Una especialista en cronobiología lo explica: a partir de los 60, el reloj biológico cambia de una forma inesperada

Una especialista en cronobiología lo explica: a partir de los 60, el reloj biológico cambia de una forma inesperada

A partir de los 60 años, muchas personas perciben cambios en sus hábitos de sueño, en los momentos de mayor energía o en la facilidad para adaptarse a horarios que antes resultaban cómodos. Lejos de tratarse de una simple consecuencia del envejecimiento general, estos cambios están directamente relacionados con modificaciones en el reloj biológico.

La cronobiología, disciplina científica que estudia los ritmos biológicos, lleva décadas analizando cómo el paso del tiempo transforma los ciclos internos que regulan funciones esenciales como el descanso, la vigilia, la temperatura corporal o la secreción hormonal. El reloj interno no se detiene ni se “estropea” con la edad, sino que se reajusta. A partir de los 60, el reloj biológico cambia y el organismo tiende a adelantarse: se tiene sueño antes por la noche, se despierta más temprano y se toleran peor las alteraciones de rutina. Comprender estos cambios resulta clave para mejorar la calidad de vida, prevenir trastornos del sueño y adaptar los hábitos diarios a una nueva realidad biológica que afecta tanto al bienestar físico como al emocional.

Qué es el reloj biológico y cómo funciona

El reloj biológico es un sistema interno de sincronización que regula los ritmos circadianos, ciclos de aproximadamente 24 horas que influyen en la mayoría de los procesos fisiológicos, como explica un artículo del CONICET. Su centro principal se encuentra en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, una pequeña estructura cerebral que recibe información directa de la luz ambiental a través de la retina.

Este sistema coordina la liberación de hormonas como la melatonina, responsable de inducir el sueño, y el cortisol, relacionado con el estado de alerta. Según la Sleep Research Society, la correcta alineación entre el reloj biológico y los horarios sociales es fundamental para mantener un sueño reparador y una buena salud metabólica y cognitiva.

El adelanto de fase a partir de los 60

Uno de los cambios más estudiados en cronobiología del envejecimiento es el denominado “adelanto de fase”. Un artículo de la Universidad Complutense de Madrid, explica que, a partir de los 60 años, el reloj biológico interno tiende a activarse y desactivarse antes. Esto explica por qué muchas personas mayores sienten somnolencia al anochecer y se despiertan de madrugada, incluso sin despertador.

Este fenómeno no implica necesariamente dormir menos horas, sino dormir en franjas horarias diferentes. El problema surge cuando los horarios sociales, familiares o laborales no se ajustan a este nuevo patrón. Investigadores de la Universidad de San Andrés señalan que este desajuste puede generar fatiga diurna, irritabilidad y sensación de descanso insuficiente, aunque el tiempo total de sueño sea adecuado.

Cambios hormonales y su impacto en el reloj biológico

La Clínica Dermatológica Internacional explica que, con la edad, la producción de melatonina disminuye de forma progresiva. Esta reducción afecta tanto a la facilidad para conciliar el sueño como a su mantenimiento durante la noche. Además, la secreción de melatonina se vuelve más sensible a la luz artificial, especialmente a la emitida por pantallas.

Al mismo tiempo, el ritmo del cortisol puede alterarse, provocando despertares tempranos con sensación de activación excesiva. Según estudios publicados por Geriatría.HIBA, estos cambios hormonales explican por qué muchas personas mayores refieren un sueño más fragmentado y menos profundo, incluso en ausencia de patologías específicas.

Menor tolerancia a la irregularidad

Otro rasgo característico del reloj biológico a partir de los 60 es la menor capacidad de adaptación a cambios de horario. Trasnochar, viajar con cambio de huso horario o modificar bruscamente las rutinas tiene un impacto mayor que en etapas anteriores de la vida.

En la publicación de la Universidad de San Andrés, los cronobiólogos explican que el sistema circadiano envejecido es menos flexible y necesita más tiempo para re-sincronizarse. Esta menor plasticidad obliga a cuidar especialmente la regularidad de los horarios de sueño, comidas y actividad física. Mantener rutinas estables se convierte en una herramienta clave para preservar el equilibrio interno.

Relación con la salud cognitiva y emocional

El reloj biológico no solo regula el sueño, sino también funciones cognitivas y emocionales. Alteraciones persistentes de los ritmos circadianos se han asociado a problemas de memoria, dificultad de concentración y mayor vulnerabilidad al estado de ánimo bajo.

Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos del sueño en personas mayores no deben considerarse normales ni inevitables, ya que pueden ser un factor de riesgo para el deterioro cognitivo y la depresión. Ajustar los hábitos diarios al nuevo ritmo biológico ayuda a proteger la salud mental y a mantener la autonomía funcional.

La exposición a la luz natural sigue siendo el principal regulador del reloj biológico, también en la madurez. Investigaciones de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) recomiendan aumentar la exposición a la luz por la mañana y reducirla por la tarde-noche para reforzar el patrón adelantado sin generar insomnio. Además, la actividad física moderada, especialmente al aire libre, actúa como sincronizador adicional.

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