Felipe Isidro, catedrático de educación física: «Si siempre caminas 2 horas, seguramente te costará levantarte de la silla cuando seas mayor»

Con ejercicios de fuerza realizados varias veces a la semana se puede preservar la autonomía que el cuerpo va perdiendo con el paso de los años

Hombre, deporte, entrenamiento
Recreación de una persona con ropa deportiva en un entorno de entrenamiento.

Recreación de una persona con ropa deportiva en un entorno de entrenamiento.

Felipe Isidro, catedrático de educación física, lanza una advertencia que sorprende a quienes creen que caminar dos horas al día es suficiente para envejecer bien: «Si siempre caminas dos horas, seguramente te costará levantarte de la silla cuando seas mayor«.

La razón es fisiológica, caminar activa las fibras musculares lentas, pero no estimula las fibras rápidas, las que el cuerpo necesita para levantarse de una silla, subir escaleras o reaccionar ante una caída.

El problema no es caminar. El problema es caminar sin añadir entrenamiento de fuerza. A partir de los 50 años, el organismo pierde masa muscular de forma progresiva, un proceso conocido como sarcopenia, y las fibras rápidas son las primeras en deteriorarse. Sin un estímulo específico que las active, ninguna cantidad de pasos diarios compensa esa pérdida.

Por qué caminar no es suficiente para mantener la autonomía después de los 50 años de edad

Las fibras musculares se dividen en dos tipos principales. Las lentas, o tipo I, son las que el cuerpo usa en actividades de baja intensidad y larga duración como caminar, y tienen una gran resistencia a la fatiga. Las rápidas, o tipo II, se activan solo cuando el esfuerzo es intenso o explosivo, y son las responsables de movimientos como levantarse de una silla, recuperar el equilibrio tras un tropiezo o subir escaleras con agilidad.

El sistema nervioso sigue un orden estricto a la hora de reclutar fibras: empieza por las lentas y solo incorpora las rápidas cuando el esfuerzo lo exige. Caminar dos horas activa las lentas de forma continua, pero no llega a reclutar las rápidas. Con la edad, las fibras rápidas que no se estimulan se atrofian y desaparecen más rápido que las lentas. El resultado es una persona con buena resistencia cardiovascular pero que un día descubre que le cuesta trabajo levantarse del sofá.

Isidro no propone dejar de caminar, propone añadir entrenamiento de fuerza a la rutina: sentadillas, zancadas, prensa de piernas o ejercicios con el propio peso corporal dos veces por semana. También actividades que exijan potencia y velocidad, como subir escaleras a ritmo rápido o sprints cortos en bicicleta. La clave es que el músculo llegue a un nivel de esfuerzo suficiente para reclutar las fibras rápidas.

Qué ejercicios recomienda Felipe Isidro para complementar la caminata

El punto de partida para quienes nunca han entrenado fuerza es el peso corporal. Sentadillas asistidas apoyándose en una silla, flexiones contra la pared o subir y bajar escalones son ejercicios accesibles que no requieren material y que empiezan a estimular las fibras rápidas. La progresión gradual es fundamental: aumentar la dificultad de forma paulatina y mantener una técnica correcta para evitar lesiones.

Para quienes ya tienen experiencia, incorporar cargas que supongan un reto real, ya sean pesas, bandas de resistencia o máquinas de gimnasio, y llegar cerca del fallo muscular en las últimas repeticiones es lo que garantiza el estímulo necesario para preservar las fibras rápidas. Dos sesiones semanales de entre 30 y 45 minutos son suficientes para obtener resultados significativos.

Los beneficios del entrenamiento de fuerza en mayores de 50 van más allá de la masa muscular. Mejora el equilibrio y reduce el riesgo de caídas, refuerza la densidad ósea y disminuye el riesgo de osteoporosis, acelera el metabolismo basal y ayuda al control del peso, y reduce el riesgo de diabetes tipo 2. Caminar aporta salud cardiovascular. La fuerza aporta independencia. La combinación de ambas es lo que Isidro define como el camino más seguro para una vejez activa y autónoma.

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