambientales y falta de adaptación del baño

Muchos hogares no están diseñados para las necesidades de las personas mayores. Duchas estrechas, bañeras altas, grifos difíciles de usar o ausencia de elementos de seguridad convierten el baño en un entorno poco accesible. Cuando el espacio no es cómodo ni seguro, la tendencia natural es evitar su uso frecuente.

Factores emocionales y psicológicos

La depresión, la soledad, el duelo o la falta de motivación influyen directamente en el autocuidado.

 

Salir de la versión móvil