Restaurantes

Carmen Lomana cena en el restaurante de moda de la ‘jet set’ madrileña: sushi, wagyu y fusión japo-latina por 50 euros

(Foto: Li-Onna)
Marta Morales

Edamames a la brasa que crean adicción, nigiris de anguila con foie, tacos de bacalao con un punto picante y wagyu en todas sus versiones. En el número 1 de la calle Recoletos, Li-Onna juega a mezclar Japón y Latinoamérica con mucho estilo. Un restaurante de estética envolvente, cócteles de autor y una carta pensada para quienes disfrutan descubriendo sabores nuevos. Carmen Lomana ya ha disfrutado de una cena en Li-Onna, sumándose así a la lista de rostros conocidos que se dejan seducir por esta dirección del barrio de Salamanca, donde la gastronomía japo-latina, los cócteles de autor y una atmósfera sofisticada convierten cada velada en una ocasión especial.

Lo primero que llama la atención es el espacio. Firmado por el reconocido arquitecto Lázaro Rosa-Violán, el interiorismo apuesta por terciopelos en tonos cálidos, una iluminación sugerente y una elegancia que invita a alargar la sobremesa. El restaurante se distribuye en dos plantas, con una espectacular barra de coctelería y un sushi bar donde la elaboración de los bocados se convierte en parte del espectáculo. Abajo, el ambiente se vuelve más íntimo, perfecto para una cena sin prisas.

Li-Onna, restaurantes, Madrid, Carmen Lomana
(Foto: Li-Onna)

Pero aquí se viene, sobre todo, a comer. Y la carta tiene unos cuantos argumentos para dejarse llevar. Los primeros en llegar a la mesa deberían ser los edamames a la brasa (9 €). Olvídate de la versión más convencional: aquí se sirven con salsa negra, shichimi togarashi, cebollino y limón, una combinación que juega con el ahumado, el picante y la frescura cítrica. Son el aperitivo perfecto para abrir boca mientras se decide qué pedir después. Y también uno de esos platos que, cuando se comparten, siempre dejan a alguien con ganas de repetir.

Li-Onna, restaurantes, Madrid, Carmen Lomana
(Foto: Li-Onna)

El siguiente imprescindible es el tataki de res (23 €), elaborado con lomo alto, coles de Bruselas, alioli de trufa, ponzu y cilantro. La carne aporta intensidad y jugosidad, mientras que el ponzu introduce el contrapunto ácido y la trufa añade profundidad. Un plato con carácter que demuestra cómo la cocina japonesa puede incorporar ingredientes y matices contemporáneos sin perder el equilibrio.

También hay que hacer hueco a los tacos de bacalao (16 €), servidos en dos piezas con lechuga Boston, miso dulce, alioli de habanero, yuzu, cebollino y cilantro. Aquí la delicadeza del pescado convive con el punto picante del habanero y las notas cítricas del yuzu. El resultado es un bocado fresco, sabroso y con ese mestizaje de culturas que define la personalidad de Li-Onna.

Li-Onna, restaurantes, Madrid, Carmen Lomana
(Foto: Li-Onna)

La barra de sushi merece una atención especial. Entre los bocados que destacan están los nigiris de anguila con foie, una combinación especialmente golosa en la que los matices tostados y la untuosidad adquieren protagonismo. Los nigiris de lubina ofrecen un registro más delicado, mientras que los de wagyu son una invitación a disfrutar de una carne excepcional en un formato mínimo, donde cada ingrediente cuenta.

En el apartado de los rolls, las opciones son de esas que hacen difícil elegir solo una. El Li-Onna Roll (24 €) combina anguila, salmón, langostino, cangrejo, aguacate, alioli de chile de árbol, salsa agridulce y cilantro. Un bocado generoso, con diferentes texturas y un juego de sabores que alterna dulzor, frescura y un toque picante.

El Gogo Roll (24 €), por su parte, apuesta por el O-toro, el kanikama, el alioli de ajo, los espárragos en tempura, el aguacate, el queso crema, la salsa de soja dulce y el crujiente de tempura. Es una combinación contundente, cremosa y crujiente, ideal para quienes disfrutan de un sushi con personalidad y sin miedo a mezclar ingredientes.

Li-Onna, restaurantes, Madrid, Carmen Lomana
(Foto: Li-Onna)

El wagyu merece capítulo propio. En Li-Onna no se limita a una elaboración estrella, sino que recorre buena parte de la carta. Su versión más exclusiva es el Wagyu A5 de Kagoshima, servido en un corte de 100 gramos para apreciar la infiltración de grasa, la textura sedosa y la intensidad de esta apreciada carne japonesa. También aparece en gyozas rellenas de carne, cebollino y jengibre, acompañadas de salsa ponzu, así como en nigiris y rolls.

Para quienes prefieren una interpretación más informal, la Li-Onna Wagyu Burger reúne esta carne con queso gouda, tocino crujiente, cebolla asada y alioli de wasabi. Una hamburguesa que lleva el producto prémium a un terreno más desenfadado, sin renunciar al contraste de sabores.

Y como ninguna velada está completa sin un final dulce, los mochis son una buena opción para terminar con un bocado delicado y diferente. También merece atención la tarta San Ginés, una alternativa golosa para quienes prefieren cerrar la comida por todo lo alto. Antes del postre, conviene echar un vistazo a la carta de cócteles de autor, concebida para acompañar la cocina y prolongar el placer de la sobremesa.

Con un ticket medio orientativo de entre 45 y 60 euros por persona, según los platos y las bebidas elegidos, Li-Onna se sitúa entre las direcciones madrileñas para reservar cuando apetece algo más que una cena convencional. Su atractivo está en esa mezcla de cocina japonesa, guiños mexicanos, producto prémium y una puesta en escena cuidada que convierte cada visita en una experiencia completa.