Hacer deporte siempre va asociado a la promesa de una vida más larga, una idea que repiten entrenadores, médicos y campañas de salud pública desde hace décadas. Y en este caso, el catedrático de Educación Física Felipe Isidro sostiene que el ejercicio no añade años a la vida, pero cambia por completo cómo se viven esos años.
El experto explica que, realmente, lo que importa no es sumar años a la vida, sino llenar de contenido los que ya se tienen. Esa diferencia se nota especialmente en la vejez, cuando la actividad física marca la distancia entre depender de otros o mantener la autonomía.
Cómo explica Felipe Isidro el concepto de ensanchar la vida con el ejercicio
El movimiento constante no evita la muerte ni multiplica los años de vida de forma mágica, pero sí determina cuántos de esos años transcurren sin enfermedades crónicas ni pérdida de autonomía. Los especialistas en envejecimiento llaman a este concepto healthspan, el periodo de vida libre de discapacidad, y lo diferencian del lifespan, el número total de años vividos.
Isidro insiste en que el objetivo no es perseguir cifras extremas de longevidad, sino mantener la capacidad de moverse, cargar peso, subir escaleras o levantarse de una silla sin ayuda. Esa independencia funcional, según el catedrático, tiene un impacto directo en la salud mental: reduce el estrés y aumenta la sensación de bienestar general en el día a día.
Un estudio titulado «The Effect of Physical Exercise on Functional Capacity and Perception of Well-Being in Older Adults«, publicado en la revista Teoría y Metodología de la Educación Física, respalda esta visión.
La investigación, firmada por Ingrid J. Sánchez-Roa, Javier Leonardo Reina, Clara Stella Juliao Vargas y Luis Alberto Cardozo, analizó durante ocho semanas a 25 mujeres de entre 62 y 85 años que siguieron un programa de entrenamiento de fuerza con tres sesiones semanales de 58 minutos, usando solo el peso corporal, bandas elásticas y mancuernas.
Los resultados mostraron mejoras significativas en fuerza, flexibilidad y resistencia cardiorrespiratoria, además de un aumento notable en las ocho dimensiones de calidad de vida analizadas y en la percepción de bienestar, la motivación y la interacción social de las participantes.
Por qué la sentadilla es clave para ensanchar la vida según el experto
Cuando se le pregunta por el ejercicio imprescindible, Isidro no duda: «Si tuviera que quedarme solo con un ejercicio, sería la sentadilla«. El catedrático defiende este movimiento porque involucra varios grupos musculares a la vez, entre ellos los cuádriceps, los isquiotibiales, los glúteos y el core, y porque replica gestos que el cuerpo realiza constantemente, como levantarse, agacharse o cargar objetos.
Practicar sentadillas de forma regular fortalece los huesos, mejora el equilibrio y ayuda a prevenir caídas en la vejez. La capacidad de realizar una sentadilla profunda y controlada funciona además como indicador de salud física integral, ya que refleja no solo fuerza muscular, sino también flexibilidad en caderas, rodillas y tobillos.
Isidro no pide equipamiento sofisticado ni entrenamientos de alta intensidad. Defiende un enfoque inteligente, donde el movimiento se integra en la vida cotidiana a través de ejercicios básicos pero efectivos. La energía diaria se duplica, el cuerpo libera endorfinas que combaten el estrés y los ciclos de sueño profundo se regulan con la actividad física constante.
El mensaje final del catedrático es claro: la meta no es vivir eternamente, sino vivir con fuerza, lucidez y autonomía el mayor tiempo posible. Ese es, para Isidro, el verdadero sentido de ensanchar la vida a través del ejercicio.
