José Mota debuta como director con ‘Arriba Tutto’: «La película va de cómo el niño que fuimos puede salvar al adulto que somos»

José Mota lleva décadas haciendo reír a varias generaciones de españoles, pero ahora se enfrenta a un nuevo reto profesional: ponerse detrás de las cámaras. El humorista debuta en la dirección cinematográfica con Arriba Tutto, una película que llevaba cinco años gestando y que nace de una convicción que atraviesa toda su trayectoria: la risa puede cambiar nuestra forma de mirar el mundo. «Hemos intentado hacer una declaración de amor a la vida», explica.
Nos reunimos con José Mota en Asador Gonzava, el mismo al que fue hace unos días a comer el cineasta Woody Allen, que estos días se encuentra en Madrid rodando su nueva cinta. La película del humorista, que llegará a los cines el 22 de octubre, es mucho más que una comedia familiar. José Mota propone un viaje a la infancia, a ese territorio en el que todavía es posible encontrar magia en las pequeñas cosas y afrontar la vida sin el peso de los miedos que vamos acumulando con los años. «La película va de cómo el niño que fuimos también puede ser la salvación del adulto que hoy somos», resume.
La historia comienza en 1905. Michi tiene siete años y disfruta de una infancia feliz junto a su padre, un artista ambulante que le enseña a descubrir el humor en cada rincón de la vida. Pero esa felicidad se rompe de manera violenta. Con el paso del tiempo, el niño se convierte en un hombre amargado, consumido por el rencor, hasta que una aparición inesperada y el reencuentro con Conchita, su amor de la niñez, le permiten recuperar aquella mirada que parecía haber perdido para siempre.
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«La comedia nos hace libres»
En Arriba Tutto, el humor no es únicamente una herramienta para provocar carcajadas. Es una forma de enfrentarse a la adversidad y de tender puentes entre personas que, aparentemente, no tienen nada en común. Una idea que José Mota relaciona con algunos de los grandes nombres de la comedia española, capaces de conectar con públicos muy diferentes.
«Gila ha hecho reír a dos Españas a la vez, a la izquierda y a la derecha. Ambas Españas reían con Gila. Eso lo consigue sólo el humor», reflexiona. Y pone otro ejemplo de la huella que puede dejar un cómico en la sociedad: «Dime un sólo político de España que haya hecho por este país lo que ha hecho Chiquito de la Calzada».
Para Mota, la capacidad de unir es precisamente uno de los grandes valores de la comedia. «Es la comedia frente al miedo y frente al odio», sostiene. También considera que el humor puede incomodar a quienes rechazan la libertad, porque tiene la capacidad de dejar al descubierto determinadas actitudes. «La comedia nos hace libres», sentencia.
La película transcurre entre 1905 y 1939, un periodo marcado por grandes convulsiones históricas. Situar la historia en ese contexto permite al director subrayar la importancia de la risa incluso en los momentos más oscuros. Porque, como defiende, el humor puede convertirse en una manera de resistir cuando todo parece torcerse.
«Un cuento contado por un niño a un adulto»
El debut de Mota detrás de las cámaras no ha sido una aventura improvisada. El cineasta ha dedicado cinco años a desarrollar la historia, construir el argumento y transformarlo en un guion. Un proceso con momentos de sequía creativa y otros de auténtica inspiración. «Ha sido una aventura», reconoce.
Pero si hubo algo que le preocupó especialmente, fue encontrar al niño capaz de sostener la película. El personaje tenía que rondar los siete años para transmitir esa mezcla de inocencia, magia y espontaneidad sobre la que descansa buena parte del relato. Finalmente, encontró a Pablo Cabello, junto a Mila Borràs, dos de los jóvenes intérpretes que dan vida a los protagonistas durante su infancia.
La historia también reserva espacio para el amor. Michi y Conchita se reencuentran después de la infancia y la promesa que el niño hizo un día adquiere un nuevo significado. Para el director, la película es también un relato sobre el compromiso, la fidelidad a lo que uno siente y la necesidad de cumplir aquello que alguna vez prometimos.
Todo está contado con la estructura de un cuento, aunque con una particularidad que Mota considera esencial: «Es un cuento contado por un niño a un adulto. Es al revés». Una mirada que invita a los espectadores a recuperar algo de la inocencia que el protagonista parece haber perdido.
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Las películas que han marcado a José Mota
En su primera película como director hay ecos de algunas de las obras que más le han influido. Al recordar la figura del padre de Michi, un hombre que cree en la vida y en el poder transformador de la comedia, Mota reconoce ciertas reminiscencias de La vida es bella. Pero también menciona títulos como El gran dictador, Ser o no ser, El viaje a ninguna parte y las películas de Luis García Berlanga, incluida La vaquilla.
«Son películas que me han influido poderosamente en mi vida. El aroma está ahí», explica. No se trata tanto de reproducir sus fórmulas como de recoger una manera de entender el cine: contar historias capaces de emocionar, hacer reír y dejar una reflexión después de que terminen los créditos.
En ese propósito ha sido fundamental el trabajo del equipo artístico y técnico. Mota destaca la implicación de todos desde el momento en que leyeron el guion, convencidos por la historia y por su condición de fábula. «Es una película que está barnizada de arriba abajo de amor», asegura.
También dedica palabras de reconocimiento al director de fotografía, De la Rica, cuyo trabajo considera excepcional, tanto por la iluminación como por el tratamiento del color. La producción, que cuenta con participación italiana, llevó al equipo hasta Cinecittà para trabajar en la sonorización.
«Cuando nos tomamos demasiado en serio, el niño que fuimos no está contento»
Más allá de la película, la conversación con José Mota acaba convirtiéndose en una reflexión sobre el paso del tiempo y la distancia que a veces se abre entre quienes fuimos y quienes somos. El humorista reconoce que el niño que lleva dentro ha sido decisivo para escribir esta historia. De alguna manera, ha sido ese recuerdo de la infancia el que le ha empujado a dar el salto a la dirección.
Cuando se le pregunta cómo consigue volver a conectar con aquella etapa, su respuesta es sencilla: siendo feliz con lo que hace. «Cuando en el trabajo que hago soy feliz, estoy cogido de la mano de ese niño. No soy feliz en la medida en que entran dentro de mí preocupaciones, ocupaciones que no quiero y miedos», explica.
Recuerda la felicidad de jugar a las bolas durante su infancia y la ausencia de miedo que asociaba entonces a aquellos momentos. Para él, recuperar esa sensación no significa ignorar los problemas, sino evitar que las preocupaciones terminen ocupando todo el espacio.
«Nosotros hemos nacido para jugar y para divertirnos», afirma. Y deja una reflexión que conecta directamente con el espíritu de la película: «Cuando nos tomamos en serio demasiadas cosas, el niño que fuimos no está contento».
Con Arriba Tutto, José Mota reúne parte de sus vivencias personales y profesionales en una historia que quiere hablar a espectadores de distintas generaciones. Su primera película como director es, según sus propias palabras, una declaración de amor a la vida y al ser humano. Una invitación a no olvidar que, incluso cuando todo se tuerce, la risa puede ayudarnos a encontrar el camino de vuelta.