Felipe Isidro, catedrático de educación física (60 años): «Las rodillas se fortalecen al recibir una carga, no se desgastan como la suela de un zapato»

Si se entrena de manera progresiva, respetando los tiempos de recuperación, se puede fortalecer la rodilla en lugar de desgastarla

Rodilla, sentadilla, ejercicio
Recreación de una sentadilla con mancuerna y técnica controlada.

Recreación de una sentadilla con mancuerna y técnica controlada.

Muchas personas evitan las sentadillas o dejan de subir escaleras por miedo a «desgastar» las rodillas, pero esa idea parte de una comparación equivocada. Felipe Isidro, catedrático de Educación Física con 60 años de experiencia, explica que a diferencia de los objetos inanimados, el tejido vivo se adapta y se fortalece cuando se somete a estímulos controlados, y esa diferencia cambia por completo cómo debería entenderse el ejercicio a partir de cierta edad.

El catedrático insiste en que la mayoría de las molestias en la rodilla no aparecen por usarla, sino por exponerla a una carga para la que todavía no está preparada. «Existe una gran diferencia entre cargar una articulación y dañarla», explica, y recuerda que la inactividad prolongada suele jugar en contra, ya que reduce la fuerza y hace que la rodilla tolere cada vez menos actividad.

Por qué las rodillas no son como la suela de un zapato

Los zapatos sufren un desgaste puramente mecánico y acumulativo, mientras que el cuerpo humano es un sistema biológico dinámico. Cuando se aplica una carga adaptada sobre las articulaciones, se estimula la producción de líquido sinovial y la remodelación del cartílago y del hueso subcondral, el que se encuentra justo debajo del cartílago.

El cartílago articular es avascular, es decir, no tiene riego sanguíneo directo, y se nutre por un proceso llamado imbibición: al comprimirse con la carga expulsa los desechos, y al descomprimirse absorbe nutrientes del líquido sinovial. La carga controlada a través del entrenamiento de fuerza desarrolla además los músculos que rodean la rodilla, como los cuádriceps, los isquiotibiales y los glúteos, lo que mejora la estabilidad mecánica y reduce el impacto real que recibe la articulación.

Cómo se fortalece la rodilla al cargarla

El fortalecimiento de la rodilla mediante la carga se produce a través de un proceso biológico llamado mecanotransducción, que transforma la fuerza física y el impacto controlado en señales químicas que ordenan a las células regenerar y reforzar los tejidos. Este proceso ocurre en tres niveles distintos.

El primero es el efecto esponja en el cartílago, al cargar peso, el cartílago se comprime y expulsa las sustancias de desecho, y al liberar el peso se expande y absorbe líquido nuevo cargado de oxígeno y nutrientes. Sin este estímulo de compresión y descompresión, el cartílago se debilita, se vuelve rígido y se deteriora con el tiempo.

El segundo nivel es la remodelación ósea y del tejido conectivo. Los tendones, los ligamentos y el hueso subcondral responden directamente a la tensión mecánica, las células llamadas osteocitos y tenocitos detectan la deformación microscópica causada por el peso, y esa señal activa la producción de colágeno y la fijación de calcio, lo que aumenta la densidad del hueso y hace que los tendones sean más gruesos y resistentes a las lesiones.

El tercer nivel es la creación de una armadura muscular. Al entrenar con carga, los músculos que cruzan la articulación, principalmente cuádriceps, isquiotibiales y glúteos, ganan fuerza y tono, y actúan como un amortiguador activo: al caminar, correr o agacharse, la fuerza del impacto no llega directamente a los huesos de la rodilla, sino que la masa muscular la absorbe y la disipa.

Salir de la versión móvil