Harto de los arbitrajes

Mourinho ya se cree al Real Madrid

El portugués llegó defendiendo la honestidad del arbitraje español, pero el derbi y el partido contra el Villarreal han terminado con su confianza

El entrenador reclama respaldo al club: le preocupan las decisiones y el trato que reciben sus jugadores sobre el campo

Mourinho decide no hablar con la prensa tras la expulsión de Vinicius

A Mourinho le han bastado ocho jornadas para perder la confianza con la que regresó al fútbol español. El portugués llegó al Real Madrid dispuesto a dejar atrás las batallas de su primera etapa. Defendió públicamente la honestidad de los árbitros y aseguró que no empezaba ningún partido dudando del colegiado. Esa buena fe se rompió en el derbi. Después llegó el Villarreal, la expulsión de Vinicius y una noche en la que prefirió no comparecer ante los medios.

El punto de partida había sido muy distinto. El 25 de agosto, Mourinho dejó clara su posición: «Confío en el arbitraje español, antes de cada partido confío siempre en el árbitro». También rechazó que los colegiados salieran al campo condicionados por antiguos vínculos con Negreira. Admitía errores y decisiones discutibles, pero mantenía su confianza en la honestidad del estamento.

El Metropolitano marcó el cambio. Mourinho apareció en la rueda de prensa con dos fotografías de acciones que, a su juicio, merecían la expulsión. «Son dos tarjetas rojas claras», afirmó. Cuestionó además la designación arbitral y la actuación del VAR. El entrenador que había comenzado la temporada tendiendo la mano salió del derbi convencido de que su equipo había sufrido un perjuicio decisivo.

El parón de selecciones no rebajó esa sensación. Le dio tiempo para revisar lo sucedido y asumir que la tranquilidad con la que había vuelto iba a resultar difícil de mantener. Mourinho empieza a comprender desde dentro las quejas que el Real Madrid ha sostenido durante los últimos años. Su lectura es que el cambio de nombres en el estamento no ha eliminado los problemas que el club denuncia.

El trato también le indigna

El partido contra el Villarreal terminó de elevar la tensión. La expulsión de Vinicius dejó al Madrid con diez y Mourinho optó por no acudir a la rueda de prensa para evitar que su enfado desembocara en declaraciones que pudieran costarle una sanción. El triunfo no borró el malestar con el arbitraje.

Pero su preocupación va más allá de las tarjetas o de una acción concreta. Al portugués le molesta el trato que reciben sus futbolistas y que él mismo percibe desde el banquillo. El tono de algunas respuestas, las formas de dirigirse a los jugadores y la sensación de que sus protestas reciben una consideración diferente alimentan su enfado.

Ese es el fondo del cambio. Mourinho considera que el Real Madrid sigue saliendo gravemente perjudicado y ya no está dispuesto a sostener una confianza que, desde su perspectiva, no encuentra respuesta. El recuerdo de su primera etapa vuelve a aparecer en su diagnóstico, aunque esa percepción no demuestra que exista una consigna arbitral contra el club.

Mourinho reclama respaldo

El portugués tampoco quiere repetir el desgaste de aquellos años. Está dispuesto a elevar el tono y pide tensión competitiva a sus jugadores, pero reclama que la entidad lo acompañe. No quiere asumir en solitario cada protesta ni convertirse en la única voz que exponga el malestar del Real Madrid.

Su petición al club es que dé un paso al frente y defienda con firmeza a la plantilla. Mourinho entiende ahora mejor las posiciones que encontró a su llegada y considera insuficiente limitarse a pasar página después de cada partido.

Ocho jornadas han cambiado su disposición. Llegó dispuesto a confiar y ahora exige respuestas. El desafío será defender esa posición sin que el conflicto absorba al equipo ni vuelva a consumir al entrenador como ocurrió en su primera etapa.

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