Elecciones en Brasil

¿Qué dirían si fuera Milei? El abogado de Lula, magistrado del Supremo, amplía el horario de votación y su cliente gana el balotaje

Zanin ejerció como el abogado defensor de Lula da Silva en las investigaciones y procesos vinculados a la Operación Lava Jato

¿Qué dirían si fuera Milei? El abogado de Lula, magistrado del Supremo, amplía el horario de votación y su cliente gana el balotaje
Lula da Silva.
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

¿Se imagina los gritos que estarían dando los peronistas, los piqueteros, el New York Times y Alexander Soros si el abogado personal de Javier Milei, al que éste hubiera nombrado miembro de la Corte Suprema ampliara por sus santas narices el horario de votación en la segunda vuelta de las presidenciales y estas las ganara su antiguo cliente? Eso es lo que ha ocurrido en Brasil, pero como el atropello lo ha perpetrado un zurdo, lo atronador es el silencio de los “guerreros del bien”.

El domingo 26 de octubre se celebró en el segundo país más poblado de América la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre el actual jefe de Estado, el izquierdista Luz Inazio Lula da Silva (que se ha presentado otras siete veces, de las que ha ganado tres), y el senador liberal Flavio Bolsonaro. Este llegaba como favorito, no sólo porque lo señalaran todas las encuestas, incluso las elaboradas por las empresas y los medios de comunicación favorables a Lula, sino porque el 4 de octubre había quedado primero, con 2,3 millones de votos de ventaja, y su coalición también se había hecho con la victoria en las dos cámaras del Congreso. Además, Bolsonaro había recibido el apoyo de los candidatos situados en tercer, cuarto y quinto lugares, que reunieron más de 8,7 millones de sufragios.

El mayor escándalo de esta elección, que pone en duda la victoria de Lula, es la orden dictada por el magistrado del Tribunal Supremo Federal, Cristiano Zanin Martins, de reabrir las urnas que no hubieran cerrado ni empezado el recuento electrónico (las urnas son todas electrónicas desde 1996 y, en teoría, se cierran automáticamente a la hora señalada). La resolución la dictó Zanin cuando el Tribunal Superior Electoral, encargado de los procesos, todavía no se había pronunciado a favor de sendas peticiones presentadas por los dos candidatos debido a incidentes en sus estados feudo respectivos. En consecuencia, se siguió votando en lugares como Bahía, el cuarto más poblado y mayoritariamente favorable a Lula.

Zanin ejerció como el abogado defensor de Lula da Silva en las investigaciones y procesos vinculados a la Operación Lava Jato, la mayor investigación contra la corrupción en la historia de Iberoamérica, y logró que el Tribunal Supremo Federal anulara en 2021 las condenas contra su cliente. Este le recompensó proponiéndole en junio de 2023 como magistrado del mismo Tribunal Supremo. Como el Senado lo aprobó, Zanin se incorporó al puesto en agosto de ese año.

Descarado, ¿verdad? Pero la impunidad de los progresistas, gracias a su control de los medios de comunicación y los altos tribunales, es completa. Otro de los once magistrados del Supremo es Flávio Dino, que fue ministro de Justicia de Lula. Como Pedro Sánchez, que designó al ex ministro de Justicia Juan Carlos Campo magistrado del Tribunal Constitucional.

Los hinchas y socios de Lula dan por cierta su victoria y ya le han felicitado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Alexander Soros y el citado Sánchez. En un mensaje en X, el socialista español ha escrito: “¡Gran victoria de Lula! Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España. La remontada del progresismo global acaba de comenzar”.

En las tres semanas de campaña entre ambas vueltas, Lula metió miedo a los brasileños más pobres y subsidiados. Afirmó que Bolsonaro iba a suprimir el programa de la Bolsa Familia, que instituyó Lula en 2003, a congelar los salarios y las jubilaciones, a recortar más de 200.000 millones de los programas sociales y otras catástrofes… A la vez, prometió más gasto.

Por otro lado, su equipo dejó de demonizar las redes sociales y trató de conquistarlas. El diputado André Janones administra un canal de WhatsApp llamado “El Ejército do Lula”, con más de diez millones de seguidores, el segundo más grande de Brasil.

Flávio Bolsonaro, por el contrario, titubeó en sus respuestas sobre la reforma constitucional, el alargamiento de la jornada laboral, la supresión de la Bolsa Familia…. Tampoco supo contrarrestar la avalancha de Lula, insistiendo en sus fortalezas, como la lucha contra la delincuencia y la corrupción.

Todo lo que ha hecho la izquierda en las elecciones brasileñas, desde el preñado de las urnas a la insistencia en consignas del miedo sobre las pensiones, se está repitiendo en España. Por ejemplo, Sánchez ha prometido aumentos de las pensiones, los salarios de los funcionarios y el Ingreso Mínimo Vital, cuyas cuantías aprobará mediante decreto-ley días antes de las elecciones del 29 de noviembre.

Ahora que conocen la estrategia del adversario, el Partido Popular y VOX tienen que poner los remedios… si de verdad desean la victoria. Porque está claro que para los poderosos del mundo sus candidatos están en las izquierdas.

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