La culpa de que siempre te sientas estafado la tienen dos hormonas, según la psicología

La culpa de que siempre te sientas estafado la tienen dos hormonas, según la psicología

La sensación de que el resto de las personas se aprovechan de ti puede ser angustiante y, si perdura en el tiempo, convertirse en una experiencia agotadora. Las situaciones pueden ser simples y cotidianas como que un amigo olvide un detalle, que un compañero no cumpla con algo pactado en el trabajo o que un familiar se comporte de manera inesperada para que aparezca esa sensación de estafa emocional. Por lo general, solemos atribuir este malestar a la personalidad, la autoestima o la historia personal. ¿Por qué te sientes estafado? la respuesta la tienen dos hormonas.

Sin embargo, la ciencia confirma que ciertas hormonas y zonas cerebrales influyen directamente en cómo interpretamos las intenciones ajenas y evaluamos si alguien nos está perjudicando. En los últimos años, diversas investigaciones neurocientíficas argumentan que la respuesta emocional presenta dos hormonas que resultan fundamentales: la oxitocina, conocida popularmente como la “hormona del apego” o “de la confianza”, y la ínsula o insulina, que evalúa riesgos, amenazas y sensaciones internas. En este sentido, especialistas mencionan que cuando estas dos piezas del sistema emocional funcionan mal, pueden alterar nuestra capacidad de interpretar adecuadamente las acciones de los demás. Por ejemplo, un exceso de oxitocina puede generar una confianza desmedida que, al verse traicionada, produce una sensación intensa de decepción. Por otro lado, una ínsula hiperactiva puede llevar a interpretar señales neutras como amenazas, aumentando la impresión de abuso o manipulación. Esto crea un círculo vicioso en el que las emociones se intensifican y la percepción de ser estafado se vuelve casi automática, a pesar de no presentar evidencia objetiva.

La culpa de que siempre te sientas estafado la tienen dos hormonas

Las hormonas claves en nuestra percepción social

La oxitocina ha sido ampliamente estudiada por instituciones como el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro, que ha demostrado que esta hormona no solo promueve la cohesión social, sino que también puede aumentar la sensibilidad a la traición.

Cuando tenemos altos niveles de oxitocina, confiamos más y abrimos más nuestras emociones. Si bien en apariencia resulta positivo, cualquier comportamiento que contradiga esa expectativa puede sentirse como un engaño. Es decir, cuanto mayor es la confianza previa, mayor es el impacto emocional de la decepción posterior.

La ínsula y la interpretación del riesgo

La ínsula, en cambio, interviene como un sistema de alarma interno. Según el Instituto Europeo Ciencias del Comportamiento, esta zona cerebral participa en evaluar lo que se percibe como injusto, deshonesto o potencialmente dañino.

Según los especialistas, cuando la ínsula se activa de más, la persona puede volverse hipersensible a señales ambiguas, interpretando micro gestos, palabras sueltas o conductas neutras como signos de manipulación.

Esto explica por qué algunas personas sienten que los demás los estafan incluso en situaciones cotidianas sin intención negativa. Para la ínsula hiper alerta, cualquier detalle puede indicar peligro.

¿Qué sucede cuando ambas hormonas trabajan juntas?

El problema se acentúa cuando ambas interactúan de manera descontrolada. En este sentido, la oxitocina, al aumentar la confianza, puede llevar a exponerse emocionalmente más de lo adecuado.

Si luego la ínsula detecta algo mínimamente sospechoso, el contraste entre expectativa positiva e interpretación amenazante genera una reacción emocional desproporcionada. Esto hace que la sensación de ser estafado no provenga solo de lo que ocurre externamente, sino de un choque interno entre “quiero confiar” y “algo me dice que me están perjudicando”.

¿Qué factores potencian esta sensibilidad de sentirse estafado por estas hormonas?

Si bien las hormonas influyen, hay factores como el estrés crónico, la falta de sueño, experiencias pasadas de traición o dinámicas familiares conflictivas que pueden aumentar la reactividad de la ínsula y modificar la liberación natural de oxitocina.

Cuando el cuerpo está bajo presión constante, interpreta las relaciones mediante un filtro defensivo. De esa manera, en épocas de cansancio o ansiedad, sentimos más fácilmente que otros se aprovechan de nosotros. El cerebro, buscando protegernos, exagera las señales de alerta.

¿Cómo se puede equilibrar esta percepción?

Un aspecto alentador es que esta sensibilidad puede entrenarse a través de estrategias para regularla. Una manera es trabajar la comunicación asertiva que ayuda a expresar incomodidades sin anticipar malas intenciones.

La práctica de mindfulness ha demostrado reducir la activación excesiva de la ínsula, permitiendo evaluar situaciones con más claridad. Además, reforzar límites personales saludables evita que la oxitocina nos lleve a confiar de forma desmedida. No se trata de dejar de confiar, sino de hacerlo con conciencia. Así se pueden controlar tales hormonas.

Los especialistas de ambas instituciones coinciden en que sentirse estafado constantemente puede ser desgastante, pero comprender el rol de la oxitocina y la ínsula, las hormonas, permite mirar estas emociones desde una perspectiva más compasiva y científica.

También mencionan que no siempre se trata de que las personas realmente quieran perjudicarnos, sino que a veces es nuestra biología la que exagera ciertas señales. Al equilibrar estos mecanismos y desarrollar hábitos emocionales más saludables, la percepción social se vuelve más justa y realista.

 

Salir de la versión móvil