Contenido
- 0.1 La frase que siempre dices a tus hijos pero la crianza respetuosa la desaconseja por sus consecuencias emocionales
- 0.2 ¿Qué significa escribir a mano muy despacio, según la psicología?
- 0.3 Qué significa que una persona nunca se deje tocar el pelo, según la psicología
- 1 El estudio sobre el descanso de los adolescentes en fin de semana
Durante años, dormir hasta tarde los fines de semana ha sido interpretado como un signo de dejadez en la adolescencia. Padres, docentes e incluso algunos profesionales de la salud han atribuido este hábito a la pereza o a una falta de disciplina. Sin embargo, la ciencia empieza a desmontar ese prejuicio. Un nuevo estudio concluye que el descanso prolongado en sábado y domingo podría cumplir una función clave en el bienestar psicológico de los adolescentes, actuando como un mecanismo de compensación frente al déficit de sueño acumulado durante la semana escolar.
La investigación, difundida recientemente por Europa Press, pone el foco en una realidad conocida pero poco atendida: los horarios tempranos de entrada a clase chocan frontalmente con el reloj biológico adolescente. El resultado es una deuda de sueño crónica que no siempre puede resolverse de lunes a viernes. En este contexto, dormir más horas el fin de semana no sería una anomalía, sino una respuesta fisiológica lógica, con posibles beneficios para la salud mental y emocional.
El estudio sobre el descanso de los adolescentes en fin de semana
El trabajo ha sido desarrollado por investigadores de la Universidad de Oregón y la Universidad Médica Upstate de la Universidad Estatal de Nueva York, dos instituciones con una larga trayectoria en el ámbito de la salud y la investigación en neurociencia. El análisis se centró en observar los patrones de sueño de adolescentes y su relación con indicadores de bienestar psicológico, como el estado de ánimo, los niveles de estrés y la presencia de síntomas depresivos.
Los resultados apuntan a que aquellos adolescentes que duermen más horas durante el fin de semana, sin alterar de forma extrema sus horarios, presentan un mejor equilibrio emocional que quienes mantienen una privación de sueño constante. Según los autores, no se trata de fomentar horarios caóticos, sino de permitir una recuperación parcial del descanso perdido.
El reloj biológico en la adolescencia
Uno de los factores clave para entender este fenómeno es el cambio natural del ritmo circadiano durante la adolescencia. En esta etapa, la liberación de melatonina —la hormona que induce el sueño— se retrasa varias horas respecto a la infancia. Esto significa que muchos adolescentes no tienen sueño hasta bien entrada la noche, incluso aunque deban madrugar al día siguiente.
Diversos estudios académicos han documentado este desfase biológico, que no responde a hábitos tecnológicos ni a falta de voluntad. Instituciones como la National Sleep Foundation llevan años advirtiendo de que los horarios escolares no están alineados con las necesidades reales de descanso en esta franja de edad, lo que genera consecuencias acumulativas a medio plazo.
Dormir más y salud mental
Uno de los hallazgos más destacados del estudio es la relación entre el sueño de recuperación y la salud mental. Los investigadores observaron que dormir hasta tarde el fin de semana se asociaba con menores niveles de ansiedad y síntomas depresivos, especialmente en adolescentes que durante la semana dormían menos de lo recomendado.
Este efecto protector no implica que el descanso del fin de semana sustituya al sueño regular, pero sí parece amortiguar parte del impacto negativo del cansancio crónico. La Universidad UMECIT de Panamá explica en un artículo que, desde el punto de vista psicológico, el sueño adecuado contribuye a una mejor regulación emocional, mayor tolerancia al estrés y una percepción más positiva del entorno.
Ahora bien, los expertos advierten, no obstante, de que no todo vale. Dormir hasta muy entrada la tarde o alterar drásticamente los horarios puede provocar lo que se conoce como “jet lag social”, una desincronización del reloj interno que dificulta la vuelta a la rutina el lunes.
El beneficio aparece cuando el descanso extra se mantiene dentro de unos márgenes razonables y no implica un cambio radical del ritmo diario.
La clave, señalan los investigadores, está en encontrar un equilibrio entre permitir la recuperación del sueño y conservar una cierta regularidad. En este sentido, el estudio aporta argumentos para flexibilizar la mirada adulta, más que para eliminar normas.
La relación con las familias y escuelas
Estos hallazgos abren un debate más amplio sobre cómo se organizan la jornada diaria de cara a la escuela, centro y la familia. Cada vez más expertos en cronobiología y salud pública, como los de la Universidad de San Andrés, plantean la necesidad de retrasar el inicio de las clases en secundaria, una medida que ya se ha probado en algunos países como Dinamarca, demostrando resultados positivos en rendimiento académico y bienestar emocional.
Ya se ha empezado a notar que el descanso no es un lujo, sino un pilar básico del desarrollo saludable. Ignorar las necesidades biológicas de los adolescentes puede tener efectos acumulativos que van más allá del cansancio puntual.
Lo ideal y aconseja por la gran parte de expertos es dormir las mismas horas durante la semana y no mucho menos para recuperar luego durante los fines de semana.






