Contenido
- 0.1 ¿Qué significa que una persona subraye su nombre en la firma, según la psicología?
- 0.2 Fernando Miralles, experto en oratoria: «Una persona con autoridad habla lento, pausado y a veces con voz grave»
- 0.3 Las personas que siempre hablan con las manos en los bolsillos lo hacen por algo, la psicología lo desvela
- 1 Las razones psicológicas de morderse las uñas
El hábito de morderse las uñas es mucho más frecuente de lo que suele reconocerse y lo practican personas de todas las edades y en diferentes contextos. Si bien a menudo se considera una simple manía, la psicología y la dermatología coinciden en que este comportamiento, conocido como onicofagia, cumple funciones emocionales concretas. En este sentido, especialistas mencionan que no surge por casualidad ni responde solo a la falta de autocontrol. En muchos casos, se trata de una conducta automática que aparece en momentos específicos del día y que se mantiene porque genera un alivio momentáneo.
Los expertos comentan que es clave comprender por qué nos mordemos las uñas para dejar de juzgar el hábito como un defecto personal y analizarlo como una respuesta aprendida del cuerpo y la mente. Desde la perspectiva clínica, la onicofagia suele funcionar como una vía rápida de descarga emocional. La doctora Dana Stern, dermatóloga especializada en salud de las uñas, explica que este gesto ofrece una sensación inmediata de alivio, aunque sea breve. «El cerebro asocia la acción repetitiva con una reducción momentánea de la tensión interna, lo que refuerza el hábito con el tiempo», asegura. Además, muchas personas no son conscientes de cuándo empiezan a morderse las uñas: ocurre mientras trabajan, estudian, miran una pantalla o incluso cuando están concentradas. Por eso, para Stern, más que una decisión voluntaria, suele tratarse de una respuesta automática que se activa ante determinadas emociones o estados mentales y se integra en la rutina diaria.
Las razones psicológicas de morderse las uñas
Una de las causas más señaladas por los especialistas es el estrés y la ansiedad. En situaciones de presión emocional, el cuerpo busca salidas rápidas para liberar tensión acumulada.
Para IPSIA Psicología, muchas personas recurren a este gesto cuando se sienten desbordadas, preocupadas o inquietas, incluso aunque no identifiquen conscientemente la causa de su malestar.
«El aburrimiento y la falta de estímulos también cumplen un papel relevante. Cuando la mente no está completamente ocupada, las manos tienden a moverse sin que medie una decisión consciente», sostienen.
En estos momentos, las uñas permiten mantener cierta actividad motora. Este mecanismo es similar al de otros hábitos repetitivos, como mover la pierna o jugar con un bolígrafo.
¿Qué es la necesidad del movimiento constante?
Para algunas personas, morderse las uñas responde a una necesidad permanente de movimiento. El cuerpo busca mantenerse activo incluso en reposo, y el hábito funciona como un “antiestrés integrado”.
La doctora Dana Stern compara este comportamiento con el uso de pelotas antiestrés o pequeños objetos manipulables. «La diferencia es que, en la onicofagia, la acción se dirige hacia el propio cuerpo, lo que puede generar consecuencias físicas visibles con el tiempo», advierte.
Además, destaca que este patrón es frecuente en personas inquietas o con dificultad para permanecer quietas durante períodos prolongados. Según la profesional, no siempre está vinculado a nervios intensos, sino a una forma de autorregulación basada en la repetición de movimientos pequeños y constantes.
Mientras que Guillermo López Lluch, catedrático del área de Biología Celular en la Universidad Pablo de Olavide, hace referencia al psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, que, en un libro titulado Controlled Explosions in Mental Health (“Explosiones controladas en la salud mental”), explora cómo el cerebro utiliza pequeños daños como dosis protectora para prevenir daños mayores. «Digamos que es como si el cerebro prefiriese lidiar con la certeza de una amenaza controlada y conocida antes que afrontar un riesgo presuntamente mayor».
¿Cómo se relaciona morderse las uñas y el control emocional?
Desde la psicología, morderse las uñas no se interpreta solo como un mal hábito, sino como un mecanismo de afrontamiento. Las acciones repetitivas tienen la capacidad de calmar temporalmente al cerebro y generar una ilusión de control.
IPSIA Psicología señala que, en algunos casos, la onicofagia se asocia a rasgos de perfeccionismo, frustración acumulada o dificultad para manejar la autoexigencia.
«También puede existir una relación con tendencias leves del trastorno obsesivo-compulsivo. En estas situaciones, la repetición del gesto reduce momentáneamente la ansiedad, pero refuerza el ciclo, ya que el alivio es pasajero», mencionan.
Los expertos de Laboratorios Urgo advierten que morderse las uñas mordidas no solo tienen un impacto físico, sino también psicológico. Muchas personas sienten vergüenza por el aspecto de sus manos y frustración por no lograr abandonar el hábito.
Además, aseguran que este malestar emocional puede aumentar la ansiedad y reforzar el comportamiento, generando un círculo difícil de romper. La onicofagia, entonces, no es solo una causa, sino también una consecuencia del malestar interno.
Cómo dejar de morderse las uñas
Existen alternativas más saludables para gestionar la tensión emocional. Entre las más recomendadas están mantener las manos ocupadas con objetos antiestrés, practicar técnicas de respiración profunda o incorporar actividades como la meditación y el yoga. También realizar un cuidado regular de las uñas, mantenerlas cortas e hidratadas.
Según los expertos, cuando la onicofagia interfiere en la vida diaria, la terapia cognitivo-conductual se presenta como una herramienta eficaz. «A través de ella, se identifican los detonantes emocionales y se trabajan nuevas formas de afrontamiento, promoviendo un cambio sostenido y consciente del comportamiento», concluyen.






