Contenido
- 0.1 Las personas con un coeficiente intelectual alto se enfrentan siempre a esta dificultad, según los psicólogos
- 0.2 Si todavía escribes la lista de la compra en un papel y no en el móvil, es por esto: lo dice la psicología
- 0.3 Las personas más inteligentes siempre hacen esta pregunta, según dicen los expertos
- 1 Por qué las personas mayores se vuelven más irritables pasados los 70 años
- 2 Cómo manejar el mal carácter de las personas mayores
- 3 Cuándo solicitar ayuda profesional frente a los episodios de ira en la tercera edad
La vejez no sólo supone la aparición de arrugas y algunos achaques físicos, sino que hay procesos que empiezan a no funcionar del todo bien. Por ejemplo, es frecuente que las personas mayores empiecen a sufrir trastornos del sueño o, incluso, que experimenten cambios de humor repentinos.
Notar que las personas mayores de 70 años desarrollan un mal carácter que jamás habían tenido o episodios de ira desconcierte a los familiares y genera una enorme preocupación. Sin embargo, hay formas de llevar mejor la situación.
Por ello, los especialistas han dejado claro que el deterioro físico y emocional es la base de los cambios en este comportamiento. Para gestionarlos de forma efectiva hay que atacar estos puntos.
Por qué las personas mayores se vuelven más irritables pasados los 70 años
Con el paso de los años, la pérdida de autonomía es uno de los factores que más afecta a los ancianos. Ya no pueden moverse con soltura, se sienten dependientes y esa sensación de inutilidad dispara su frustración.
Ese es uno de los motivos por el que las mayores confiesan sentirse como una carga, lo que deriva en tristeza, enfado e irritabilidad casi constante.
El rechazo a los cambios también influye. Mudarse a casa de un hijo o ingresar en una residencia son situaciones difíciles de asumir, y la respuesta emocional muchas veces es la rabia.
A esto se suma la desconexión con el presente, una especie de bloqueo mental para no sufrir que, sin embargo, estalla en forma de ira acumulada.
Las enfermedades también juegan su papel. Los trastornos cognitivos como la demencia senil o el alzhéimer agravan el problema. Estos deterioros provocan confusión, alucinaciones y delirios que derivan en episodios agresivos.
Si a esto añadimos el dolor físico crónico, la pérdida de seres queridos, o incluso efectos secundarios de medicamentos, el cóctel emocional está servido.
Cómo manejar el mal carácter de las personas mayores
No hay una fórmula mágica para solucionarlo, pero sí hay estrategias que ayudan. Lo primero es evitar situaciones o personas que les generen malestar. La prevención es clave para que no estalle la tormenta.
Si detectas señales de frustración, cambia el foco de atención. Háblales de algo positivo, remueve recuerdos agradables o simplemente escúchales sin discutir.
También es importante no infantilizarles. Aunque hayan perdido capacidades, siguen siendo adultos y necesitan sentirse útiles. Asígnales pequeñas tareas, motívales a aprender cosas nuevas o enséñales a usar la tecnología para reforzar su autoestima.
Cuando surja una discusión, mantén la calma. Mírales a los ojos, asegúrate de que te entienden y evita hablarles con condescendencia.
No trates de imponer tu razón, ya que no tiene ningún sentido; muchas veces la lógica ya no tiene cabida en su percepción. Y sobre todo, no te lo tomes como algo personal. Ellos no te atacan a ti, sino a una realidad que no saben cómo manejar.
Cuándo solicitar ayuda profesional frente a los episodios de ira en la tercera edad
Los problemas de salud mental como la depresión en la tercera edad son difíciles de identificar. Por ello, si los episodios de ira se vuelven frecuentes o violentos, es momento de consultar a un especialista.
Médicos, psiquiatras o psicólogos pueden ofrecer apoyo emocional tanto al anciano como a su entorno. Lo importante es entender que detrás del mal carácter, muchas veces, hay una petición de ayuda encubierta.
En definitiva, comprender las causas de la irritabilidad en mayores de 70 años y saber gestionarla con empatía y paciencia puede marcar la diferencia. Porque detrás de cada enfado hay una historia, y cada historia merece ser escuchada.