Tras perder contra el Betis

Mourinho tiene que tomar decisiones

El técnico debe intervenir en el encaje de Vinicius, Mbappé y Bellingham tras el cortocircuito ofensivo sufrido en La Cartuja

El poco fútbol del doble pivote formado por Valverde y Camavinga obliga a buscar soluciones como Carlos Espí o Trent

El Real Madrid no se explica lo que pasó en La Cartuja

El primer batacazo de la temporada obliga a José Mourinho a tomar decisiones. La derrota contra el Betis no desata ninguna crisis -o no debería-, pero sí descubrió problemas que el Real Madrid debe corregir antes de que aparezcan las dudas. Los blancos generaron ocasiones suficientes para ganar, se estrellaron dos veces contra la madera, vieron cómo les anulaban dos goles y Mbappé falló un penalti. Sin embargo, detrás de toda esa ineficacia también apareció un equipo atascado, demasiado dependiente de sus individualidades y sin una respuesta colectiva cuando el partido se complicó.

Mourinho ha defendido desde su llegada que jugarán aquellos que lo merezcan, independientemente de su nombre. Ha llegado el momento de demostrarlo. El portugués debe meter el bisturí en el ataque y en el centro del campo para impedir que la derrota de Sevilla dañe la confianza construida durante las primeras jornadas. No se trata de señalar culpables, sino de encontrar un funcionamiento que permita aprovechar todo el talento de la plantilla.

La ‘BMV’ se estrella en la primera curva

Vinicius, Mbappé y Bellingham todavía no funcionan como una unidad. Los tres son capaces de decidir cualquier encuentro, pero en La Cartuja jugaron demasiadas guerras por separado. Vinicius se mantiene pegado a la banda izquierda, Mbappé queda encorsetado como delantero centro y Bellingham termina alejándose del área para ayudar a construir un fútbol que no le llega desde atrás.

El principal perjudicado es Mbappé. El francés necesita espacios para correr y explotar su cambio de ritmo, pero demasiadas veces recibe de espaldas y rodeado de centrales. Contra el Betis esa frustración terminó convertida en ansiedad: falló una doble ocasión incomprensible y desperdició el penalti del empate. Mourinho debe decidir si mantiene esa distribución o modifica las posiciones para concederle mayor libertad.

Bellingham también paga el atasco. Cuando debe bajar demasiado para recibir, el Real Madrid pierde su llegada, su potencia y su capacidad para aparecer por sorpresa dentro del área. El inglés es mucho más decisivo cerca de la portería que iniciando las jugadas lejos de ella.

Mucho músculo y poco fútbol

El doble pivote formado por Valverde y Camavinga ofrece energía, presión y kilómetros, pero genera muy poco fútbol. Ninguno de los dos es un organizador natural y, ante un rival replegado, la circulación termina siendo plana y previsible. El balón tarda en llegar a los atacantes y lo hace sin haber conseguido desordenar previamente al contrario.

Esa falta de claridad obliga a Vinicius a buscar constantemente el uno contra uno y a Bellingham a desgastarse bajando a recibir. Mourinho eligió músculo para superar la primera gran prueba del curso, pero el Betis demostró que el Madrid también necesita pausa, imaginación y pases capaces de romper líneas.

Espí y Trent ofrecen soluciones

Carlos Espí sólo necesitó unos minutos para demostrar que puede ofrecer un recurso diferente. El delantero fijó a los centrales y marcó una espectacular media chilena que terminó anulada por un fuera de juego milimétrico. Su presencia como ‘9’ puro permitiría liberar a Mbappé, darle más espacios a Vinicius y ofrecer una referencia cuando el rival se encierra.

La otra solución puede ser Trent Alexander-Arnold. Con Camavinga, Güler y Bernardo Silva sancionados, además de Tchouaméni y Thiago Pitarch lesionados, para el estreno europeo, Mourinho medita adelantar al inglés y colocarlo junto a Valverde contra el Inter de Milán. Su visión de juego y su desplazamiento en largo aportarían la creatividad que faltó en Sevilla, mientras Dumfries ocuparía el lateral derecho.

El Real Madrid no puede convertir un tropiezo en una caída ni empezar a sospechar de sí mismo después de la primera derrota. Para evitarlo, Mourinho debe actuar. El portugués está obligado a decidir si mantiene su fórmula o agita el equipo. La visita del Inter al Bernabéu será el momento de comprobar si el entrenador protege lo construido o se atreve a cambiar aquello que no funciona.

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