Valverde, un año para reflexionar
El centrocampista pasó de discutir su posición en el Real Madrid a recuperar su mejor nivel y convertirse en una pieza clave para Mourinho
La eliminación de Uruguay ante España desató el enfado de Valverde con Bielsa y puso el broche a unos meses marcados por la tensión y la polémica
Bielsa se carga a Valverde: le cambia en el 56’ con Uruguay obligado a remontar para clasificarse
Federico Valverde ha pasado en apenas unos meses de ser uno de los futbolistas más queridos por el madridismo a protagonizar el año más turbulento de su carrera. El uruguayo ha vivido conflictos en el Real Madrid, problemas disciplinarios, un vestuario roto en su selección y una eliminación mundialista que terminó con una imagen impropia del capitán de Uruguay. Todo ello después de una temporada brillante sobre el césped, en la que volvió a demostrar que, cuando está centrado únicamente en jugar al fútbol, es uno de los mejores centrocampistas del mundo.
Paradójicamente, todo comenzó con una discusión futbolística. La plaga de lesiones que sufrió el Real Madrid al principio de la pasada temporada llevó al entonces entrenador, Xabi Alonso, a plantearse utilizar a Valverde como lateral derecho en varios partidos. El internacional uruguayo nunca escondió que no le gustaba esa posibilidad y trasladó al cuerpo técnico su deseo de jugar exclusivamente en el centro del campo. Aquella situación generó una importante tensión interna que desgastó todavía más la relación entre entrenador y jugador. Todo estalló en Almaty, cuando se negó a calentar frente al Kairat.
Con el paso de las semanas, Valverde volvió definitivamente a su posición natural y respondió como mejor sabe: sobre el césped. Firmó una temporada extraordinaria con nueve goles y nueve asistencias en 49 partidos oficiales, lideró al equipo en los momentos más complicados e incluso firmó un histórico hattrick en el Santiago Bernabéu frente al Manchester City. Fue, probablemente, el futbolista más regular del Real Madrid durante el curso.
Sin embargo, el centrocampista también protagonizó uno de los episodios más desagradables del año en Valdebebas. Su grave enfrentamiento con Aurélien Tchouaméni terminó con ambos expedientados, el uruguayo en el hospital, estando dos semanas de baja en las que se perdió partidos como el Clásico y sancionados con una multa de 500.000 euros por parte del club. Durante unos días, incluso se llegó a valorar la posibilidad de escuchar ofertas por un futbolista que hasta entonces era considerado intocable.
La llegada de José Mourinho cambió completamente el escenario. El portugués frenó cualquier debate sobre su continuidad, le trasladó personalmente que será uno de los pilares de su proyecto y convenció al club de que debía seguir de blanco. Eso sí, también le dejó un mensaje claro: necesita canalizar mejor su carácter y convertirse en un líder desde el rendimiento, no desde los conflictos.
Un Mundial para olvidar
Pero cuando parecía que el Mundial iba a servir para dejar atrás todos esos problemas, la situación explotó también con Uruguay. Valverde llegó a México como capitán y principal referente del combinado charrúa. Sin embargo, el ambiente dentro de la concentración estaba muy lejos de ser el ideal. Desde hacía semanas existía un profundo malestar con Marcelo Bielsa por la carga física de los entrenamientos y por la forma de gestionar el vestuario. Varios futbolistas respaldaban las críticas internas y Valverde era uno de los líderes del grupo.
Sobre el césped tampoco apareció la mejor versión del madridista. Muy lejos del nivel que había ofrecido durante la temporada con el Real Madrid, fue incapaz de dominar los partidos y las críticas comenzaron a multiplicarse en Uruguay. La afición esperaba que tirara del equipo en los momentos difíciles, pero nunca consiguió asumir ese protagonismo.
El desenlace fue dramático. Uruguay necesitaba remontar frente a España para seguir con vida en el Mundial, pero el gol de Álex Baena dejó al combinado charrúa contra las cuerdas. En el minuto 57, Bielsa decidió sustituir a Valverde para dar entrada a un delantero y buscar una reacción desesperada.
La decisión no sentó nada bien al capitán. Visiblemente enfadado, abandonó el terreno de juego sin mirar al seleccionador argentino, ocultó su rostro con la camiseta mientras descargaba su frustración y terminó completamente hundido en el banquillo. La eliminación quedó consumada pocos minutos después y el Mundial terminó convirtiéndose en la gota que colmó el vaso.
El contraste no puede ser mayor. Mientras Mourinho espera recuperar al mejor Valverde para convertirlo en uno de los líderes del nuevo Real Madrid, el centrocampista abandona la concentración de Uruguay después del año más convulso de su carrera. Un futbolista imprescindible cuando sólo habla el balón, pero que necesita dejar atrás varios meses marcados por los conflictos para volver a ser el líder que todos esperan de él.
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