Los psicólogos dicen que los jubilados que arreglan cualquier objeto en lugar de comprarlo nuevo no son tacaños: recibieron una educación basada en aprovechar los recursos

Psicología

Los psicólogos dicen que los jubilados que arreglan cualquier objeto en lugar de comprarlo nuevo no son tacaños: recibieron una educación basada en aprovechar los recursos

Las distintas generaciones crecieron y se desarrollaron de diferente manera. Por esto los jubilados que arreglan cualquier objeto en lugar de comprarlo nuevo no son tacaños si no que tuvieron una educación distinta desde bien pequeños, basada en aprovechar al máximo los recursos que tenían. Esto hace que las personas mayores tengan autosuficiencia y ellos mismo se reparen muchas cosas de la casa, de su vida o la de otros.

En general, hay situaciones y hábitos que marcaron la vida de las personas mayores. Una de ellas, tener menos poder adquisitivo. Al pasar penurias y problemas económicos, aprovechaban más los recursos naturales. Así en su época no era normal sustituir algo por otra cosa de una forma repentina y cuando fallaba. Se ajustaba, se reparaba, se arreglaba y se cambiaba, aunque fuera una pieza. Han aprendido a vivir con ello y por esto son algo más “manitas” que generaciones posteriores.

Los jubilados que arreglan cualquier objeto en lugar de comprarlo nuevo no son tacaños

Forma de autosuficiencia

Arreglar una persiana, una radio, una silla no siempre es “no querer gastar”; a veces es “sé hacerlo, así que lo hago”. Hay orgullo, experiencia y en cierto modo un poco placer en resolver un problema con las propias manos.

De hecho esta autosuficiencia se emplea como mecanismo de defensa de personas que crecieron sin mucho afecto. Pues los jubilados que ahora reparan cosas crecieron sin mucho afecto es la autosuficiencia extrema. Son personas acostumbradas a resolverlo todo solas, incluso cuando podrían apoyarse en otros.

«Desde fuera suelen parecer fuertes, independientes y muy competentes, pero esa autonomía muchas veces nació de una necesidad temprana de supervivencia emocional», mencionan desde Yahoo Life.

Cuando un niño aprende que pedir ayuda no garantiza apoyo o comprensión, termina desarrollando la idea de que solo puede contar consigo mismo. Con el tiempo, esa estrategia deja de sentirse como una adaptación y se convierte en parte de su identidad.

«Aunque esta capacidad puede resultar útil en muchos ámbitos de la vida, también puede generar aislamiento emocional y dificultad para crear relaciones algo más profundas», comentan los expertos.

Confrontación generacional

Muchos jóvenes no entienden que los jubilados o personas de anteriores generaciones reparen algo que pueden comprar en un clic. Se produce entonces un choque de generaciones importante.

Según la web Psicoafirma, esta confrontación generacional supone asumir al otro como una alteridad. Entender la diferencia entre un adolescente y un adulto, poder comprender e integrar la diferencia entre ambos y lo que entraña por tanto dicha diferencia. Lograr la adquisición de la identidad implica atravesar con éxito el proceso de confrontación generacional.

La dificultad de esta tarea se encuentra en poder entender que alguien diferente no es un enemigo, no es un contrincante, sino que es otro con otras características y otras funciones que no son las de uno. “Inevitablemente se desatan una serie de tensiones que en mayor o menor medida siempre estarán presentes a lo largo de la vida, siendo éste el momento evolutivo más álgido. Esto es la tensión que puede suponer aceptar el límite de uno mismo que no tiene por qué ser el límite del otro, aunque este otro también tenga un límite”, destacan los expertos.

La dificultad de pedir lo que necesitan

Muchas personas que crecieron sin mucho afecto aprendieron a minimizar sus propias necesidades. Se conforman con menos atención, menos cariño o menos apoyo del que realmente desean porque, en algún momento, entendieron que esperar demasiado podía terminar en decepción.

Según la Clínica Hope, este patrón suele mantenerse en la edad adulta y afecta tanto a las relaciones personales como laborales. Suelen ser personas que rara vez expresan lo que sienten o necesitan y que, incluso cuando atraviesan momentos difíciles, prefieren resolverlos en silencio.

Ser tacaño es otra cosa

Ver a un jubilado que repara un objeto no es hacerlo desde el punto de vista tacaño. Pues este adjetivo es distinto. Se atribuye a quien no quiere gastar ni cuando hace falta, incluso si eso perjudica su comodidad o bien su salud.

Pero si una persona como los jubilados que reparan un objeto útil antes de tirarlo lo que hace es evitar un gasto innecesario.

Salir de la versión móvil