Arquitectura

El palacio de Lisboa donde cobra vida ‘La Promesa’: un tesoro del siglo XVII con azulejos históricos, techos pintados y jardines de ensueño

Palacio de los Marqueses de Fronteira, Liisboa, La Promesa
(Foto: Palacio de los Marqueses de Fronteira)
Marta Morales

Azulejos históricos, jardines llenos de encanto y una elegancia que atraviesa los siglos. El Palacio de los Marqueses de Fronteira se convierte en uno de los escenarios más especiales de La Promesa, la serie de TVE que lleva a Curro y Ángela hasta Lisboa para disfrutar de su luna de miel. Construido alrededor de 1670 y todavía vinculado a la familia de sus primeros propietarios, esta residencia histórica combina arquitectura barroca, decoración artesanal y jardines monumentales en un conjunto que parece diseñado para el cine. Ahora, su belleza vuelve a captar todas las miradas gracias a La Promesa, que lo transforma en la residencia de verano del duque de Buenaventura.

Un palacio donde los azulejos son protagonistas

Situado en el barrio de São Domingos de Benfica, el palacio destaca por una característica que lo diferencia de muchas residencias históricas europeas: la presencia de azulejos decorativos que revisten paredes, terrazas y miradores. Sus composiciones, con motivos ornamentales y escenas históricas, aportan color, profundidad y personalidad a cada estancia.

Palacio de los Marqueses de Fronteira, Liisboa, La Promesa
(Foto: Palacio de los Marqueses de Fronteira)

Esta riqueza visual fue precisamente uno de los aspectos que conquistaron a Josep Cister Rubio, creador y productor ejecutivo de La Promesa. Su primer encuentro con el edificio se remonta a la película El perro del hortelano, de Pilar Miró, estrenada en 1996. Años después, aquel descubrimiento cinematográfico se convirtió en una localización ideal para la serie.

Los azulejos introducen una estética diferente de los papeles pintados y las paletas más cálidas que caracterizan los interiores habituales de La Promesa. El resultado es un universo decorativo más luminoso, donde los revestimientos tradicionales adquieren tanto protagonismo como el mobiliario y las obras de arte.

Jardines que elevan la experiencia arquitectónica

El encanto del palacio no termina en sus interiores. Sus jardines, fuentes, esculturas y recorridos paisajísticos construyen una sucesión de perspectivas que invita a descubrir el espacio poco a poco. La vegetación enmarca la arquitectura y crea rincones íntimos, mientras que las terrazas funcionan como miradores privilegiados hacia el conjunto.

En la serie, estos exteriores refuerzan la posición social de la familia de Ángela. La amplitud del recinto y su carácter reservado transmiten una idea de exclusividad que no necesita explicaciones: basta con contemplar el entorno para comprender el poder y el refinamiento asociados a sus habitantes.

Palacio de los Marqueses de Fronteira, Liisboa, La Promesa
(Foto: Palacio de los Marqueses de Fronteira)

Una joya histórica adaptada a la ficción

Uno de los grandes aciertos de La Promesa es aprovechar la autenticidad del edificio. Su conservación y su correspondencia con la ambientación de finales de la década de 1910 permitieron mantener buena parte de sus elementos originales. El equipo artístico incorporó muebles de terraza, flores, mesas y tumbonas para adaptar los espacios a las escenas sin alterar su esencia. Rodar en un inmueble histórico también exige una planificación minuciosa. La protección de los suelos antiguos, la organización del material y el respeto por las estancias privadas forman parte de un proceso en el que la conservación del patrimonio resulta fundamental.

Lisboa, un escenario con alma

El viaje de Curro y Ángela también descubre otros rincones de la capital portuguesa, como Alfama y el mirador de Santa Luzia. Allí, la luz, los revestimientos cerámicos y las calles tradicionales completan una atmósfera que conecta arquitectura, paisaje y narración. Con su mezcla de historia, artesanía y elegancia, el Palacio de los Marqueses de Fronteira demuestra que el patrimonio arquitectónico puede convertirse en mucho más que un telón de fondo. En La Promesa, es una pieza esencial de la historia; para quienes visitan Lisboa, una invitación a descubrir uno de sus tesoros más singulares.