La cerveza suele aparecer asociada a momentos de ocio, reuniones y comidas informales. Sin embargo, que sea habitual no significa que sea inocua. La bebida favorita de los españoles y más consumida puede entrañar peligros. La nutricionista Andrea ha profundizado en una cuestión que a menudo queda en segundo plano: la cerveza aporta alcohol y puede facilitar un consumo elevado de energía cuando se acompaña de aperitivos.
El interés por esta bebida no debería centrarse únicamente en si hace que aumentemos kilos o no. Hay que tener en cuenta la cantidad, la frecuencia y el contexto en el que se toma. El alcohol aporta energía y modifica temporalmente la forma en que el organismo utiliza distintos combustibles. Los riesgos también van mucho más allá del peso. La Organización Mundial de la Salud relaciona el alcohol con más de 200 enfermedades y problemas de salud, entre ellos enfermedades hepáticas, cardiovasculares y distintos tipos de cáncer. Por eso, hablar de cerveza saludable requiere bastante más matiz que fijarse solamente en sus calorías.
La bebida favorita de los españoles
Según la Fundación Británica del Corazón, el consumo de alcohol puede afectar al corazón. En este sentido, beber demasiado puede provocar ritmos cardíacos anormales y daños al músculo cardíaco. A su vez, se presentan mayores probabilidades de padecer enfermedades como accidentes cerebrovasculares, problemas hepáticos, demencia vascular y algunos tipos de cáncer.
El alcohol también aporta energía
El alcohol proporciona alrededor de siete kilocalorías por gramo, una cantidad elevada frente a las cuatro de los hidratos de carbono y las proteínas. La cerveza contiene además hidratos procedentes de los cereales utilizados en su elaboración.
Varias cañas pueden sumar energía sin producir la misma saciedad que una comida completa.
Qué ocurre cuando el cuerpo recibe alcohol
El organismo metaboliza prioritariamente el alcohol porque necesita transformarlo y eliminarlo. Durante ese proceso cambia temporalmente el uso de otros combustibles, incluida la oxidación de las grasas.
Esto no significa que toda la grasa ingerida mientras se bebe vaya directamente a almacenarse. El balance energético depende de la energía total consumida y gastada. Sin embargo, el alcohol puede dificultar el control de la ingesta cuando se combina con comidas abundantes.
La International Agency for Research on Cancer (IARC) señala que las bebidas alcohólicas están relacionadas con diferentes tipos de cáncer y que el riesgo aumenta con la cantidad consumida. Su recomendación europea es limitar el alcohol y recuerda que no beber es mejor para prevenir el cáncer.
El efecto aperitivo de la bebida favorita de los españoles
La cerveza suele consumirse acompañada de alimentos. Patatas fritas, frutos secos y otros aperitivos salados son habituales.
El problema está en la combinación. El alcohol puede reducir las inhibiciones y hacer más fácil comer de forma impulsiva. Además, cuando la atención está puesta en una conversación, resulta sencillo perder la referencia de las cantidades.
Así, quien intenta controlar su peso puede terminar consumiendo muchas más calorías procedentes del conjunto de la comida y la bebida de las previstas.
Más allá del peso
Reducir la cuestión de la cerveza a “engorda o no engorda” sería quedarse corto. El alcohol afecta a diferentes sistemas del organismo y sus consecuencias dependen de la cantidad y la frecuencia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que incluso cantidades bajas de la bebida favorita de los españoles no están completamente libres de riesgo y relaciona el alcohol con enfermedades cardiovasculares, hepáticas y cáncer.
En el caso del hígado, un consumo elevado y mantenido puede favorecer la acumulación de grasa y contribuir a enfermedades hepáticas. Esto no significa que una cerveza ocasional provoque automáticamente hígado graso, sino que el riesgo aumenta con un consumo frecuente o elevado.
¿Tiene algún beneficio nutricional?
La cerveza puede contener pequeñas cantidades de vitaminas y minerales, pero eso no convierte al alcohol en un nutriente necesario. Por ello, no existe una necesidad nutricional de incorporar cerveza a la dieta. El valor nutricional de una cerveza no compensa los efectos asociados a su contenido de alcohol habitualmente.
Una cuestión de contexto
La decisión sobre consumir la bebida favorita de los españoles es personal, pero conviene hacerlo con información realista. La cerveza no debería presentarse como una bebida saludable. Su principal elemento activo es el alcohol, y este tiene efectos demostrados sobre la salud.
La OMS recomienda reducir el consumo y recuerda que ninguna bebida alcohólica puede considerarse completamente libre de riesgo. Si se consume cerveza, importa controlar las cantidades y lo que se come mientras se bebe.
Una alimentación equilibrada no se define por una bebida aislada, sino por el conjunto de hábitos mantenidos a diario y de forma coherente. Conocer qué aporta realmente la cerveza permite tomar decisiones más conscientes y entender que su popularidad no equivale a que sea una opción saludable.
